Ciencia

La bóveda del fin del mundo está escondida en una montaña sobre el círculo polar ártico: oculta 1,4 millones de muestras de semillas y solo se ha abierto debido a una guerra

El recinto fue diseñado para resistir fallos eléctricos, desastres naturales y conflictos, mientras conserva una reserva esencial para la agricultura del futuro.

La Bóveda del fin del mundo es el mayor almacén subterráneo de semillas existente. Foto: Martin Zwick/AFP
La Bóveda del fin del mundo es el mayor almacén subterráneo de semillas existente. Foto: Martin Zwick/AFP

Aproximadamente 1,4 millones de muestras de semillas procedentes de numerosos países se almacenan en la Bóveda Mundial de Semillas de Svalbard, una instalación construida dentro de una montaña del archipiélago noruego, a unos 1.000 kilómetros de la Noruega continental.

La bóveda abrió sus puertas en 2008 con la misión de conservar copias de seguridad de colecciones agrícolas de todo el mundo para protegerlas frente a guerras, desastres naturales y otras amenazas. Hasta ahora, las semillas solo han sido retiradas en tres ocasiones y todas estuvieron relacionadas con la misma institución afectada por la guerra de Siria.

Las semillas se almacenan en muchos lugares del mundo

Los bancos de germoplasma conservan variedades de trigo, cebada, legumbres y otros cultivos, incluidas algunas que ya no se producen de forma habitual. Estas colecciones funcionan como una reserva de diversidad genética que puede resultar fundamental para la agricultura del futuro.

Entrada de la Bóveda de Semillas de Svalbard. Foto: Kerstin Langenberger

Entrada de la Bóveda de Semillas de Svalbard. Foto: Kerstin Langenberger

Sin embargo, estos bancos dependen de instalaciones, sistemas de refrigeración y suministro eléctrico para mantener las semillas en condiciones adecuadas. Una interrupción prolongada puede poner en riesgo colecciones que han sido reunidas durante décadas.

La Bóveda Mundial de Semillas de Svalbard fue concebida precisamente como una copia de seguridad. En lugar de reunir una única colección propia, almacena duplicados de semillas depositados por bancos de germoplasma de diferentes partes del mundo.

¿Por qué la montaña sobre el Círculo Polar Ártico?

La elección de Svalbard respondió principalmente a razones técnicas. Las semillas se conservan a aproximadamente -18 °C mediante sistemas de refrigeración, mientras que el permafrost proporciona una protección adicional frente a posibles fallos de los equipos.

La instalación se encuentra a más de 100 metros dentro de la montaña y está protegida por una considerable masa de roca. En caso de que los sistemas de refrigeración dejaran de funcionar, el entorno congelado permitiría que la temperatura aumentara lentamente.

La ubicación también fue escogida teniendo en cuenta factores como la estabilidad geológica, la altitud respecto al nivel del mar y el aislamiento del archipiélago. La entrada, una estructura de hormigón que sobresale de la montaña, es prácticamente la única parte visible de la instalación.

Las semillas siguen siendo propiedad de quien las deposita

El funcionamiento de la bóveda suele confundirse con el de un banco de semillas convencional. Noruega construyó y financia la instalación, pero no se convierte en propietaria del material almacenado.

Los países, instituciones y bancos de germoplasma que depositan sus muestras conservan su propiedad. El sistema funciona bajo un modelo conocido como “caja negra”: las cajas permanecen selladas y solo el depositante puede solicitar su retirada.

La instalación tiene capacidad para aproximadamente 4,5 millones de muestras. En junio de 2026, la colección alcanzó 1.401.285 muestras.

Alepo y las primeras retiradas de semillas

Las tres retiradas realizadas hasta ahora estuvieron vinculadas al Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA), cuyo banco de germoplasma tenía su sede en Alepo, Siria. La colección conservaba una importante diversidad de cultivos procedentes de Oriente Medio y otras regiones, incluidas variedades relacionadas con el Creciente Fértil, una zona fundamental para la historia de la agricultura.

La guerra que comenzó en Siria en 2011 puso en riesgo las instalaciones de Alepo. Como medida preventiva, ICARDA había enviado duplicados de su colección a Svalbard. Entre 2008 y 2014, depositó allí 116.484 muestras.

En septiembre de 2015, la organización solicitó por primera vez semillas de la bóveda. Se retiraron 38.073 accesiones de trigo, cebada, lentejas y garbanzos, que fueron trasladadas a las instalaciones de ICARDA en Marruecos y Líbano.

La organización volvió a recurrir a la bóveda en 2017 y 2019. Fueron las únicas tres ocasiones en las que un depositante ha retirado material almacenado en Svalbard.

Las semillas fueron cultivadas y regresaron a Svalbard

El episodio de ICARDA tuvo una particularidad que demuestra la utilidad práctica de la bóveda. Las semillas retiradas fueron cultivadas en las nuevas instalaciones de la organización para producir nuevas generaciones de plantas. A partir de ellas se obtuvieron semillas que posteriormente volvieron a depositarse en Svalbard.

Los nuevos depósitos realizados en 2017, 2018 y 2019 permitieron reconstruir parte de la colección de ICARDA y volver a establecer copias de seguridad en la bóveda.

El propio sistema de Svalbard también afrontó un desafío en 2016. Un periodo de temperaturas excepcionalmente elevadas provocó un intenso deshielo y la entrada de agua en el túnel de acceso. El agua se congeló antes de alcanzar las cámaras donde se almacenan las semillas, por lo que la colección no resultó afectada.

El episodio llevó a Noruega a reforzar la infraestructura. Las obras posteriores incorporaron medidas de impermeabilización y mejoras en el drenaje para reducir el riesgo de nuevas filtraciones.

Actualmente, la bóveda conserva semillas que representan más de 6.500 especies de plantas y continúa recibiendo nuevos depósitos varias veces al año. Su historia demuestra que no se trata de un almacén pensado para abrirse con frecuencia, sino de una reserva genética destinada a permanecer intacta hasta que alguna colección necesite ser recuperada.

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