¡Que caigan todos!

A ellos se enfrentan quienes van en sentido contrario a la lucha anticorrupción, unidos por la defensa de beneficiarse de la impunidad.

A ellos se enfrentan quienes van en sentido contrario a la lucha anticorrupción, unidos por la defensa de beneficiarse de la impunidad.

La agudización del conflicto que estalló con la investigación Lava Jato hace cada vez más evidente la línea entre dos bandos: por un lado, el de la lucha contra la corrupción, en el que trabajan incansables jueces y fiscales –de los que quedan pocos–;  por el otro, el de nuestra variada fauna política, con representantes que no representan a nadie, temblorosos ante su propio destino y/o el de sus jefes que ahora enfrentan a la justicia desde el banquillo de los acusados. 

Para bien o para mal, así se dibuja ahora el escenario, dicotómico, en el que congresistas plantean desfigurar recursos como el de la prisión preventiva, por supuesto, sin tener fin altruista alguno. Entre los políticos con rabo de paja, lo único que vale ahora es el instinto de querer salvarse el pellejo. De darse esto, no solo se atentaría contra la autonomía de poderes, sino que se recortarían las armas legales del Equipo Especial.

Recordemos que hablamos de un equipo compuesto por fiscales como José Domingo Pérez, abogado por la Universidad Católica Santa María de Arequipa, que viene de trabajar en Loreto, La Libertad, entre otros, y que llega a Lima a investigar un caso que no solo comprende a cuatro ex presidentes, sino también a toda una clase empresarial.

A ellos se enfrentan quienes van en sentido contrario a la lucha anticorrupción, unidos por la defensa del statu quo para beneficiarse de la impunidad. Pobre nuestro país. Políticos, empresarios, abogados y hasta algunos periodistas equiparan esta lucha con una “cacería de brujas” y pintan de víctimas a quienes están o quienes se fueron más bien con los bolsillos llenos. El resto se cree el más probo, buscando echar abajo cualquier recurso que permita asegurar la causa de la investigación. 

Los integrantes de la fiscalía y los jueces que evalúan sus pedidos tendrán que actuar con cautela, seguro. Pero jamás deberán perder el coraje. Ya los llaman abusivos y persecutores, aquellos que lo primero que tienen en mente es huir y evadir la justicia. El Perú necesita justicia. Justicia para el ladrón, el violador, el corrupto. Para el político, el empresario, no para quien pueda pagar más. Justicia para todos por igual.

Ahora mismo se abre una gran oportunidad, la de barrer el pasado. Seguro un momento valioso para jóvenes y nuevas generaciones, en el que se busque abrir paso a una nueva clase política.

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