Ciencia

Una tumba ayuda a resolver el misterio: hace 5.000 años algo inesperado ocurrió con los habitantes de Europa

Un análisis de ADN antiguo en una tumba de Francia revela que una antigua sociedad desapareció y fue reemplazada por otra.

Las tumbas de piedra o dólmenes eran comunes en el neolítico. Foto: Wikimedia / Jon Sullivan
Las tumbas de piedra o dólmenes eran comunes en el neolítico. Foto: Wikimedia / Jon Sullivan

Hace cinco mil años, Europa atravesó uno de los episodios más drásticos de su historia. Durante el periodo neolítico, cuando las comunidades agrícolas ya se habían consolidado y la población crecía de forma sostenida, ocurrió un quiebre que alteró por completo ese proceso. Diversas regiones registraron una caída abrupta en el número de habitantes, un fenómeno que desconcertaba a los científicos.

Ahora, un estudio de la Universidad de Copenhague aporta nuevas pistas para entender lo sucedido. El análisis de ADN antiguo extraído de una tumba en Francia muestra que ese episodio no solo redujo la comunidad, sino que provocó la desaparición de un grupo humano y su reemplazo por otro completamente distinto.

Un quiebre inesperado en la sociedad

El hallazgo se centra en una tumba megalítica ubicada en Bury, a unos 50 kilómetros al norte de París. Este sepulcro colectivo, conocido como “allée sépulcrale”, albergó los restos de cientos de personas enterradas en dos fases claramente diferenciadas. Entre ambas existe un vacío de varios siglos sin actividad funeraria, que coincide con el periodo del llamado declive neolítico.

Las tumbas de galería eran comunes en toda la Europa neolítica. Esta imagen muestra una situada en Bretaña, al noroeste de Francia. Foto: Ludovic Debono/iStock

Las tumbas de galería eran comunes en toda la Europa neolítica. Esta imagen muestra una situada en Bretaña, al noroeste de Francia. Foto: Ludovic Debono/iStock

El equipo científico logró secuenciar el genoma de 132 individuos procedentes de ambas etapas. Los resultados revelan que las personas enterradas antes y después del colapso no comparten vínculos genéticos.

“Observamos una ruptura clara entre las dos fases. Se trata de poblaciones completamente diferentes”, explicó el genetista Frederik Seersholm. Esto indica que la crisis no fue un simple descenso demográfico, sino un cambio profundo en la composición humana de la región.

Enfermedades, hambre y crisis

Los restos analizados también ofrecen pistas sobre las condiciones que precedieron al colapso. En la primera fase de enterramientos, fechada entre 3200 y 3100 a. C., se detectó una alta proporción de individuos jóvenes fallecidos. Esto no corresponde a una población estable, lo que apunta a una situación de estrés extremo.

Diagrama que ilustra la disposición de la tumba de Bury y las dos fases del entierro. Foto: Seershom/ Nature

Diagrama que ilustra la disposición de la tumba de Bury y las dos fases del entierro. Foto: Seershom/ Nature

Además, los investigadores identificaron ADN de bacterias patógenas como Yersinia pestis, asociada siglos después a la peste negra, y Borrelia recurrentis, responsable de fiebre recurrente transmitida por piojos. El genetista Martin Sikora señala que estas evidencias confirman la presencia de enfermedades infecciosas, aunque no bastan para atribuir la caída a una sola causa.

"Si bien no existen pruebas contundentes para afirmar que la peste por sí sola causó el colapso de la población, la carga total de la enfermedad podría haber sido uno de los varios factores que contribuyeron a ello”, dijo la experta.

A estos factores se suman indicios ambientales. Registros de la época muestran la expansión de bosques sobre antiguas tierras agrícolas, un fenómeno que suele asociarse con la disminución de la actividad humana. En conjunto, los datos apuntan a una combinación de crisis sanitarias, escasez de recursos y posibles conflictos.

Un cambio de grupo humano

Tras el periodo de crisis, la tumba vuelve a utilizarse, pero con un cambio notable. Los individuos de la segunda fase presentan afinidades genéticas con poblaciones del sur de Francia y la península ibérica. Este dato indica la llegada de nuevos grupos que ocuparon territorios previamente habitados.

El análisis de parentesco también revela diferencias significativas. Antes del declive, los enterrados mantenían vínculos familiares estrechos, lo que sugiere comunidades cohesionadas. Después, las relaciones son más distantes y dispersas en el tiempo, un indicio de una población más reducida y menos estructurada.

Los científicos sostienen que este proceso refleja un reemplazo tras una etapa de fuerte presión demográfica. Aunque no existe una causa única confirmada, la evidencia respalda la hipótesis de un “colapso multifactorial” que alteró el curso de la historia europea hace cinco mil años.

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