Ciencia

En 1966, Marlon Brando compró una isla en la Polinesia tras filmar una película: hoy es santuario con 15.614 tortugas verdes

El control de especies invasoras permitió recuperar un ecosistema clave, aunque las tortugas todavía enfrentan numerosos peligros durante sus viajes por el océano.

Marlon Brando adquirió los derechos de arrendamiento por 99 años para proteger el atolón del turismo masivo y preservar su belleza natural. Foto: Skift
Marlon Brando adquirió los derechos de arrendamiento por 99 años para proteger el atolón del turismo masivo y preservar su belleza natural. Foto: Skift

Lo que comenzó como una fascinación de Hollywood por un remoto atolón del Pacífico terminó convirtiéndose en un proyecto de conservación de largo alcance. Tetiaroa, en la Polinesia Francesa, fue adquirido por el actor Marlon Brando en 1966 y hoy alberga una de las iniciativas de protección marina más importantes de la región.

Durante una de las últimas temporadas de monitoreo, los biólogos registraron 15.614 crías de tortuga verde que salieron de sus nidos y alcanzaron el mar. El seguimiento, realizado entre septiembre y marzo por especialistas de la Tetiaroa Society, también permitió identificar 113 hembras reproductoras y unos 161 nidos distribuidos por los islotes protegidos del atolón.

De escenario de Hollywood a refugio natural

Brando llegó por primera vez a Tetiaroa en 1960 mientras buscaba lugares para rodar Mutiny on the Bounty, una película histórica de MGM. El actor quedó impresionado por el paisaje formado por 12 pequeños islotes que rodean una laguna de aguas turquesas.

Seis años después, negoció la compra de los derechos sobre las tierras del atolón a los descendientes del dentista estadounidense Johnston Walter Williams. En su autobiografía de 1994, Songs My Mother Taught Me, Brando recordó aquel primer encuentro con Tetiaroa y lo describió como “más hermoso de lo que había imaginado”.

En lugar de transformarlo en un gran complejo turístico, quiso mantener su aislamiento. Construyó una pequeña aldea en Motu Onetahi para su familia y científicos visitantes, sentando las primeras bases de un proyecto que con el tiempo adquiriría una dimensión científica y ambiental.

Décadas de protección para las tortugas

Tras la muerte de Brando en 2004, su legado ambiental continuó mediante la colaboración de su patrimonio con Pacific Beachcomber y la creación de la Tetiaroa Society. La organización trabaja en investigación científica, conservación ambiental y preservación de la cultura indígena.

Uno de los trabajos más importantes fue el control de especies invasoras. Los equipos de conservación eliminaron ratas del Pacífico de algunos islotes, entre ellos Reiono y Rimatuu. Estos animales representaban una amenaza para especies que anidan en el suelo, incluidas las tortugas marinas.

Las tortugas verdes, conocidas localmente como honu, regresan habitualmente a las playas donde nacieron después de pasar décadas en el océano. Durante la última temporada, los investigadores contabilizaron más de 430 rastros de tortugas, identificaron 113 hembras y supervisaron 161 nidos. Para calcular el número de crías, examinaron las cáscaras de huevo que quedaban después de la eclosión.

Un santuario que no elimina los peligros del océano

La protección de Tetiaroa ofrece a las tortugas un lugar seguro para reproducirse, pero los riesgos continúan cuando abandonan el atolón. Los estudios de seguimiento por satélite muestran que algunas hembras recorren miles de kilómetros después de la temporada reproductiva para llegar a zonas de alimentación, incluidas praderas marinas próximas a Fiyi.

En alta mar deben enfrentarse a amenazas como los equipos de pesca industrial con palangre, la ingestión de plástico y el aumento de la temperatura del océano. Además, el calentamiento de la arena puede alterar el sexo de las crías, ya que la temperatura durante su desarrollo influye en esta característica.

El actual modelo de conservación también cuenta con el respaldo económico de The Brando, el complejo turístico construido en Motu Onetahi. Parte de los ingresos ayuda a financiar embarcaciones, equipos, laboratorios y otras necesidades de investigación.

Así, seis décadas después de que Brando adquiriera Tetiaroa, el atolón se ha convertido en un ejemplo de cómo la protección del hábitat, la investigación científica y un modelo turístico orientado a la conservación pueden combinarse para preservar un ecosistema frágil.

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