
Rosalía Arteaga llega con pocos minutos de retraso a la sala del hotel en el que la esperamos. La ha demorado una junta virtual de la fundación por la educación que dirige. Por la tarde, en la Feria del Libro, dará una conferencia en defensa de la lectura en voz alta, algo que parece un anacronismo, pero que ella defiende con entusiasmo. Al día siguiente volará a Taiwán, para “hablar de temas de paz”. Y su agenda seguirá así de nutrida. Sus hijos le dicen que pare ya. Pero la expresidenta de Ecuador, de 69 años, no tiene intención de hacerlo. Antes que el servicio público y la defensa del medio ambiente, encargos que mantiene vigentes, su gran vocación es la curiosidad.
Si nos dejamos llevar por cómo la han presentado en esta feria, uno diría que usted es una abogada y una poeta, pero en realidad es también la primera presidenta mujer del Ecuador.
Así es.
¿Le molesta que ese dato no se destaque?
No, estoy tranquila, porque es parte de mi vida. Yo digo que la vida está compuesta de facetas y es como un prisma, todo depende del lugar desde el que se mira, o el momento, o las circunstancias. Entonces, ahora vengo aquí más como escritora, pero hay momentos en que estoy más como abogada, o como persona preocupada por la política social, y como lo que he hecho toda mi vida, ser educadora.
Tengo mucha curiosidad por su presidencia. Duró poco, y entiendo que fue por una conspiración del Congreso. ¿Qué es lo más apremiante que recuerda de esa época?
Bueno, yo creo que el machismo. Porque estamos hablando de hace casi 30 años. El próximo año serán 30 años.
Claro, su presidencia fue en 1997.
Sí, y en esa época no existían leyes de cuotas, ni siquiera se podía pensar o imaginar que iba a darse la paridad como actualmente existe en el Ecuador, en que obligatoriamente, si el candidato a presidente es hombre, la candidata a vicepresidenta tiene que ser mujer, y viceversa. Entiendo que no es un requisito aquí en el Perú, pero en el Ecuador sí lo es. Entonces, ya siempre habrá al menos vicepresidentas. Pero en mi caso fue más bien excepcional, y antes me tocó ser también la primera mujer ministra de Educación del Ecuador.
Es verdad, es una pionera en muchos sentidos.
Me tocó, y también fui la primera en la OTCA, en la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, con el voto del Perú.
¿Y es verdad que hubo tanta mezquindad contra usted que demoraron 21 años en poner su retrato en el Palacio de Carondelet, como presidenta?
Es verdad, sí. Y lo curioso es que no fue por una decisión graciosa del gobierno de turno, sino por una insistencia de las mujeres, sobre todo lideradas por las mujeres de Guayaquil, que exigieron que el retrato esté colocado allí, como lo está hasta los actuales momentos, pero tuvieron que pasar más de 20 años.
Me estaba contando que usted asumió la presidencia cuando cayó el gobierno del señor (Abdalá) Bucaram.
Así es.
Pero antes usted ya había sido ministra de su antecesor, el señor Sixto Durán.
Sí, aunque había empezado como viceministra de Cultura. Y antes había tenido una participación en mi ciudad, yo soy de Cuenca, del sur del Ecuador, y allí fui concejal. Allí empecé.
Tengo otra curiosidad. Usted escribió un libro sobre la guerra del Cenepa.
Sí.
¿Era testimonial el libro? ¿Usted estuvo de alguna manera cerca del escenario de la guerra?
A ver, como mujeres organizamos eventos por la paz. Y fue muy interesante, porque yo había salido recién del Ministerio de Educación y lideramos un proceso junto con otras mujeres ecuatorianas buscando la paz. Fuimos en un avión que nos prestaron de las Fuerzas Armadas a la zona del conflicto. Y hablé con los diferentes personajes del conflicto militar.
¿Y al final, cuando acabó todo, sintió que la resolución del conflicto fue la más justa?
Qué difícil pregunta me pone. Bueno, yo soy ecuatoriana y por supuesto defiendo las tesis de mi país. Creo que no fue tan satisfactorio como habríamos podido pensar desde el punto de vista territorial. Pero desde el punto de vista de hermandad de los pueblos, de la paz, del comercio que se fortaleció, yo creo que ha sido muy positivo.
Bueno, en el Perú también hay muchas voces que hoy mismo no están de acuerdo con la resolución final.
