Un ave desaparecida durante siglos por la pérdida de su hábitat ha vuelto gracias al esfuerzo de los conservacionistas
Este animal regresa a los cielos gracias a un proyecto de reintroducción, que liberó ejemplares criados en cautiverio, estableciendo nuevas colonias y microhábitats.
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Durante siglos, la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) dejó de anidar en el Reino Unido, víctima de la pérdida de hábitats naturales y la caza indiscriminada. Sin embargo, un ambicioso programa de reintroducción ha logrado que esta emblemática especie vuelva a surcar los cielos británicos, con resultados alentadores para la biodiversidad del país.
El proyecto, iniciado en 2016, ha conseguido no solo establecer nuevas colonias reproductoras, sino también evidenciar los beneficios ecológicos colaterales que trae consigo la recuperación de una especie carismática. Con el apoyo de instituciones como el Cotswold Wildlife Park y el zoológico de Varsovia, esta iniciativa ha empezado a generar un efecto en cadena que podría transformar parte del paisaje del sur de Inglaterra.

El proyecto ha creado colonias salvajes que producen docenas de polluelos de cigüeña cada año. Foto: Knepp Wildlife Foundation
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El proyecto para reintroducir a la cigüeña blanca
La reintroducción de la cigüeña blanca en Reino Unido se gestó en Knepp Estate, una finca ubicada en West Sussex que desde el año 2000 desarrolla un modelo pionero de "rewilding". En este lugar, antiguas tierras de cultivo se han transformado en un ecosistema dinámico gracias al libre pastoreo de ganado longhorn, ciervos y cerdos, lo que ha permitido la regeneración natural del suelo y la aparición de hábitats mixtos.

El proyecto logró un récord de eclosión de polluelos de cigüeña. Foto: Knepp Wildlife Foundation
Desde 2016, los conservacionistas han liberado cigüeñas criadas en cautiverio en esta finca, algunas procedentes de aves no voladoras del zoológico de Varsovia. Según Laura Vaughan-Hirsch, oficial del Proyecto Cigüeña Blanca, las aves han encontrado en Knepp el entorno perfecto: bosques, pastizales, zonas húmedas y una gran riqueza de insectos. “Si se arregla el hábitat, los suelos, los insectos, los sistemas de agua saludables, las cigüeñas eventualmente vendrán”, dijo.
Además de Knepp, otras áreas como Wadhurst Park en East Sussex participan en el programa. Las aves no voladoras establecen los primeros nidos en tierra firme dentro de recintos protegidos, actuando como polo de atracción para ejemplares migratorios, que en su mayoría provienen del continente europeo.
Los primeros polluelos
Durante el 2020, cuando nacieron los primeros polluelos en árboles dentro del entorno de Knepp. Fue la primera vez en varios siglos que cigüeñas blancas criaban de forma natural en suelo británico. Tres años después, en 2023, aves no voladoras también lograron sacar adelante crías en nidos construidos en el suelo, dentro de zonas protegidas contra depredadores.
Este 2025, el equipo espera la llegada de aproximadamente 40 nuevos polluelos, entre ellos algunos descendientes de cigüeñas que han completado exitosamente su migración anual a África y han regresado para anidar. Un caso destacado es el de una hembra nacida en Knepp que ha vuelto para ocupar el mismo árbol que sus progenitores, incluso robando material de su antiguo nido.
Durante el periodo de cría, cada polluelo puede consumir hasta 35 kilos de insectos, lombrices y pequeños peces, lo que convierte a esta ave en un indicador de salud ambiental. En Knepp, los ejemplares son suplementados con trozos de pescado para asegurar su nutrición, especialmente aquellos nacidos en los nidos a ras del suelo.
Resultados ecológicos inesperados
Más allá del éxito reproductivo, los científicos han identificado efectos secundarios sorprendentes en el ecosistema. Los nidos de cigüeña, que pueden pesar hasta una tonelada, se han convertido en microhábitats para otras especies. En ellos se han observado aves como reyezuelos, gorriones comunes, tórtolas turcas y, por primera vez, carboneros comunes anidando en su interior.
Isabella Tree, propietaria de Knepp Estate, subraya que este fenómeno evidencia cómo incluso especies no consideradas clave pueden ejercer un impacto significativo sobre su entorno. “Pensamos que sabíamos el efecto que tendría la cigüeña en el paisaje, pero al estar tan degradado, solo podíamos comprobarlo a través de la experiencia”, explicó.
El retorno de la cigüeña también ha fortalecido la conexión de las comunidades locales con la naturaleza. Su imponente figura y su presencia visible han servido como símbolo de restauración ecológica y recuperación cultural, despertando interés en nuevas zonas como Cornwall y Devon, donde ya se están impulsando proyectos similares.





















