Hace 200 años lo plantaron para frenar la erosión de los ríos: hoy es uno de los árboles invasores más difíciles de eliminar en EE. UU.
Desde mediados del siglo XIX, este árbol se utilizó para combatir la erosión y proporcionar sombra. Sin embargo, su rápida proliferación comenzó en las décadas de 1930 a 1950.

Hace unos 200 años, este árbol comenzó a ser introducido en Estados Unidos con una finalidad que parecía beneficiosa: proteger las riberas y reducir la erosión de los ríos. Su resistencia a condiciones adversas lo convirtió en una especie ideal para ocupar terrenos difíciles.
Sin embargo, con el paso de las décadas, el árbol se expandió por ríos y humedales hasta convertirse en una especie invasora, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Su capacidad para soportar sequías, inundaciones y terrenos salinos, junto con su facilidad para reproducirse, complicó los esfuerzos para controlar su avance.
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El árbol que pasó de proteger los ríos a invadir sus riberas
El tamarisco comenzó a venderse en EE. UU. desde mediados del siglo XIX para combatir la erosión, proporcionar sombra y servir como barrera contra el viento. Para 1870 ya se había observado que la especie podía establecerse por sí misma en el territorio.
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Su expansión se aceleró especialmente entre 1935 y 1955. Sus raíces profundas y su resistencia al calor, el frío, las inundaciones y los suelos salinos le permitieron sobrevivir en ambientes donde otras especies tenían mayores dificultades.
Los híbridos que hicieron todavía más difícil controlar su expansión
En 2002, un estudio liderado por John F. Gaskin y Barbara A. Schaal analizó el ADN de 269 ejemplares de tamarisco. Los investigadores encontraron que la invasión estadounidense incluía híbridos de Tamarix chinensis y Tamarix ramosissima, cuya combinación genética pudo favorecer su expansión.
Para entonces, el tamarisco ya dominaba más de 600.000 hectáreas de riberas y humedales. Desde 2001 se utilizan escarabajos del género Diorhabda para reducir su cobertura, aunque retirar el árbol no garantiza por sí solo que regresen las especies nativas.






