Claro, lo entiendo. Mire, yo empecé a los 17 años como profesora, en un colegio en el que me gradué. Y durante varios años fui profesora de Historia de Límites. Imagínese usted, no solamente Historia del Ecuador, o Historia Universal que me tocaba dar, sino Historia de Límites. Y cada vez que yo empezaba las clases decía: “Vamos a ver esta historia de lágrimas del Ecuador”. (Se ríe)
¿Y hoy tiene que ver con la vida política de su país o solamente es una observadora crítica?
No, yo hago crítica, por supuesto. Escribo todavía para varios periódicos en el Ecuador. Publico dos revistas, no políticas, una de educación y otra de temas ambientales. Yo soy periodista de carrera.
Se graduó en Brasil.
Estudié en Brasil, pero Antropología. Entonces tengo una mezcla de Derecho, Comunicación, Antropología. Y hasta ahora sigo estudiando, porque estudio francés en Duolingo.
Es una experiencia renacentista la suya, se alimenta de muchas cosas.
Sí, la verdad que sí. Y también estoy construyendo un museo en la ciudad de Quito, en el Centro Histórico, porque creo que hay que recuperar ese lugar maravilloso que tenemos.
¿Y le alcanza el tiempo para todo?
Trato de que sí. Soy parte de algunas iniciativas. Me alegro de haber sido parte del directorio de la Biblioteca de Alejandría, en Egipto, o de haber sido miembro del Consejo Editorial de la Enciclopedia Británica, la única persona de América Latina que ha estado metida en ese lugar. Me ha tocado esa suerte y yo trato de servir en diferentes frentes, porque yo creo que hay una vocación de servicio, pero también soy muy curiosa.
Hablemos un poco de la actualidad del Ecuador. Desde fuera nos acostumbramos a pensar que el Ecuador era un país complejo en el que las manifestaciones indígenas podían traerse abajo un gobierno, como ocurrió en tres ocasiones. Pero actualmente lo que vemos es una violencia muy intensa, desatada por grupos que están fuera de la ley. ¿Por qué pasó eso?
Es que Ecuador no es la excepción. Y yo creo que toda América Latina, incluyendo el Perú, está bajo el ataque del crimen organizado. Esa es una realidad. Ecuador hasta hace no mucho era considerada una especie de isla de paz en ese sentido, no había esa violencia estructural de bandas criminales, pero ahora existe. Y esas bandas criminales dependen o del cartel de Sinaloa o de Jalisco, o hay grupos, inclusive, de los países eslavos o africanos. Entonces, a mí lo que me preocupa es que hablamos de crimen organizado y los gobiernos no somos capaces de organizarnos para combatir al crimen. Yo creo que ya es hora de empezar y esa debería ser una de las tareas fundamentales, por ejemplo, de la OEA, de la Organización de Estados Americanos.
¿Esta OEA tan debilitada? ¿Con tan pocos recursos?
Sí, pero no se trata aquí de recursos, sino de capacidad de convocatoria y de comprometer a los líderes. No importa de qué signo político sean para que nos organicemos, porque el crimen sí está organizado. Vean que estamos todo el tiempo hablando de crimen organizado. ¿Qué quiere decir? Que ellos sí se pusieron de acuerdo, los carteles, las bandas criminales que desgraciadamente están acosando a los países. Y Ecuador no es la excepción. Evidentemente estamos sufriendo la mayor ola de violencia que hemos tenido en toda la historia del país. Esto me angustia. Yo dirijo una iniciativa de exministros de educación. Y uno de los temas que analizamos es el de la violencia. Y dentro de eso nos preocupa que el crimen organizado ahora está reclutando no solamente a jóvenes, sino a niños. Niños de 9, 10 años, que son ya sicarios o forman parte de las bandas. Igual que pasa en México, en Colombia, en Perú, en todos los lados. Y uno dice, ¿qué pasa? ¿Esos niños están tan ansiosos de dinero? Yo no creo que sea eso. Es que no han logrado consolidar un sentido de pertenencia. La familia, desestructurada, ya no les da esa base que teníamos antes. La escuela tampoco se lo está dando. Y estas bandas sí.
¿Dice que las bandas criminales le dan sentido de pertenencia a los más jóvenes?
Sí, le dan ese sentido de pertenencia, que no es el dinero.
Es el fracaso del Estado entonces.
