
Cientos de militares transgénero enfrentan una difícil decisión: aceptar una bonificación económica para abandonar voluntariamente las Fuerzas Armadas o arriesgarse a una expulsión forzosa bajo la nueva política de la administración Trump.
El plazo para que los miembros activos se identifiquen y se separen voluntariamente terminó este viernes, mientras que para los de la Reserva y la Guardia Nacional vence el 7 de julio.
La directriz, impulsada por el secretario de Defensa Pete Hegseth, afirma que Estados Unidos dejará atrás la “debilidad” y no permitirá “más hombres con vestidos” en el ejército.
La medida formaría parte de la cruzada de Trump contra lo que llama “ideología woke”, en un intento por restaurar una supuesta “ética guerrera”. A partir de la fecha, comienzan los procesos de separación involuntaria a personas transgénero.
Los afectados citan tristeza e impotencia, tras años de servicio. Mientras algunos optan por salir para proteger su estabilidad financiera y familiar, otros han decidido quedarse y resistir. Estas son algunas de las razones para retirarse:
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Los miembros de la Guardia Nacional enfrentan una situación más delicada: podrían ser obligados a presentarse a los entrenamientos en junio usando el uniforme, nombre y baño del género que se les asignó al nacer.
Esto ha generado incomodidad y tensión entre soldados que han sido plenamente aceptados por sus unidades bajo su identidad de género actual. La situación a partir del vencimiento del plazo voluntario es incierta:
Finalmente, un militar lo resume así: “Dicen que quieren un sistema basado en el mérito, pero me están expulsando únicamente por mi género. Entonces el mérito ya no cuenta”.
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