Miguel Grau: el caballero que dejó la política para defender la patria

Honor y gloria. El héroe de Angamos no solo demostró su patriotismo mientras estuvo al mando del Huáscar, sino también mientras fue diputado por Paita. Impulsó leyes en favor de la Marina de Guerra y de su personal. Al iniciar la guerra con Chile fue el primero en acudir al llamado.

Honor y gloria. El héroe de Angamos no solo demostró su patriotismo mientras estuvo al mando del Huáscar, sino también mientras fue diputado por Paita. Impulsó leyes en favor de la Marina de Guerra y de su personal. Al iniciar la guerra con Chile fue el primero en acudir al llamado.

Llevado por su gran patriotismo, el 24 de marzo de 1879 Miguel Grau Seminario se dirige al Parlamento para pedir una licencia. Lo había pensado mucho y sentía que podía hacer más por el Perú desde el monitor Huáscar. La guerra con Chile se había iniciado.

En la respuesta que recibió a su solicitud, el Parlamento resaltaba que “es necesaria su presencia al frente de la nave que ocupa y que le ha confiado el Supremo Gobierno”.

Grau Seminario dejó así su curul de diputado por Paita y zarpó rumbo al sur, al mando del Huáscar. Había llegado la hora de defender al Perú.

Pero ¿cómo era la vida de Miguel Grau antes de la guerra? El historiador Teodoro Hampe, en su libro Miguel Grau, protagonista político, señala que las intervenciones del héroe de Angamos en los debates parlamentarios eran sobrias, sin las ampulosidades de los políticos.

Grau Seminario militó en el Partido Civil y fue a pedido del primer presidente civil del Perú, Manuel Pardo y Lavalle, que aceptó ingresar a la política como diputado por Paita. ¿Su ideología?, un demócrata a carta cabal.

“Miguel Grau defendió en el Congreso los intereses de Paita, y también la necesidad de que el Perú se arme. Hizo un informe en el Parlamento pidiendo la compra de buques, pero el Gobierno de entonces no los compró y el informe fue archivado”, señala el contralmirante Fernando Grau Umlauff, bisnieto del Caballero de los Mares.

Como diputado, Grau viajó a Chile en cierta ocasión para recoger los restos de su padre (Juan Manuel Grau Berrío), y en ese viaje advirtió que los sureños se estaban armando.

A su retorno alertó al Gobierno nacional sobre la necesidad de alistarnos de manera urgente, ya que habíamos sido superados en poderío naval. Esto ocurrió en febrero de 1878, un año antes de iniciarse la guerra con Chile.

Justas demandas

Y como político, no pocas veces Grau se enfrentó a los miembros de la Comisión de Presupuesto que reducían los fondos para el sostenimiento de la Armada.

El historiador Teodoro Hampe recoge una declaración de Grau en ese sentido, donde el héroe muestra también su sencillez: “No estando al corriente de los usos parlamentarios, quizás ha sido inusitado mi pedido...”.

En su informe al Parlamento, Grau hace una evaluación de la Marina de Guerra y resalta sus necesidades ante la inminente guerra. Entre las cosas que recomienda estaba la compra de dos buques similares al Huáscar, y también la capacitación de los artilleros y el personal subalterno.

La crisis económica de aquel momento no permitió hacer las compras.

Las leyes de Grau

“Una norma que impulsó mientras fue diputado y que habla mucho de su identificación con la familia naval, es la Ley de Montepío (depósito de dinero) para la familia del alférez Alberto West, quien falleció atacado por aborígenes en la selva peruana. Otra ley que Grau cristalizó es aquella que evitó que el Estado, en su afán por reducir gastos, cierre la capitanía de la Marina en el puerto de Ilo; si eso se hacía no hubiera existido una autoridad que vele por la seguridad en el lago Titicaca”, señala el teniente Michel Laguerre, jefe del Departamento de Asuntos Históricos y Patrimonio Documental de la Marina de Guerra del Perú.

En el libro del historiador Hampe se señala también que junto con otros disputados, Grau impulsó el régimen de ascensos de la plana oficial de la Armada, en base a criterios de mérito y antigüedad.

