
Puno. Esta semana el enarbolamiento de la wiphala, bandera emblemática de los pueblos indígenas, ha avivado expresiones de racismo entre quienes la rechazan y la consideran el emblema de los pueblos andinos.
En Tacna, por ejemplo, una mujer al finalizar una marcha a favor del respeto a la procesión de la bandera, pisoteó una Wiphala que fue llevada al lugar por personas contrarias a ese grupo.
En Bolivia, en 2019, tras la renuncia de Evo Morales, a la presidencia de su país, cientos de bolivianos salieron a protestar saludando la decisión de Morales y en varios puntos del país del altiplano quemaron y pisotearon la wiphala, la cual estaba muy relacionada con el Movimiento al Socialismo (MAS), partido de Evo Morales.
La quema del emblema desató una ola de protestas que calificaron el acto de racista. Los detractores tuvieron que pedir disculpas por la actitud de sus partidarios tras días de manifestaciones en el país del altiplano. Las heridas aún no se cerraron.
Según el antropólogo puneño Milton Medina, la Wiphala es una bandera de los pueblos del Tahuantinsuyo, el cual simboliza dos valores fundamentales de las culturas andinas, las cuales son el Pachakama, que se refiere al universo y la Pachamama, que guarda relación con la Madre Tierra. Ambos se enlazan en los valores de la solidaridad, la hermandad y la comunidad.
La bandera está compuesta por una superficie cuadrangular dividida en 49 cuadros, coloreados diagonalmente con los colores del arcoíris y cada color tiene una significación en alusión a los antepasados que dominaron cada cultura.
“Eso hace que sea un símbolo de las tradiciones y costumbres, de las alegrías y las penas compartidas. Por eso es el reflejo de la unión entre los pueblos”, precisó el especialista,
El color azul está estrechamente vinculado a la fuerza cósmica; el amarillo con principios morales y valores de solidaridad; el blanco con espiritualidad y crecimiento moral en defensa de los ancestros; el naranja con la unión y preservación de la especie; el rojo con la fuerza y lucha por el planeta: el verde con la economía, ligada a la tierra y el territorio; y el violeta con organización política de los pueblos en base al comunitarismo.
El sociólogo puneño Arturo Chire señala que la wiphala en el altiplano tiene gran arraigo e importancia al punto que el solo enarbolamiento supone el llamamiento de la unidad bajo los criterios de solidaridad y unidad entre los pueblos.
“Eso explica porque en el aimarazo (2011), la bandera estaba delante de las protestas. Era una forma de convocar a los demás aimaras para que se sumen a la protesta. Y esa unidad supone muchas cosas. Supone en huelga compartir el fiambre, solidarizarse entre todos. Por eso cuando alguien lo pisotea es una ofensa al pueblo indígena andino. Se percibe la discriminación”, aseguró.
Son más de 400 años desde entonces que dicho símbolo sigue siendo motivo de controversia entre quienes están más identificados con sus tradiciones y los que soslayan el pasado cultural del país y están sujetados a una perspectiva más citadina y occidentalizada.





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