Ese es el fracaso enorme del Estado, pero no solo del Estado, sino de la familia. Porque allí la familia tiene un rol fundamental. Entonces, yo digo, ese binomio entre familia y escuela tiene que fortalecerse de alguna forma. Yo creo que es la única forma, a través de la educación, de hacer frente al crimen organizado.
Combatir a la violencia criminal con la educación. Es una propuesta interesante.
Es la única forma, no hay otra, porque usted no puede poner un fusil detrás de cada persona.
Ahora, la violencia en Ecuador alcanza a todos, ha alcanzado a candidatos presidenciales, a periodistas que tienen que hacer su trabajo de investigación a escondidas, a la gente de la calle. ¿A usted la ha tocado de alguna manera?
A ver, directamente no, y en eso debo decir que soy afortunada, pero la he visto de cerca. Como le digo, yo visito escuelas todos los días, y a veces uno oye historias desgarradoras. Nosotros hacemos un trabajo con profesores, desde la Fundación FIDAL, y ellos nos cuentan historias de niños a los que asesinaron a sus padres, o que vieron caer a sus hermanos, cosas así. No, la violencia no ha tocado a mi familia o a mi persona, pero sí la siento en la piel.
Usted también es una defensora del medio ambiente, y para nadie es un secreto que el Ecuador tiene la mayor biodiversidad del planeta. ¿Esta violencia ha afectado de alguna manera a los protectores de parques naturales?
Brutalmente, y también a los espacios de protección. Porque han encontrado los narcotraficantes que una forma adecuada para ellos lavar su dinero es a través de la minería ilegal. Y esto está afectando también al Perú, y a diferentes países. Ecuador es un país muy rico en biodiversidad, pero también en oro, y a mí me preocupa porque, siendo una persona preocupada por el medio ambiente, encuentro que hay muchos ambientalistas que dicen: no a la extracción de minerales. Y esto es absurdo en los tiempos actuales, en que los minerales son tan codiciados, en que el oro ha alcanzado precios récord. Y entonces, descubierto el oro, es como la fiebre del oro en el Antiguo Oeste Americano. O sea, es imposible parar la explotación. Si usted descubrió una veta de oro, no se puede parar. Entonces, yo prefiero que el Estado asuma la responsabilidad, que concesione a empresas responsables a las que puede controlar, a las que puede exigir que cumplan con todo lo ambiental.
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Hablando de conservacionismo, una experiencia que Ecuador tiene es la de Galápagos, donde han conseguido proteger al parque natural de una manera bastante eficiente. ¿Siente que ese modelo debería replicarse en otros lugares del mundo?
Definitivamente. Galápagos es el más importante laboratorio natural que tiene la humanidad, y que fue descrito por Darwin, pero no solamente hablemos de Galápagos, tenemos que hablar del Yasuní en la Amazonía, o tenemos que hablar del Chimborazo, que le sirvió a una personalidad que también estuvo aquí en el Perú, Alexander Von Humboldt, para mí considerada una de las mentes más brillantes que ha tenido la historia de la humanidad. Él, hace 200 años, hablaba de cambio climático. Él desarrolló su teoría del Naturgemälde, que es esta relación entre los diferentes pisos climáticos, y lo hizo con el Chimborazo. Es decir, tomó el Chimborazo como modelo, porque ahí están todos los pisos climáticos, y dijo, bueno: Este es el modelo de relacionamiento entre todos los seres de la naturaleza, vivos y no, las piedras, los elementos geológicos, los pájaros, los animales, en fin. Y Humboldt es el personaje que influencia no solamente a los naturalistas, porque él era un extraordinario naturalista, sino que influencia hasta a los políticos. Ahora, usted me pregunta si se puede transpolar aquello que se hace en las Galápagos. Yo diría que sí, indudablemente sí, y creo que podríamos hacer mucho más. Siempre he dicho que la experiencia de Galápagos deberíamos transformarla en proyecto piloto para todo, en educación, en salud. Si usted lo puede hacer en las islas, lo puede replicar en el resto del país y, por supuesto, en el resto del mundo.
La veo hablando con orgullo de la experiencia de Galápagos.
Bueno, he ido varias veces, la primera lo hice cuando estaba por graduarme, cuando no se hablaba de turismo a Galápagos, fuimos en un barco militar.
Vaya.
