El Niño empeoraría el hambre: fenómeno amenaza con agravar la inseguridad alimentaria de millones de peruanos
El 30,5% de la población ya enfrenta el problema de manera moderada o severa. Advierten que pérdidas agrícolas, interrupción de carreteras y alza de precios podrían empeorar el acceso a alimentos, especialmente entre familias pobres y vulnerables.
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El Perú podría enfrentar un nuevo escenario de emergencia climática con una población que ya parte de una situación alimentaria vulnerable. En 2025, el 30,5% de los peruanos presentó inseguridad alimentaria moderada o severa, lo que significa que aproximadamente 3 de cada 10 personas tuvieron dificultades para acceder de manera regular a alimentos suficientes y adecuados.
El riesgo podría incrementarse ante los efectos que genere el Fenómeno El Niño, debido a posibles pérdidas de cultivos, interrupciones en las carreteras que conectan las zonas productoras con los mercados y un eventual incremento en los precios de los alimentos.
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“Estamos hablando de un tercio del país que ya tiene dificultades para garantizar su alimentación antes de enfrentar una nueva emergencia climática. Si El Niño genera pérdidas de cultivos, interrupción de carreteras o incrementos en el precio de los alimentos, esta situación puede agravarse rápidamente. No podemos esperar a que el problema llegue a la mesa de las familias para comenzar a actuar”, señaló Jessica Huamán, coordinadora nacional de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria del Perú.
Pobreza y vulnerabilidad elevan el riesgo
La situación económica también representa un factor de preocupación. En 2025, el 25,7% de la población se encontraba en situación de pobreza monetaria, equivalente a unos 8,8 millones de personas.
A este grupo se suma otro sector que, aunque actualmente no es considerado pobre, podría caer en esa condición ante una emergencia. De acuerdo con Huamán, el 32,8% de la población era considerada no pobre vulnerable, es decir, personas cuyos ingresos les permiten cubrir sus necesidades básicas, pero que tienen una alta posibilidad de caer en pobreza ante una crisis.
“Tenemos más de 11 millones de peruanos que, aunque estadísticamente no son pobres, tienen una economía muy frágil. Un incremento sostenido del precio de los alimentos, la pérdida de una cosecha o la disminución de los ingresos familiares como consecuencia de El Niño puede empujarlos nuevamente hacia la pobreza y deteriorar su alimentación”, explicó.
La especialista remarcó que la inseguridad alimentaria no aparece únicamente cuando una familia cruza la línea de pobreza. Una parte de la población considerada vulnerable ya enfrenta dificultades para garantizar una alimentación adecuada y, por ello, un evento climático podría acelerar ese deterioro.
Agricultura familiar, uno de los sectores más expuestos
Uno de los principales puntos de atención debe ser la agricultura familiar, debido a que las lluvias intensas, inundaciones, sequías y otros eventos climáticos pueden provocar daños en cultivos, animales e infraestructura productiva.
La afectación no solo comprometería los ingresos de miles de pequeños productores. También podría tener consecuencias en el abastecimiento de alimentos de las ciudades y, posteriormente, en los precios que pagan las familias.
“Proteger al pequeño productor también significa proteger la alimentación de las ciudades”, sostuvo Huamán.
Desde la Plataforma por la Seguridad Alimentaria del Perú plantean fortalecer los mecanismos de aseguramiento frente a pérdidas agrícolas, garantizar infraestructura hídrica y sistemas de riego, identificar anticipadamente rutas alternativas de abastecimiento y monitorear de manera permanente la disponibilidad y los precios de los principales alimentos.
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Anemia y desnutrición también preocupan
El eventual impacto de El Niño ocurre, además, en un contexto en el que persisten problemas de nutrición infantil. Según los datos citados por la especialista, la anemia afecta al 34,9% de las niñas y niños de 6 a 35 meses, mientras que la desnutrición crónica alcanza al 12,1% de los menores de cinco años.
Las brechas son mayores en las zonas rurales, donde numerosas familias dependen directamente de las actividades agrícolas y pueden quedar expuestas a inundaciones, sequías, heladas y pérdidas de producción.
Por ello, Huamán considera que la preparación ante el fenómeno climático debería identificar de manera prioritaria los territorios donde coincidan pobreza, vulnerabilidad económica, inseguridad alimentaria, anemia y desnutrición, además de un alto riesgo de afectación por eventos climáticos.
Ollas comunes y comedores deben estar incluidos
Otro punto de preocupación son las ollas comunes y los comedores populares, que podrían convertirse nuevamente en espacios fundamentales para atender a las familias afectadas por una eventual emergencia.
“En cada crisis son las organizaciones comunitarias las que terminan respondiendo primero al hambre. Pero no podemos volver a esperar que sean las mujeres de las ollas comunes y comedores quienes sostengan una emergencia con sus propios recursos”, advirtió Huamán.
La especialista planteó que estas organizaciones cuenten antes de la emergencia con alimentos, agua segura, equipamiento, logística, asistencia técnica y presupuesto suficiente para responder ante una eventual interrupción del abastecimiento.
“El Niño no puede abordarse solamente como una emergencia de infraestructura, ya que también es una amenaza para la alimentación y nutrición de millones de personas. Prevenir significa actuar ahora, antes de que la emergencia llegue a los mercados y a la mesa de las familias”, concluyó























