
Usted dice en su libro que las organizaciones criminales que se dedican a la extorsión ejercen control territorial en algunas partes del país. Si esto es así, ¿hoy mismo hay candidatos que tienen que coordinar con esas bandas para hacer su campaña electoral?
Por supuesto. No solo hoy mismo, ya hace varios años. En el Perú, de pronto no en Lima Metropolitana, pero en el país hay zonas donde los políticos tienen que coordinar para hacer campaña y donde los mismos actores criminales han postulado. O personas que han tenido antecedentes por extorsión, por marcaje, son o han sido candidatos. No es una cosa nueva esto.
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¿Y hasta qué punto se puede llegar? ¿Una banda criminal puede decidir quién o no hace campaña en un determinado territorio?
Sí. Lo están decidiendo hoy, quién hace campaña o no.
Y esta se da sobre todo en el norte del país.
Sí, en el norte. No, no es a nivel nacional. Para los limeños es nuevo, porque ha pasado lo que pasó con el terrorismo. Una vez que toca Lima, y ahora hay stickers en la avenida Javier Prado y la avenida Arequipa, recién sienten que hay un problema. Pero esto no es nuevo. Igual pasó con el terrorismo. Mientras estuvo en Ayacucho, Lima no se preocupaba mucho.
Ahora, la cifra más gruesa que usted da en el libro es que la extorsión ha crecido en 541% desde el 2021 al 2025. ¿Qué propició ese fenómeno?
Aunque allí hay dos variables. La primera es que esas son las denuncias, que representan solo una parte de lo que hay afuera, porque hay quienes no denuncian. La cifra real, honesta, debe ser muchísimo mayor. Una segunda cosa es que ahora hay cada vez menos raqueteros, cogoteros. Lo que pasa es que también el crimen ha cambiado y la extorsión es la pandemia de la pospandemia. El aumento de la extorsión es post COVID-19. Y eso tiene una explicación lógica: la extorsión se vale del anonimato. ¿Qué cosa quiero decir? De pronto, a una señora que vende caldo de gallina en el mercado le llega un mensaje a su WhatsApp en el que la amenazan. Pero el mensaje que le llega es anónimo y además le envían un número de yape o plin para que ella pague el cupo extorsivo. En todo ese camino, el delincuente no se expone. Luego, seguir a una persona para asaltarla tiene costos de horas hombre. Pero mandar un mensaje extorsivo a siete u ocho personas tiene costos en tiempo mucho más bajos y en eficiencia más altos. ¿Pero por qué puede hacerse eso? Porque la extorsión, gracias a que se ampara en el anonimato que te dan chips que uno puede encontrar como caramelos en Polvos Azules, en San Jacinto, en Las Malvinas, en la Avenida Colonial, en la Avenida Argentina, es fácil. Por eso, una de las variables claves para acabar con esto es controlar este mercado de chips informales.
Entiendo que cada 23 minutos hay al menos una persona en el Perú que recibe un mensaje extorsivo
Son 72 denuncias diarias. Si haces el cálculo, son 3 denuncias cada hora. Pero ojo, de nuevo aquí estamos hablando de los que denuncian. Hay que tener en cuenta que mucha gente no denuncia.
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Quiero volver a los hechos que fortalecen a la extorsión. ¿Cuánto de responsabilidad hay en los gobiernos que hemos tenido?
Ha habido una visión benigna de la lucha contra el crimen, una especie de sobregarantías en la lucha contra este fenómeno y poca comprensión de lo que enfrentamos. Por ejemplo, el presidente Castillo, la presidenta Boluarte, dijeron en sus discursos de 28 de julio que ellos desarticularon en su gobierno 400 organizaciones criminales, 280 organizaciones criminales. Y la pregunta es, si se han desarticulado ese número de organizaciones, cuántas operan todavía en el Perú, porque ese es el dato clave. Otra variable que hay que tener en cuenta es que ahora hay un mayor flujo de armas. Antes, pocos delincuentes tenían armas, pero ahora cualquiera puede conseguirlas.
La extorsión empezó en Trujillo. Su libro dice que inicialmente había bandas que robaban autos y los vendían como autopartes, pero luego el mercado se saturó y tuvieron que cambiar de rubro. Es decir, los criminales también actúan con una lógica empresarial.
Bueno, en el libro digo que ellos se ven a sí mismos como empresarios del crimen. Entonces, ellos lo que hacen es cambiar el giro. En vez de robar, cobran por protección. Dicen: Te cobro para ponerte un sticker y para que nadie se meta contigo. Ese era el modelo. Hoy día, usted es un transportista que le paga a los Injertos del Cono Norte para que le pongan un sticker y lo protejan, pero no lo protegen porque lo extorsiona el otro.
Entiendo también que las organizaciones criminales saben un poco de los ciclos económicos, porque extorsionan a la gente en determinados momentos del año.
Más bien, eso se ve por rubros. Por ejemplo, en el tiempo de la pandemia se dedicaron a extorsionar a las funerarias, por razones obvias. Hay una variable que hay que tener en cuenta. No crea que el actor criminal es neófito o ignorante. No, son personas inteligentes.Y ahora también, por ejemplo, han aumentado los abogados vinculados al crimen, los contadores. Porque si una persona tiene 30 o 40 millones de soles de origen ilícito, necesita revertirlos al sistema. Y ahí hay una participación de actores profesionales y empresas.
