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Las noches de los fines de semana, principalmente en espacios públicos abiertos, como el Paseo de los Héroes y la Avenida de la Peruanidad, vemos a cientos de personas ensayando algún baile. Los sonidos, para el caminante de ocasión, son inidentificables. Desde K-pop hasta salsa dura; y claro, en esa mezcla de melodías, se perciben ritmos vernaculares.
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No es una impresión reciente; esta es una actividad que lleva décadas. Muchos lo hacen porque quieren mejorar su performance dentro de una pista de baile. A saber, bajo la guía de un profesor, somos testigos de los movimientos cimbreantes de la salsa dura. Estas performances al aire libre incluso han llegado a sustituir a los gimnasios. Otros, aparte de hacerlo por los motivos ya expuestos, pertenecen a grupos de baile con los que concursan, casi siempre los fines de semana. La hegemonía en esta dinámica se la llevan, y desde hace buen rato, los conjuntos de bailes tradicionales, como el huayno, la morenada, la diablada, el caporal y la marinera, entre los más conocidos.
Pero, así como cientos de personas se reúnen para ensayar al aire libre, otras lo hacen en locales, no porque sea mejor hacerlo así, sino porque de esta manera se evitan las interrupciones de las autoridades ante la “ocupación” del espacio público. Ese es el recurrente problema que tienen, pero igual le ponen onda porque esas interrupciones son parte de la dinámica.
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En estos días de enero, los intérpretes de danzas vernáculas son los que más interés le están poniendo a los ensayos. No hay duda de que la celebración de la Virgen de la Candelaria es la motivación. Tengamos en cuenta que esta celebración no solo es local; es del mismo modo mundial en el ámbito del imaginario católico, el cual ha encontrado en cada país matices distintivos. Es decir, cada celebración por país exhibe una peculiaridad; es dueña de una personalidad que llega a su punto más alto cada 2 de febrero, el día central de la festividad de la Virgen de la Candelaria.
Cuando se habla de la Virgen de la Candelaria en Perú, nos referimos a Puno. A ello, hay que consignar que la festividad peruana es la que alcanza su mayor expresión cultural. No por nada ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco.
La Virgen de la Candelaria y Puno conforman un lazo que no admite discusión. Lo es así desde el siglo XVI con la evangelización española, pero es a partir de 1871 que adquiere otro despliegue a razón del cerco de Puno durante la rebelión de Túpac Catari contra los españoles. La protección de la ciudad se debió a la Virgen de la Candelaria y desde ese momento la fe se manifiesta con festividad. En el Altiplano, como se sabe, la memoria es musical.
La festividad está reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco. Foto: Difusión.
La Virgen de la Candelaria ya rompió fuegos para su edición 2026. El pasado viernes 16 arrancó su programa de actividades. Una mirada al mismo hace levantar la ceja hasta al más incrédulo. Veamos: entre el 31 de enero y el 10 de febrero, se van a presentar 239 conjuntos de baile. Es un número que no deja de impresionar en su normalidad. Miles de danzantes y músicos desfilarán por las principales calles de Puno. Para tener una idea de lo que significa esta festividad, La República conversó con Lilian Gamarra, coordinadora del bloque Lima de la Asociación de Arte y Folklore Caporales San Juan Bautista de Puno.
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“Somos muchos los grupos que desde hace más de 20 años bailamos en la Virgen de la Candelaria. En cuanto a nosotros, tenemos sedes en varias ciudades, como Arequipa, Cusco, Huancayo y Lima. Lo que me sorprende es que el bloque Lima es el que tiene más integrantes, incluso más que Puno. En Lima somos aproximadamente 300. Son muchísimas las personas que participan en la festividad de La Virgen de la Candelaria y lo hacemos por devoción y por fe”, dice Lilian Gamarra.
La Asociación San Juan Bautista nace del colegio homónimo de Puno, que es un centro emblemático de más de 50 años. No es la única asociación existente, se entiende, pero su filial Lima lleva 15 años de actividad ininterrumpida.
Otro recorrido por los ensayos al aire libre nos ofrece una impresión más precisa. De las muchas danzas que se ensayan, la mayoría está relacionada con la Virgen de la Candelaria. ¿Qué despierta tanta pasión? Al respecto, Lilian Gamarra indica que “se debe a que hay muchos migrantes en Lima. Incluso te puedo decir que la pasión es más grande en los limeños; si hablamos de un boom de la diablada, la morenada, los caporales, la llamerada, los sicuris, este viene de Lima. Hasta hay grupos de baile conformados exclusivamente por mujeres. La competencia interna es, además, muy fuerte. Muchos quieren salir en la primera fila de sus conjuntos, pero para hacerlo deben tener un alto puntaje. Salir en primera fila es un reto para muchos”. ¿Pero es suficiente el espíritu competitivo?, es la pregunta que se desprende de lo dicho por Gamarra.
Paloma y Edgar Fuentes Herrera, y Lilian Gamarra, de la filial Lima de Asociación de Arte y Folklore Caporales San Juan Bautista de Puno. Foto: Difusión.
“Detrás de cada persona que baila para la Virgen de la Candelaria hay una promesa. Lo normal es bailar tres años, pero hay personas que llevan más de 20 años haciéndolo. Bailar caporales, por ejemplo, exige un gran despliegue físico. En los últimos años, vemos la presencia de jóvenes de 18 y 20 años. Igualmente, hay familias enteras que lo bailan. Hay una reafirmación alegre de la identidad en todos los conjuntos. Ya no vemos esa vergüenza de antes, porque la había, sino un orgullo de hacerlo”, precisa Lilian Gamarra.
“Ya no hay los tabúes de antes, y debo decir que son los chicos de la generación Z quienes más bailan. Los vemos danzando caporales, tuntuna y morenada. Todos los que bailamos para la Virgen de la Candelaria lo hacemos porque algo ella ha hecho en nuestras vidas. A algunos les ha dado trabajo, a otros les ha ayudado con problemas de salud, muchas familias separadas se han vuelto a unir por la Virgen de la Candelaria y a muchos otros les ha ayudado a cambiar personalmente, por ejemplo. Existe en nosotros una mística que nos impulsa a dar lo mejor cuando bailamos, sin importar las circunstancias. Hemos bailado con sol, bajo la lluvia; esa adrenalina nace de nuestra fe y devoción por la Virgen de la Candelaria y lo hacemos con alegría. La devoción que se tiene por la Virgen de la Candelaria es muy parecida a la que se tiene por el Señor de los Milagros”. He ahí el detalle de este auge que, desde hace buen rato, no pasa desapercibido.

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