Llegaron en 2009 siendo solo 23 y ahora son 500: el experimento que regresó los bisontes a México tras desaparecer por la caza humana
La reintroducción del bisonte americano en México comenzó a transformar el entorno pocos meses después de su llegada. La aparición de nueva fauna, cambios en la vegetación y el nacimiento de varias crías marcan el inicio de un ambicioso proyecto de restauración ecológica.
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Durante más de un siglo, el bisonte americano estuvo ausente de una de las regiones naturales más singulares de México. Su regreso a Cuatrociénegas, en Coahuila, comenzó a producir cambios visibles en el paisaje.
En 2025, un grupo de bisontes americanos fue reintroducido en la Reserva El Santuario, un espacio de unas 4.000 hectáreas integrado en la Reserva de la Biosfera de Cuatrociénegas. Los primeros tres ejemplares llegaron en agosto y, el 27 de noviembre, se sumaron otros 44 procedentes de Rancho El Uno, en Chihuahua.
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En pocos meses comenzaron a registrarse cambios en la vegetación, el suelo y la fauna. Incluso aparecieron animales que llevaban años sin ser detectados mediante las cámaras instaladas en la zona.
Cabe indicar que, la desaparición del bisonte de buena parte de México fue consecuencia de la caza y de la transformación de sus hábitats. La especie llegó a estar prácticamente ausente del territorio mexicano, salvo por algunos animales que todavía cruzaban ocasionalmente la frontera desde Estados Unidos.
La recuperación comenzó en 2009
En 2009, 23 bisontes procedentes del Wind Cave National Park, en Dakota del Sur, fueron trasladados a la Reserva de la Biosfera de Janos, en Chihuahua. Aquella pequeña población se convirtió en el origen de un ambicioso programa de conservación.
Quince años después, la manada de Janos y Rancho El Uno se acercaba a los 500 animales. Parte de esos ejemplares comenzó entonces a utilizarse para crear nuevas poblaciones en otras regiones.
En 2020, 19 bisontes fueron trasladados a Coahuila. En febrero de 2026, otros 29 viajaron desde Janos hasta Sonora para iniciar una nueva población, que posteriormente registró su primer nacimiento. Cuatrociénegas es otro capítulo de ese mismo proyecto.
No obstante, el interés por recuperar al bisonte no responde únicamente a que sea una especie emblemática, se debe a que su comportamiento puede modificar físicamente el ecosistema.
Los bisontes consumen grandes cantidades de gramíneas y vegetación seca. Al hacerlo, pueden reducir el material vegetal disponible para alimentar un incendio. Sus pezuñas remueven el suelo y generan pequeñas depresiones capaces de retener agua, mientras que el desplazamiento de los animales puede favorecer determinados procesos de regeneración vegetal.
Otro efecto menos evidente
El estiércol de los bisontes proporciona materia orgánica y atrae a escarabajos peloteros y otros organismos que contribuyen a incorporarla al suelo. Su pelaje, por su parte, puede transportar semillas y termina siendo utilizado incluso por algunas aves como material para construir sus nidos.
Por todas estas razones, el bisonte es considerado un ingeniero del ecosistema: una especie capaz de modificar su entorno y generar oportunidades para otros organismos.
En una región árida como Cuatrociénegas, esos procesos pueden adquirir especial importancia.


















