Viviendas postpandemia: un urgente concepto para enfrentar la nueva normalidad

El teletrabajo se convirtió en la principal actividad que hemos desarrollado dentro de nuestras casas en todo el mundo, pese a que estas no se encontraban adaptadas para estos fines. Una vez superada la pandemia, ¿la concepción de vivienda seguirá siendo la misma?

Los departamentos en América LAtina no han sido acondicionados para el trabajo remoto. Foto: AFP/Referencial
Los departamentos en América LAtina no han sido acondicionados para el trabajo remoto. Foto: AFP/Referencial
Mundo LR

Por Alejandra Aching

Durante los meses de confinamiento por la pandemia del coronavirus, se evidenció la necesidad de “humanizar” los departamentos diminutos y oscuros, así lo asegura el arquitecto y sociólogo español José María Ezquiaga. Esto ha sido un enorme desafío para quienes habitan viviendas pequeñas, hacinadas y mal acondicionadas en diferentes partes de América Latina, heredadas por la especulación inmobiliaria. Para que el teletrabajo funcione, la vivienda debe evidenciar en su diseño, la compatibilidad de una actividad productiva con el propio habitar.

Antes de la pandemia, mucha gente pensaba en su hogar como un lugar para descansar o dormir. Hoy en día, este concepto cambió en casi todo el mundo. Ya no hablamos de habitaciones, sino de espacios multifuncionales que se adaptan a diferentes usos según la actividad que se va a desarrollar, ya sea trabajo, escuela o descanso.

En muchos casos, cuando no había habitaciones adicionales dentro de casa, se acudía a espacios compartidos, que normalmente no se usan para estos propósitos. Por ejemplo, para muchas familias, la sala y el comedor se transformó en la oficina y el salón de clases, donde los padres teletrabajaban mientras sus hijos hacían sus tareas.

Incluso, en el peor momento de la pandemia, esto generó un enorme estrés para quienes residían en casa junto a sus hijos. Según la Organización Internacional del Trabajo, en Latinoamérica, aproximadamente 23 millones de personas teletrabajaron bajo esta modalidad, y en departamentos muy pequeños.

Son las consecuencias de décadas de mala edificación orientados por instrumentos normativos desactualizados y con poca consideración a las necesidades básicas de habitabilidad. Las normativas de edificación generalmente reflejan la brecha entre los estándares y la realidad.

Por lo cual, estas deben prever los nuevos conceptos que deben tener las viviendas, que suponga el rompimiento de este paradigma. Eso significa cambios en el mercado y en la mentalidad de los arquitectos, no obstante, la responsabilidad mayor recae en manos de quienes manejan el mercado, es decir los propios usuarios.

Y son estos quienes tienen que exigir las condiciones básicas que hacen habitable una vivienda, como la iluminación y ventilación natural, aislamiento acústico, confort térmico, todos estos sin necesidad de sistemas de climatización artificial, y con espacios abiertos al exterior.

En cierta medida, esto ayuda a mostrar las necesidades de los usuarios en momentos concretos relacionados con la vivienda, además de que determina sus preferencias y ayuda a comprender cuáles creen que son sus carencias.

No hay duda de que la pandemia está dejándonos enormes reflexiones sobre la habitabilidad de nuestras viviendas. Todos estos acontecimientos ayudan enormemente a los encargados de formular políticas, los investigadores y los profesionales de la industria a lograr un cambio importante en el significado de la vivienda, al tomar la iniciativa hacia una verdadera transformación de la arquitectura residencial.