Pablo Escobar coleccionaba juguetes sexuales y recibía ofertas para encamarse con jovencitas [FOTOS]
Steve Murphy y Javier Peña, dos piezas fundamentales de la DEA, escribieron un libro en el que demuestran las extravagantes aficiones de ‘El Patrón’.
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Pablo Escobar amasó una gran fortuna tras erigir un imperio de la cocaína desde Medellín hasta Estados Unidos, logró convertirse en uno de los hombres más poderosos del mundo.
Pese a transcurrir 25 años desde su muerte a cargo de la DEA y el Ejército de Colombia, los misterios de ‘El Patrón’ siguen saliendo a la luz.
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En esta oportunidad, los exagentes Administración para el Control de Drogas, Steve Murphy y Javier Peña, escribieron un libro titulado Manhunters: How We Took Down Pablo Escobar, en donde revelan pasajes poco conocidos del líder del Cartel de Medellín.
Juguetes sexuales para ‘El Patrón’
Los autores del libro reconstruyeron el día a día de Pablo Escobar dentro de La Catedral, la prisión que mandó a construir para alojarse tras una serie de arreglos con el presidente colombiano de aquel entonces, César Gaviria.
"La prisión era más o menos lo que sospechábamos: un club de campo lleno de artículos de lujo, como televisores de última generación, refrigeradores y equipos estéreo", explican los segmentos publicados en New York Post.
Cabe resaltar que ‘El Patrón’ estuvo recluido en esa cárcel poco más de un año, y luego se fugaría en julio de 1992.
Tras inspeccionar las pertenencias del narcotraficante, encontraron una serie de juguetes sexuales dentro de un armario. Peña y Murphy aseguran que les llamó la atención las batas de encaje y vibradores.
Además, descubrieron que Escobar guardaba meticulosamente las cartas que le enviaban sus enemigos y algunos recortes de los diarios que hablaban de él, así como lingotes de oro y joyas. “También una pistola hecha de oro macizo”, resalta el exagente Javier Peña.
Aunque lo más curioso fue el hallazgo de misivas "de madres que ofrecían a sus hijas para tener sexo con el narcotraficante”, sentencian.
En la biblioteca del sanguinario narcotraficante, dieron con libros sobre cómo cuidar palomas mensajeras, así como carpetas en donde almacenaba sus fotografías en “todos los carteles de ‘se busca‘ que se habían publicado contra él en Colombia”.




















