Descubren qué fue lo que separó a Sudamérica y África: aún se encuentra bajo el océano Atlántico
La investigación indica que la ruptura entre los continentes no solo fue tectónica, sino que también incluyó erupciones volcánicas masivas que liberaron más de millones de kilómetros cúbicos de magma.
- Misión Artemis II EN VIVO: sigue la transmisión de la NASA y el minuto a minuto del regreso del hombre a la Luna
- Hallazgo sorprendente reescribe la historia de un fósil de 247 millones de años descubierto en 1952

Hace aproximadamente 135 millones de años, tuvo lugar la separación entre África y Sudamérica, considerada una de las divisiones geológicas más significativas. Un estudio reciente liderado por el geólogo Mohamed Mansour Abdelmalak, de la Universidad de Oslo, ha logrado determinar con mayor exactitud las causas de esta fragmentación continental. La respuesta se encuentra en el lecho marino del Atlántico Sur, donde aún se conservan restos de este acontecimiento monumental.
El trabajo científico, que analiza datos geológicos de África, Sudamérica y del lecho marino del océano Atlántico, demuestra que la separación no solo fue un proceso tectónico, sino que también implicó gigantescas erupciones volcánicas masivas. Estas liberaron más de 16 millones de kilómetros cúbicos de magma, formando espesas capas de rocas volcánicas que hoy aún se encuentran en países como Angola y Namibia, con espesores que superan el kilómetro.

Inventario mundial de márgenes riftados y grandes provincias ígneas. Foto: Science
PUEDES VER: Investigación científica revela que las pirámides de Egipto no fueron mausoleos únicamente para faraones

¿Cómo se separaron Sudamérica y África?
La ruptura entre los dos continentes ocurrió durante el Cretácico Inferior, en un proceso que transformó el supercontinente Pangea en las masas continentales actuales. Según los investigadores, el momento más intenso de actividad volcánica se produjo hace aproximadamente 134,5 millones de años. Este episodio marcó el punto de inflexión en la separación continental entre África y Sudamérica, generando un inmenso flujo de magma que aún persiste en forma de rocas volcánicas, expandió el fondo oceánico y dio forma al océano Atlántico tal como lo conocemos.

Mapa estructural simplificado del Atlántico Sur que representa sus principales segmentos delimitados por zonas de fractura. Foto: Science
Estas erupciones formaron vastas provincias ígneas en ambos continentes, como resultado de una actividad volcánica inusualmente intensa. Esta fase de vulcanismo del Cretácico dejó rastros claros en la geología histórica de la región, modificando la tectónica de placas y empujando gradualmente los continentes hacia su ubicación actual.
La posible influencia de una anomalía debajo de Pangea
La investigación también apunta a la presencia de una anomalía térmica bajo lo que era el sur de Pangea. Esta región habría sido impactada por una pluma del manto: una columna ascendente de roca extremadamente caliente que perfora la litosfera desde el interior del planeta. Aunque la hipótesis aún genera debate, Abdelmalak afirma que los datos sugieren que dicha pluma pudo haber iniciado el adelgazamiento de la corteza y, por tanto, favorecido la separación continental.
Como referencia moderna, los científicos destacan el punto caliente de Islandia, donde la dorsal mesoatlántica emerge sobre tierra firme debido a una columna del manto activa. Este fenómeno actual permite entender con mayor claridad cómo funcionaron procesos similares en el pasado profundo de la Tierra.
Impacto en el clima y la biodiversidad del Cretácico
Las consecuencias de este evento geológico no se limitaron a la configuración física del planeta. Las emisiones masivas de gases de efecto invernadero durante las erupciones pudieron haber alterado la atmósfera, aunque sorprendentemente, en lugar de provocar un calentamiento global, el planeta experimentó un enfriamiento temporal.
Esto se debería a la meteorización rápida de las rocas volcánicas, un proceso químico que extrae dióxido de carbono del aire. Además, el período coincide con registros de extinciones masivas y cambios abruptos en los ecosistemas, lo que refuerza la teoría del fuerte impacto climático de este fenómeno.






















