El lecho de Gabriela Mistral
Por Carmen Rivera.
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"Yo te enseñé a besar: los besos fríos/son de impasible corazón de roca/yo te enseñé a besar con besos míos/ inventados por mí, para tu boca” (Mistral, 1945).
La conocí a través de un libro, en él la biografía de Lucila Godoy Alcayaga y quizás la fascinación a mis 12 años del surgimiento de su nombre, tomado de dos vates: el italiano Gabriele D’Annunzio y el occitano Fréderic Mistral, me permitió entender la reinvención de la poesía.
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¿Quién es Gabriela? Con matices y crispaciones, olvidando la maestra de escuela encasillada en lo infantil y en el empequeñecimiento, es la conmoción de la existencia, lo paralelo de la vida, el enarbolamiento de lo no permitido para llegar a la fatalidad de ser testigo de la inminencia de la muerte. “Ahora, Cristo, bájame los párpados, pon en la boca escarcha, que están de sobra ya todas las horas y fueron dichas todas las palabras…” (Mistral, 1918).
¿Para qué Mistral? Para recoger en el camino la vasta experiencia de la otredad en relaciones fallidas, marcadas por la fatalidad de lo no consumado, Romelio Ureta, elamor en ciernes se suicidó en 1909. “Yo sabía que él estaba de novio y evitaba su encuentro” (Mistral, s.f.), inspira su poemario Los sonetos de la muerte.
“Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada” (Mistral, 1915).
Qué encontrar en su poesía: lo auténtico, reflejo de lo identitario, divorciada de lo homogéneo, palabras que reflejan una profunda sinceridad desvestida del adorno de lo esotérico para clarificar la lucha por lo sencillo, por la muestra de un sentimiento inacabado “Mañana me sentaré en el lecho y pediré que me llamen, para oír mi nombre y creer”. Gabriela Mistral.

























