Llegará la muerte y será en gotas de suero fisiológico de Medifarma
Testimonios que remecen. Los familiares de tres víctimas -una fallecida, dos con muerte cerebral-, compartieron la espantosa experiencia debido a la administración de un producto que se suponía ayudaría a sanarlos, pero sucedió todo lo contrario. Mientras las autoridades investigan el caso para determinar responsabilidades, los seres queridos de los afectados por el suero afrontan una dolorosa pérdida que nunca debió ocurrir.
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Las tres son mujeres. Pero no solo eso. Las tres son hijas únicas. No es lo mismo perder a uno de los hijos que al unigénito. El dolor es más insoportable. No hay consuelo. En los tres casos, sus padres las llevaron a una clínica para salvarles la vida, pero encontraron la muerte cerebral o la muerte definitiva.
A las tres les suministraron suero fisiológico del laboratorio Medifarma. A la niña Kayla Iparraguirre Zevallos, de un año; a Alejandra Landers Carpio, de 26; y a Rosa Castro Ventura, de 46 años. De las 16 personas afectadas por el suero deficiente, Kayla, Alejandra y Rosa son hijas únicas. La niña falleció y las otras dos se encuentran con muerte cerebral. El desenlace puede ocurrir en cualquier momento.
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Los fallecidos por la aplicación del suero de Medifarma suman 5.
No hay forma de describir el sufrimiento de las familias. Pero haremos el intento.
La paciente cero
Era las 9 y 17 de la noche del martes 18 de marzo, cuando Alejandra Landers Carpio, hija única de Tulio Landers y Eliana Carpio, decidió ir a la clínica Sanna, ubicada en San Borja, para tratar un resfrío. Días antes, Alejandra se había enterado de que era alérgica a los antiinflamatorios no esteroideos y a la codeína, que sirven para aliviar la gripe. Ella fue a la clínica a que le recetaran medicamentos alternativos, sin imaginar que sería en este mismo nosocomio en el que perdería la vida.
Luego de entrar por emergencia, Landers recibió únicamente corticoides y paños húmedos para bajar una fiebre de 39°. Al promediar las 3 y 11 de la madrugada del miércoles, a la madre de Alejandra Landers le informaron que su hija presentaba una inflamación en el cerebro, además, de tener elevados el sodio, el potasio y el cloro. Cerca del medio día, luego de ser trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos, los médicos reportaron la muerte cerebral de Alejandra.
El mundo dejó de ser mundo para los padres de la estudiante de Arquitectura, Alejandra Landers. Su madre Eliana Carpio compartió detalles sobre la intimidad de su única hija:
“Dedicaba sus días a diseñar espacios con creatividad y pasión, siempre soñando con construir un mundo mejor. Su amor por el arte y la armonía se reflejaba en su práctica constante de yoga, una disciplina que la ayudaba a mantenerse en un muy buen estado de salud, tanto física como emocionalmente. Más allá de sus estudios, mi hija era una persona profundamente comprometida con su entorno. Alegre, jovial y sensible, dedicaba su tiempo a causas que le apasionaban, convirtiéndose en una activa defensora de los derechos de los animales y del medio ambiente. Su lucha por un mundo más justo y sostenible era reflejo de su carácter noble y solidario”.
El padre, Tulio Landers, detalló las circunstancias en la que halló a su única hija Alejandra. No podía creer la escena:
“Al ingresar al área de emergencia, mi esposa encontró a nuestra hija inconsciente y vestida con una bata. Minutos después, un médico se acercó para revisarla. Al notar que no respondía a estímulos, intentó abrirle los ojos manualmente.
Entonces, el médico pidió a Eliana que intentara hablarle para que reaccionara. Al hacerlo, ella observó que nuestra hija tenía un exceso de saliva en un lado del rostro, presentaba los ojos amoratados y, además, se había miccionado.
Adicionalmente, mi esposa notó que su respiración era irregular, pues su estómago se movía de manera extraña. A pesar de informar a los médicos sobre esta situación, estos hicieron caso omiso, evidenciando indolencia sobre el estado clínico de nuestra hija”.
Para los padres de Alejandra, no solo son responsables los que fabricaron el suero sino también los médicos que maltrataron a su hija. Le han prometido que el caso no quedará sin castigo.

Kayla Iparraguirre, de 1 año, murió tras recibir suero de Medifarma en la clínica Sanna. Su familia denuncia que los médicos desestimaron los síntomas y no actuaron a tiempo, resultando en su muerte cerebral. Foto: La República
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La corta vida de Kayla
En menos de 48 horas de lo sucedido a Alejandra Landers, una bebé de 1 año y 24 días perdió la vida a causa de un shock multifactorial refractario. Ella también recibió el suero defectuoso en la clínica Sanna, en San Borja. Kayla Iparraguirre Zevallos ingresó por emergencia por presentar fiebre y malestar estomacal.
Kayla fue la primera hija de Jerson Iparraguirre y Miriam Zevallos. Recién había celebrado su primer año de vida, el 17 de febrero y ya daba sus primeros pasos.
