
La madrugada del 28 de febrero comenzó una de las mayores escaladas bélicas en Oriente Medio en décadas. Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea coordinada contra Irán. Donald Trump defendió la operación afirmando que el objetivo era impedir que la nación persa desarrollara armamentos de destrucción masiva. “Irán nunca tendrá un arma nuclear”, declaró tras el inicio de los ataques.
Tras los primeros bombardeos contra los centros de infraestructura militar y estratégica, Teherán respondió casi de inmediato con una serie de ataques. Uno de los primeros objetivos fue la base aérea Al Udeid, en Catar, considerada la mayor instalación militar estadounidense en Oriente Medio. Misiles iraníes fueron lanzados contra el complejo pocas horas después del inicio de la ofensiva, lo que provocó la activación de sistemas de defensa aérea en Doha.
Otra instalación atacada fue la base aérea Ali Al Salem, en Kuwait, utilizada por fuerzas americanas y aliadas para operaciones aéreas en la región. En paralelo, el régimen islámico también lanzó misiles contra la base aérea Al Dhafra, en los Emiratos Árabes Unidos, una instalación estratégica que ha sido utilizada en misiones en Irak, Siria y Afganistán.
En Bahréin, los misiles iraníes apuntaron contra instalaciones vinculadas a la Quinta Flota de la Marina de Estados Unidos, con sede en Manama. Esta nación del Golfo alberga una de las presencias navales estadounidenses más importantes del Pérsico.
Además, la respuesta también fue contra Israel, incluyendo lanzamientos de misiles hacia ciudades como Tel Aviv y Haifa, en lo que fue descrito por autoridades iraníes como una “operación de represalia” frente a los bombardeos contra su territorio.
Mientras continuaban los ataques, comenzaron a conocerse las primeras cifras de víctimas. Las autoridades informaron de cientos de muertos en distintos puntos del país, incluidos militares, funcionarios y civiles. Desde el inicio de la ofensiva, más de 1.000 personas han muerto, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA).
Uno de los episodios más impactantes ocurrió en la ciudad de Minab, en el sur del país, donde un misil impactó la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh durante el primer día de ataques. Según la Media Luna Roja iraní y autoridades locales, al menos 148 niñas murieron en el bombardeo.
El gobierno iraní calificó el ataque de “masacre” y acusó a las potencias de atacar civiles. La ONU pidió una investigación independiente para esclarecer lo ocurrido. Por su parte, el Pentágono indicó que el incidente estaba siendo revisado y reiteró que sus operaciones no tienen como objetivo instalaciones civiles.
Tenía 86 años y llevaba más de tres décadas en el poder, desde que asumió el cargo en 1989 tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini. Horas antes de la confirmación oficial, Donald Trump anunció públicamente que había muerto durante los ataques. Poco después, la televisión estatal iraní confirmó el fallecimiento y anunció 40 días de duelo nacional.
Su muerte supuso uno de los golpes políticos más fuertes para la República Islámica desde la revolución de 1979, ya que el líder supremo es la máxima autoridad política, religiosa y militar del país, con poder sobre las Fuerzas Armadas, el programa nuclear y las principales decisiones estratégicas del Estado. Ahora, la decisión corresponde a la Asamblea de Expertos, un órgano clerical encargado de elegir a la máxima autoridad religiosa y política del país. Entre los nombres más comentados aparece el de Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido guía.
Según un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), EE. UU. ha gastado al menos US$3.700 millones en las primeras 100 horas de operaciones militares contra Irán, lo que equivale a un promedio cercano a US$900 millones diarios. El informe, publicado el 6 de marzo, señala que los primeros días de una campaña aérea suelen ser los más intensos en términos operativos y financieros.
De acuerdo con el centro de estudios, la gran mayoría de estos gastos no estaba prevista en el presupuesto aprobado por el Congreso estadounidense. Los analistas advierten que, además del costo directo de las operaciones, reponer el inventario de municiones utilizadas podría requerir más de 3.000 millones de dólares adicionales si la campaña militar se prolonga.
Los gobiernos de Rusia y China condenaron la violación de la soberanía y pidieron el cese de las hostilidades. En ese sentido, el presidente de España, Pedro Sánchez, dejó en claro la posición de su país se resume en “no a la guerra”. Además, sostuvo que no actuará movido por presiones externas. “No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y que también es contrario a nuestros valores e intereses, simplemente por el miedo a las represalias de alguno”, sentenció.
El jefe de la Casa Blanca aseguró que la guerra solo terminará si Teherán acepta una “rendición incondicional” y sostuvo que, tras la eventual elección de un nuevo liderazgo, Washington podría trabajar con sus aliados para reconstruir la economía iraní.
La guerra también ha comenzado a extenderse a otros países de Oriente Medio. El impacto humanitario se ha agravado especialmente en Líbano, donde Hezbollah abrió un nuevo frente contra su vecino. Los bombardeos israelíes han dejado al menos 217 muertos y cerca de 800 heridos, según las autoridades libanesas.
Además, el Norwegian Refugee Council estima que alrededor de 300.000 personas han sido desplazadas desde el inicio de los combates. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, advirtió que el país podría enfrentarse a una “catástrofe humanitaria” si la guerra continúa expandiéndose.
Ante este escenario, el secretario general de la ONU, António Guterres, reiteró su llamado urgente a detener la violencia. “Todos los ataques ilegales están causando un sufrimiento enorme a la población civil y suponen un grave riesgo para la economía mundial”, afirmó. También, advirtió que “la situación podría salirse de control” y pidió evitar que el conflicto derive en una guerra regional de mayor escala.





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