Kathy Serrano: “Jamás imaginé que algo así podía pasar en Venezuela”
La actriz y directora de teatro estará en el Hay Festival. En esta entrevista cuenta sobre su estadía en Arequipa y su primera novela “El dolor de la sangre”.
- Capturan a Vilma Zeña Santamaría en San Martín de Porres, condenada por explotación laboral y esclavitud por el caso Galería Nicolini
- Nuevas becas para maestrías en España: cómo acceder y quiénes pueden postular

Kathy Serrano, nacida en Venezuela, llegó por casualidad al Perú en 1994. Permaneció casi dos décadas. Incluso pasó una breve temporada en Arequipa, fue parte del elenco de la novela Canela.
¿Cómo llegó a esta ciudad? A los 19 años, partió de Venezuela a Rusia para estudiar en el Instituto Estatal Ruso de Artes Escénicas de San Petersburgo. Tras la caída del muro de Berlín, iba a retornar a Venezuela, pero el gobierno le dio un pasaje a Perú, para que después enrumbe a su país. Es así, como llega y por invitación de su amigo Dante Valdéz, participa en Arequipa Lírica.
TE RECOMENDAMOS
JOSÉ JERÍ DESCARTA RENUNCIA Y ALFONSO LÓPEZ CHAU EN VIVO | ARDE TROYA CON JULIANA OXENFORD
PUEDES VER: Revisa los candidatos y sus planes de gobierno

Vivió en la céntrica calle San José, hospedada por la tía de Dante. La eligieron en un casting para que haga el papel Verónica Garcés en Canela. “Recibí mucho cariño de Arequipa (…) Amé mi personaje y toda la experiencia. Decía que tenía corazón mistiano y todos creían que yo era arequipeña, además no traía el acento venezolano”, contó.
Su primera novela El dolor de la sangre habla del retorno a Venezuela.
Comencé a tener la obsesión de contar la historia de una mujer que retorna a su lugar de origen. Quería trabajar la casa materna, paterna como ese espacio cerrado, como el lugar donde nacen los peores monstruos. Tenía imágenes del final, que cuando lo lean me entenderán y tenía el inicio que lo escribí en un vuelo en el 2018 entre Perú y Ecuador. Al inicio del vuelo hubo un susto muy grande, pensé que ya no la contábamos y para aplacar los nervios, agarré mi libreta y comencé a escribir. Todo ese primer capítulo está escrito a mano. Tenía ganas de escribir sobre esa mujer que le toca partir desde Lima, donde ya se siente segura, donde siente que ya hizo una vida y no quiere recordar su pasado, pero algo la coloca en ese viaje que la lleva por Caracas y hasta la ciudad donde ella nació que es la frontera con Colombia.
¿Cómo impactará la novela en la comunidad venezolana radicada en Perú?
Me interesa mucho el tema de la migración. Soy migrante desde que tengo 16 años. Nací en San Cristóbal y a los 17 años, me fui a Caracas a estudiar actuación. De ahí me fui a Rusia, y estuve en diferentes lados, hasta que decidí que Perú sea mi casa. (Con Martha, el personaje de la novela) vamos a conocer esa Venezuela que no es la de ahora ni de antes, que está como suspendida en el tiempo.
¿Cuánto hay de usted en el personaje de Martha?
Yo creo que es viceversa, he fagocitado muchas cosas mías, porque creo que lo hacen todos los escritores. Los actores, actrices y directores, cuando hacemos un ensayo teatral, si supieran las cosas que uno bota allí, que les sirven a los personajes, es impresionante. Todos fagocitamos nuestra infancia, los recuerdos, las cosas duras, tristes. Entonces, sí hay cosas que yo he agarrado de Kathy para colocar en El dolor de la sangre. Martha es migrante como yo, salió muy chica hacia Australia, como yo salí hacia Rusia. Martha se quedó en Lima como me quedé yo. Pero también hay cosas de Martha que a mí me gustarían tener, como los tatuajes (…) Pero definitivamente Martha no soy yo, ella vive algo que no vamos a decir, porque ella vive algo que definitivamente no viví yo.
¿Decía que no es una Venezuela que no es la de ahora ni la de antes, entonces cuál es?
Hice una mezcla, hay muchas cosas que son de lo actual. Hay otras de los últimos 20 años y recuerdos de la niñez. No quise trabajar un tiempo concreto, porque esa hubiese sido otra novela. Hice una investigación, he viajado a Venezuela antes de la muerte de mi mamá. He visto muchas cosas, pero no quise centrar la historia en esa parte (…) no me gusta ser tan explícita en ciertas cosas, me parece que la sugerencia es poderosa. Creo mucho en la imaginación del lector (a), del espectador (a) y creo que en aquello que no decimos, hay un poder increíble (…) La novela está atravesada por olores, sabores, música por este viaje.
¿Cómo ve la migración venezolana, cómo ha encontrado su país?
Fui en el 2015, toda mi familia vive allá. Tengo amigos y sé lo que está sucediendo, es doloroso, lamentable, difícil. Si soy sincera, jamás imaginé cuando llegué a este país en 1994, que algo así podría pasar. Si sabía que podía venir algo no tan bueno, se lo advertí en conversaciones a mi entorno, pero decían no. Hasta el 2012, tengo familiares que viajaban al extranjero, pero lo último que ha pasado sobre esa necesidad en masa de salir, caminar con los niños por las carreteras, llegar a otros países a tratar de entrar. Claro, cuando vienen en masa, los países y la gente se alarma y se genera por un lado ayuda, pero por el otro miedo, porque al mismo tiempo que sale gente buena, preparada y que busca un lugar para estar mejor, también sale gente de mal vivir.
Es un problema global.
Esto ha pasado en todas las migraciones, a los peruanos, a los colombianos y ahora le está pasando a Ucrania. Si te pones a ver, el planeta entero está en crisis, estamos en un momento bastante oscuro, difícil y triste. Si vemos la historia pareciera que son ciclos que vuelven a repetirse. Trabajamos una temporada de microteatros por Venezuela y otra por los que tuvieron que partir. Escribí una obra de teatro corta que se llama En muchos lugares del mundo sobre el tema. Es muy doloroso ver a tus compatriotas vivir lo que están viviendo, rompe el corazón, porque además Venezuela es un país muy hermoso, alegre. A veces pienso que esa alegría ha hecho que esto se alargue en el tiempo. No entiendo qué hace que, a un país tan hermoso, algo lo tenga sumergido en una eterna noche (…).

