Todo empezó el jueves 20, a las 7 y 30 de la noche. Kayla fue llevada por segunda vez a la clínica Sanna para que le trataran una fiebre y un malestar estomacal. Luego de ser revisada por un médico de turno, a las 8 de la noche una enfermera le administró suero fisiológico de Medifarma. Mientras la niña recibía el suero se quedó dormida y empezó a temblar. Pese a que la madre exigía que le explicaran qué pasaba con su bebé, solo le indicaron que era un síntoma de la fiebre que a veces presentaban los niños. No era verdad.
Judith Zevallos, tía de Kayla Iparraguirre, contó así lo sucedido. Ella fue testigo:
“A las 7 y media de la noche dejo nuevamente a la niña en la clínica con mi hermana y mi mamá. Mi hermana le reclama al doctor porque ya la había traído previamente el domingo, no le habían hecho los exámenes y la bebé otra vez presentaba los mismos síntomas.
Entonces, ¿qué está pasando con mi bebé?, le dijo. El médico debió hacerle los exámenes, debió hacer esto y lo otro. El doctor lo único que hizo fue evaluar y dijo: bueno, por un tema de cómo ha estado deshidratada, y no ha estado comiendo bien, vamos a ponerle suero. Ahí es donde le ponen este lote. A las 8 de la noche aproximadamente le ponen ese suero. La bebé comenzó a llorar. No paraba de llorar y para nosotros eso no era normal porque un pinchazo ya está bien, te puede doler un ratito, ¿no?
Pero después te calmas. Pero no, la bebé estuvo llorando por una hora, estuvo llorando desconsoladamente. Entonces, por más que mi hermana le dijo: doctor, mi bebé está llorando, no hizo nada”.
Por el estado en que se encontraba la niña, se le hizo una tomografía. Ya era demasiado tarde. La tía de la bebé lo contó así:
“El domingo en la mañana le dieron los resultados a mi hermana. El doctor le indicó que la bebé tenía muerte cerebral. La bebé fue bien, fue despierta, fue tranquila. Ese día en la mañana estuvo jugando, estuvo bailando. Hizo sus actividades normales. La han cuidado, la han amado. Por eso le digo a mi hermana: Tú debes estar tranquila, porque tú le has dado todo el amor que has podido. Le has dado todo lo material también que has podido. Mi sobrina no merecía morir así”.

Rosa Castro, tras ser intervenida por un tumor, sufrió complicaciones a causa del suero defectuoso. Foto: La República
Hasta volverte a ver
Eduardo Rossel Montes recuerda a su esposa Rosa Castro Ventura como una mujer amorosa, alegre, muy inteligente, estudiosa, sociable y con vocación de servicio. Enfermera de profesión desde hace más de 20 años, ingresó a la clínica Sanna, en San Borja, el jueves 20 de marzo, cerca del mediodía, para someterse a una intervención quirúrgica y retirarse un tumor que le habían detectado a inicios de mes.
Al promediar las 5 y 15 de la tarde, fue llevada a quirófano para ser intervenida, allí se despidió de su esposo con la promesa de que se verían al salir de la sala de operaciones. Promesa que se vio interrumpida luego de que le administraran solución salina defectuosa. Era cerca de las 7 y 30 de la noche cuando salió del quirófano y fue trasladada a sala de observación. Eduardo Rossel no la volvió a ver despierta.
Rosa Castro, hija única, cumplió 46 años el jueves 27 de marzo. Mientras que el 30 fue su aniversario de bodas. Era el sexto año de matrimonio con Eduardo Rossel. ¡Cómo podría olvidarlo! Esto es lo que compartió sobre la mujer de su vida, ahora con muerte cerebral:
“La operación duró en promedio dos horas en la clínica Sanna. Debería haber despertado entre ocho y nueve de la noche. Pero no sucedió así. Les preguntó por qué no ha despertado. ¡Mi esposa no despierta! Los del personal de la clínica de esa sala me respondieron que estaba dormida, que tranquilo, que no pasó nada. Yo más preocupado, más angustiado, vuelvo a preguntar, y me dicen que espere una hora más. Ya me pareció extraño. A las siete horas, mi esposa convulsionó. El médico me dijo que le harían una tomografía. Y volvió a convulsionar. Me dijeron para tranquilizarme: No se preocupe, está en nuestras manos. Pero no era así”.
Eduardo Rossel recuerda que los médicos estaban tan desorientados como él. Sobreponiéndose a ese terrible momento, una vez volvía a su cabeza las imágenes de la promesa que le hizo en el altar a Rosa Castro: “Amarla en la salud y en la enfermedad”. Para honrar este juramento, Rossel decidió darle calidad de vida hasta su último respiro, pues el daño provocado por el suero alterado, es irreversible. De este modo lo relató:
“Con la segunda convulsión me desesperé, me preocupé, me llené de impotencia. Me indicaron los médicos, como dándome algo de esperanza: La vamos a meter a UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). Yo pensé llevármela a otro hospital, pero me dijeron que en las condiciones en la que se encontraba Rosa, no era posible. Después me informaron que ingresó a UCI con un alto sodio. Me informaron que tenía 199 de sodio, que es demasiado. Eso es lo que causó el daño definitivo”.






