Ahora, un debate en esta etapa electoral es la existencia de las leyes pro crimen, que favorecen a este tipo de delitos. Hay quienes dicen que no existen, que son parte de una narrativa política. Y hay otros que dicen que si entran al gobierno las van a derogar. Usted reconoce su existencia en el libro. ¿Cómo las definiría?
No, yo lo que digo es que el debate está mal planteado. Les he puesto pro crimen para que nos entendamos todos comunicativamente. Es difícil, Emilio, coger 10 leyes y ponerlas a todas por igual. Mire, por ejemplo, yo creo que es importantísima la Ley de Extinción de Dominio. Pero la mala aplicación de esa ley ha llevado a esta discusión. Por ejemplo, que le quiten las propiedades a la Jauría, a los Injertos del Cono Norte, a los Malditos de Bayóvar, es lógico, quién va estar en desacuerdo. Pero cómo se explica cuando se usa la extinción de dominio para quitarle el bus a una empresa de transportes. Eso no parece lógico. La extinción de dominio apareció en la legislación italiana para arrebatarle los bienes a la Cosa Nostra. Y debe pensarse en esa clave, no gastar energía quitándole el carro a una empresa. Pero, ¿por todo esto que le digo se debe eliminar la extinción de dominio? No. Entonces, el debate debió hacerse con seriedad.
Debate sí, pero no eliminación de leyes contra la criminalidad. Ese es su punto.
A ver, digamos que yo tengo una varita mágica y con ella se borran las leyes pro-crimen que ya se han dado. ¿Eso quiere decir que acaba el crimen? No, claro que no. Entonces, los que critican ponen demasiada fe en eso. Yo sí creo que muchas de ellas deben eliminarse y cambiarse, estoy de acuerdo. Pero la diferencia entre lo que yo digo y los otros es que hay quienes cogen y empaquetan todo. Ambos bandos empaquetan la discusión y no es empaquetable. Dentro de cada caso, hay muchas cosas que mirar. En realidad, el debate va más allá de este tipo de leyes. Y le voy a explicar el porqué. Tome nota de esta cifra: Del 2020 al 2025 hubo 85 mil denuncias de extorsión en la Policía. Del 2020 al 2025, 82 mil en el Ministerio Público. Del 2020 al 2025 solo hubo 1047 sentencias por extorsión en el Perú. Dentro de esas sentencias están las absolutorias y condenatorias. O sea, lo que comienza en 85 mil solo llega al 1.7. Es decir, hay una impunidad que supera el 98% a nivel nacional para los delitos de extorsión.
Estábamos hablando de la facilidad que tienen las organizaciones criminales para ser anónimas con el uso de herramientas digitales. Estas herramientas también les favorecen para normalizar su presencia en la comunidad. He visto que tienen redes sociales, LinkedIn, transmiten sus crímenes en TikTok.
Yo lo he dicho muchas veces, estamos frente a un crimen mainstream. Es la necesidad de mostrar, de verse, de presentarse, de jactarse. En el libro puedes encontrar que por 100 soles una organización criminal te puede mandar un saludo por tu cumpleaños. Pero aquí hay una lectura importante. ¿Quién está dispuesto a pagar por ese merchandising? Ese es el mundo interno de cada quien. Y el crimen viene tomando y ganando legitimidad en la sociedad.
Claro, un chico puede pedir hoy la polera o la gorra de una organización criminal.
Sí, es el show de la criminalidad, lo mainstream. René Girard, el filósofo francoamericano, decía que los productos culturales pueden hablar de cómo es una sociedad. Y que Hablando Huevadas sea uno de los programas más vistos en el Perú, algo dice de nosotros. Que a la segunda vuelta de las elecciones vayan Pedro Castillo y Keiko Fujimori, algo dice de nosotros. Entonces, no es tan sorprendente lo que pasa. Piense en el éxito de Gerald Oropeza (sentenciado por tráfico de drogas) como tiktoker, Emilio. Si usted y yo nos asociamos, y sacamos una cuenta de TikTok para hablar del crimen, no alcanzamos los likes de Oropeza.
Ahora, ¿cómo ve usted la campaña electoral? ¿Se está discutiendo con seriedad el tema de la extorsión?
Yo creo que vamos a vivir la campaña más violenta de la historia republicana. Por ejemplo, los actores políticos más importantes dan mítines a puerta cerrada, con sus grupos. Ya no van a grandes plazas y no se exponen al público como solía pasar antes. Y yo no creo que se aborde el tema con seriedad. Mucho de lo que se dice son eslóganes, fuegos artificiales que buscan el voto de la gente. Si queremos acabar con la extorsión, ataquemos al mercado de chips. Si queremos acabar con la extorsión, regulemos las billeteras electrónicas que sirven para cobrar el cupo. Si queremos acabar con la extorsión, regulemos y pongamos toda la fuerza en contener los explosivos. Pero es más práctico hacer un eslogan que diga “Pena de muerte”, que no se va a aplicar. O decir, qué sé yo, que vamos a mandar a El Salvador a todos los extorsionadores, o a una isla para que estén ahí, amontonados. Y eso no va a solucionar nada.





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