El libro Miguel Grau, protagonista político menciona también que el héroe se preocupó de que haya misiones de marinos e ingenieros recorriendo y explorando el litoral del país, e insistió en un proyecto de ley remitido por el Ejecutivo sobre el régimen de trabajo y beneficios de los maquinistas de la escuadra naval del país.

Valor para la guerra

Otro detalle que enaltece la figura de Miguel Grau se dio cuando Chile le declara la guerra al Perú y a Bolivia. El gran almirante no se escudó en su condición de diputado para evadir la guerra; al contrario, rechazó cargos administrativos y solicitó ir al frente y defender la soberanía.

“Cuando estalla la guerra y Grau deja la política, en la junta de marinos empiezan a ver qué comandantes tienen más experiencia. Grau conocía el Huáscar, lo había navegado por ocho años, y era el mejor para el puesto”.

Era una decisión difícil pero la tomó y así se lo hizo saber a su esposa.

“Tuvo largas conversaciones con su esposa (Dolores Cabero Núñez), con quien tenía ocho hijos, el mayor tenía 11 años y el menor 5 meses. Fue una decisión difícil, pero recibió el apoyo de la familia”, comenta su bisnieto.

Fernando Grau señala que el Congreso de la época le ofreció al diputado el grado de contralmirante pero este no lo aceptó, pues quería estar al mando del Huáscar, como capitán de navío.

Pese a saber que algunos buques no estaban preparados, asumió la responsabilidad y fijó la estrategia para defender la patria. Los capítulos que siguieron estuvieron cargados de patriotismo y valor, incluyendo la epopeya en Punta Angamos. Gloria eterna a Grau.

8 de octubre

- Mañana se conmemora el 197° aniversario de la Marina de Guerra de Perú y el 139° aniversario del Combate Naval de Angamos.

- La ceremonia será presidida por el jefe de Estado, Martín Vizcarra, y contará con la presencia de ministros de Estado, autoridades civiles y militares.

- La ceremonia cívico-patriótica se realizará en la Plaza Grau del Callao, entre las 7:00 y las 9:00 a.m.

La despedida y encargos que dirigió Grau a su esposa

Monitor Huáscar

Callao, Mayo 8 de 1879

Muy querida Esposa

Como la vida es precaria en lo general, y con mayor razón desde que va uno a esponerla a cada rato, en haras de la patria, en una guerra justa, pero que será sangrienta y prolongada, no quiero salir a campaña sin antes hacerte, por medio de esta carta, varios encargos, principiando por el primero que consiste en suplicarte me otorgues tu perdón por si creyeras que yo te hubiera ofendido intencionalmente.

El segundo se contrae á pedirte atiendas con sumo esmero y tenaz vigilancia la educación de nuestros hijos idolatrados. Para lograr este esencial encargo debo avisarte, o mejor dicho recomendarte que todo lo poco que dejo de fortuna, se emplee en darles toda la instrucción que sea posible; única herencia que siempre he deseado dejarles. Esta es pues mi única y última voluntad, que te ruego encarecidamente observes con religiosidad; si es que la súplica de un muerto puede merecer algún respeto.

Todo lo que poseo de fortuna, adquirida honradamente; está reducida a lo siguiente: Veinte y cinco y pico mil soles en cédulas del Banco Hipotecario. Treinta y un mil trescientos soles, en cédulas de la deuda interna. Cuatro acciones de a mil soles cada una del Banco Nacional del Perú. Mil soles con sus respectivos intereses en poder de la Casa de Canevaro; al mismo que le soy deudor de dos cientas libras esterlinas que le pedí para Anita Quezada, cuyo documento firmado por mi se cumple en Diciembre de este año.

(...) Me lisonjea la idea de que al separarme de este Mundo, tengan mis hijos un pan que comer; pues no dudo que la Nación te otorgue por lo menos mi sueldo integro; si es que muero en combate.

Nada más tengo que pedirte, sino que me cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre.

Con un abrazo eterno se despide tu infeliz esposo.

Miguel Grau

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