La arcana de Arequipa
Por Federico Rosado.
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La arcana es, según el diccionario, un misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer. Una arcana recorre Arequipa. Empezó a hacerlo desde hace décadas. Tal vez tres o cuatro. Treinta o cuarenta años. Se instaló no sólo en la ciudad, circuló y atravesó distritos, provincias, el departamento entero.
Se impregnó para no ser descubierta, se escabulló en las autoridades y los habitantes. No le fue difícil. Se quedó en ellos, sin que se dieran cuenta; ellos ni lo notaron. El tiempo pasó, la arcana se aburrió y se fue, porque ya tampoco era un secreto.
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Porque no es un enigma que Arequipa continúa asentada en el adormecimiento; acostumbrada al desorden, a un tránsito caótico, a los huecos de la lluvia, a la delincuencia cotidiana, al no saber qué pasará, aunque siempre se espera cada vez más lo peor.
Las últimas noticias de la municipalidad provincial y el gobierno regional son pruebas irrefutables de lo que ya no es un secreto: las nuevas autoridades, simplemente, no tienen equipo; nunca lo tuvieron. No pasaron ni dos meses y las contramarchas son el pan del día. El máximo funcionario regional de salud designado con graves cuestionamientos. El primer ejecutivo municipal cambiado, y el nombrado sin trayectoria ni experiencia.
Y no son los únicos. Volvamos al alcalde de Socabaya, al del jacuzzi. Resulta que inauguró una piscina que ya estaba en funcionando y como remate se tiró una guacacha.
La arcana de la mediocridad, de la pasividad, de la indiferencia; y nosotros mismos vivimos inoculados de ella; y la consentimos con nuestra apatía. ¿Cuándo será que regrese la otra arcana? La que un día se fue de estas tierras y prometió retornar. La extrañamos mucho.





































