
Cada año, el último domingo de mayo, miles de personas acuden al suroeste de Inglaterra para presenciar o participar en una de las competiciones más insólitas del mundo: una carrera a toda velocidad cuesta abajo tras una rueda de queso Double Gloucester. El evento, celebrado en Cooper’s Hill, en el pueblo de Brockworth, mezcla tradición, caos y un alto riesgo de lesiones.
La dinámica es sencilla en teoría, pero peligrosa en la práctica. Una rueda de queso de tres kilogramos se lanza colina abajo, y los competidores deben perseguirla a lo largo de unos 180 metros. La inclinación del terreno, con tramos de hasta 60 grados, convierte la prueba en un espectáculo de caídas, huesos rotos y desenlaces imprevisibles.
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Aunque no se conoce con certeza el origen exacto de la carrera, registros escritos datan el evento desde al menos 1826. Se especula que podría tener raíces paganas relacionadas con la bendición de las cosechas o prácticas de tonelería. Lo cierto es que los lugareños han defendido esta tradición durante generaciones, convirtiéndola en un símbolo de identidad cultural.
Con la irrupción de internet y las redes sociales, la carrera ha trascendido fronteras. Participantes de países como Estados Unidos, Australia, Egipto o Nueva Zelandia viajan hasta Inglaterra para formar parte del evento. A pesar de esta apertura internacional, los corredores locales siguen dominando la competencia gracias a su conocimiento del terreno.
Uno de ellos es Chris Anderson, exmilitar británico, considerado una leyenda del evento. Desde su primera victoria en 2005, cuando terminó con un tobillo fracturado, ha ganado 23 veces. “Solo hay que dejarse llevar y olvidarse de la seguridad”, declaró a CNN Sports. Anderson cruzó la meta inconsciente en 2007 tras golpearse la cabeza en una caída. Hoy, a los 37 años y tras una lesión de cadera, se encuentra oficialmente retirado, aunque no descarta volver si su hijo decide participar.
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La pendiente de Cooper’s Hill es, según los propios corredores, aterradora. Los primeros diez metros son casi verticales, lo que obliga a los participantes a lanzarse sin freno. “Una vez que empiezas, no hay vuelta atrás”, explicó Anderson. Las imágenes capturadas desde la cima muestran un panorama desolador: cuerpos rodando, extremidades por el aire y rostros desfigurados por el esfuerzo y el miedo.
Las lesiones graves son moneda corriente. Fracturas de tobillo, conmociones cerebrales, huesos dislocados y cortes profundos forman parte del repertorio. En 2023, la canadiense Delaney Irving ganó la categoría femenina tras perder el conocimiento justo antes de cruzar la meta. Flo Early, cuatro veces campeona, conserva una deformidad permanente en su hombro causada por una fractura de clavícula.
La seguridad brilla por su ausencia. El evento no cuenta con seguro, y los carteles colocados en el lugar advierten que se participa bajo responsabilidad propia. En 2013, la policía local incluso amenazó con responsabilizar legalmente a Diana Smart, una mujer de 86 años que produce el queso Double Gloucester utilizado en la carrera.
Lejos de ser un evento profesional, la carrera de la rueda de queso mantiene una estructura informal. No hay organizadores oficiales, y los asistentes locales se encargan de preparar el terreno. La jornada solía comenzar por la tarde, pero el alto consumo de alcohol obligó a adelantar la hora de inicio. “Beber ayuda a armarse de valor, pero si estás borracho y te rompes algo, no te pueden dar mucha medicación”, señaló Anderson, quien prefiere mantenerse lo más sobrio posible.
Las caídas suelen ser espectaculares. Algunos competidores intentan deslizarse de espaldas, mientras otros se lanzan de cabeza. “Lo más peligroso es ir lento y que alguien te atropelle por detrás”, advirtió Anderson, quien ha presenciado fracturas dobles de tobillo en una sola edición.
Más allá del dolor y la desmesura, lo que impulsa a los participantes no es el gusto por el queso. “La verdad, no me gusta. Tiene un regusto bastante fuerte”, confesó el multicampeón. Aun así, esa rueda de Double Gloucester que rueda sin freno cada año, sigue atrayendo a centenares de valientes.





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