Fue en mi época de estudiante, antes de graduarme de bachiller, y estoy hablando de un montonón de años atrás, casi 50 años. Fuimos en un barco de carga, nos pusieron en la sentina del barco, a un grupo de 20 estudiantes, y fue una cosa que ahora no se puede hacer: ir desde Puerto de Guayaquil hasta San Cristóbal, unos tres días de navegación en alta mar, lo que ahora es imposible, porque ahora uno va por avión a Galápagos y allí toma el barco para hacer el recorrido, porque por la contaminación de especies no puede ir un barco directamente desde un puerto continental, tienen que hacer cuarentena.
Hablemos de su relación con la literatura. Alguna vez ha dicho: “Antes que ser Presidenta de la República o tener otro cargo, yo siempre quise ser una escritora”. ¿Por qué? ¿Por qué esa es su principal vocación?
Es la más importante, sí, y a la que le he dedicado menos tiempo. Yo digo que soy una escritora a salto de mata. Bueno, vengo de una familia lectora. Yo estaba siempre rodeada de libros. Mi abuela materna, me acuerdo, era una lectora voraz. Y cuando me preguntaban qué quieres ser, pues yo decía que escritora. Porque me gustaba leer y me gustaba escribir desde pequeña, hacía cuentos y todo. Muchos se perdieron, porque mi mamá era muy ordenada y cuando encontraba papelitos por ahí simplemente los botaba, pero ahí estaba la semilla de algunos libros que después publiqué.
La política y la literatura parecen distantes, casi enemigas, ¿cómo hizo para conciliar ambas vocaciones?
Bueno, en algunos casos yo diría que se complementaron. Por ejemplo, escribí un libro que se llama La Presidenta, el secuestro de una protesta, al calor de lo que me pasó en el 97, para denunciar lo que había ocurrido. Yo digo que, en algunas ocasiones, las situaciones que vivo me compelen a escribir. Ocurrió antes con un libro que se llama Jerónimo, sobre mi hijo con síndrome de Down, y cuando él falleció apenas con diez meses, yo estaba esperando a mi tercera hija. Era una situación tan dolorosa, brutal, que la única forma de hacer catarsis fue escribiendo.
Jerónimo, de hecho, es su libro más conocido
Es el más conocido, ha sido traducido a varias lenguas.
Y entiendo que también es parte del plan lector de las escuelas en Ecuador.
Sí, por sorpresa para mí, porque yo escribí ese libro no pensando ni en niños ni en jóvenes, yo lo escribí pensando en adultos, en padres de familia, y lo escribí -debo ser absolutamente honesta- para desfogar el dolor, y también para darle una voz de esperanza en medio de todo a las mamás y papás de hijos especiales. Pero después, me sorprende cuando lo veo en los planes lectores, en cursos de Literatura o Filosofía. Hay historias lindas con los más jóvenes. Y yo creo que se trata también de inducirlos a aceptar el mundo de la diversidad.
¿Cuándo publicó Jerónimo?
A ver, la primera vez se publicó en el año 92, es un libro antiguo ya.
Pero su camino no ha terminado.
Sí. Sigue siendo el más vendido, a mí me sorprende muchísimo. Y fue publicado por un laboratorio médico. Mi padre es médico, fue el pediatra de Jerónimo. Y yo había escrito el libro ya. Y un día mi papá me llama y me dice: Mira, yo le presté el manuscrito al gerente de un laboratorio médico de Quito. Y él le dijo: Vamos a publicarlo. Y empezó a circular el libro, de manera gratuita, y los visitadores médicos lo llevaban en su maletín junto con las muestras.
Así que el libro empezó a leerse primero en los consultorios.
Sí, y los pediatras se lo regalaban a los papás de niños especiales. Así empezó y ha tenido un camino largo.
Lo que la ha traído a esta feria es Rosa Carmín, un poemario que reivindica a 42 mujeres del Ecuador y de América Latina. Digamos que usted ha extraído a estas heroínas de los libros de historia y las ha transformado en literatura.
Yo diría que son poemas históricos. No es tan común. Y no es el único libro de este tipo que estoy poniendo sobre el tapete. Hay otro que todavía no publico, que lo estoy puliendo, que se llama Ciudades Perdidas. Acá recupero complejos como Machu Picchu, o como Mohenjo-Daro en la India. Yo primero estudio la ciudad, o estudio al personaje. Busco diferentes fuentes de información, como una historiadora. Pero en lugar de escribir un capítulo, escribo un poema. Y los poemas son ajustados a la realidad. Entonces, yo hablo de Manuela Sáenz, o hablo de Santa Rosa de Lima, y lo que hago es su historia en forma de poesía.





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