Científicos perforan 183 metros bajo el hielo de la Antártida y encuentran vida en las profundidades: un carnívoro de 3 pulgadas cuyo origen desconcierta a los investigadores
La cámara del JPL capturó imágenes sorprendentes de vida compleja bajo la plataforma de Ross: una criatura parecida a un camarón.
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Una perforación científica en Windless Bight, Antártida occidental, atravesó 183 metros de hielo y reveló un ecosistema submarino en la plataforma de Ross. Aunque el equipo exploraba la base de esta masa congelada con una cámara especial sin esperar fauna compleja, las imágenes captaron un organismo moviéndose en aguas oscuras a finales de noviembre de 2009.
El hallazgo, situado a 20 kilómetros del mar abierto y carente de luz solar, demostró que la vida subglacial supera la simplicidad supuesta para estos entornos inhóspitos. Este evento plantea nuevos interrogantes sobre las estrategias de supervivencia y nutrición animal en uno de los hábitats marinos más extremos de la Tierra.
¿Qué criatura hallaron los científicos tras perforar 183 metros de hielo en la Antártida?
Un anfípodo lisianásido, crustáceo de tres pulgadas y tono rosado-anaranjado, apareció de forma fortuita bajo la plataforma de Ross. Un equipo de investigadores introdujo la cámara creada por Alberto Behar, científico del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, en un pozo de 600 pies de profundidad. La observación impactó al desarrollarse a 12,5 millas (20 kilómetros) del agua abierta, un entorno lejano a la luz solar.
El propósito inicial del proyecto buscaba fotografiar la cara inferior de la capa gélida, no rastrear fauna marina. La sorpresiva grabación confirmó la existencia de vida compleja donde nadie la anticipaba. "El verdadero beneficio de estos programas de exploración es que vas sin saber qué vas a encontrar y te sorprendes", explicó Behar tras divisar el ejemplar.
La presencia de este organismo multicelular evidenció la presencia de una cadena alimentaria funcional en ambientes extremófilos. Muestreos posteriores confirmaron que las cavidades submarinas contienen microorganismos capaces de procesar carbono orgánico. Estos ecosistemas prosperan en condiciones oligotróficas con nutrientes escasos y al margen de la fotosíntesis superficial.
¿Por qué transforma la ciencia el reciente hallazgo bajo el hielo de la Antártida?
El descubrimiento demostró que las regiones alejadas del borde antártico contienen vida, lo que refuta la vieja teoría de que eran desiertos biológicos. Publicaciones en Nature desde 1977 planteaban que corrientes oceánicas trasladaban nutrientes hasta esos hábitats ocultos. Observaciones modernas confirman la existencia de comunidades diversas en esos ecosistemas subglaciares.
Años después del evento en Windless Bight, científicos neozelandeses perforaron 500 metros en la plataforma de Ross y detectaron un río subterráneo. Al descender sus cámaras en una cavidad de 240 metros de altura, hallaron tal densidad de anfípodos que sospecharon un fallo técnico. Las imágenes verificaron la presencia masiva de estos crustáceos en aguas bajo cero.
El agua subglacial transporta sedimentos, altera la masa helada y acelera el derretimiento de las capas inferiores, un factor clave para predecir el aumento del nivel del mar. Asimismo, las alteraciones en la cubierta congelada transforman las redes tróficas del mar de Ross. Estudiar estos seres vivos resulta crucial para anticipar la respuesta del ecosistema frente al cambio climático.
¿Dónde habita en el mundo el anfípodo lisianásido?
Los anfípodos lisianásidos (familia Lysianassidae) habitan en prácticamente todos los océanos del planeta gracias a su asombrosa adaptabilidad. Estos pequeños crustáceos ocupan desde fondos bentónicos en zonas costeras templadas o tropicales hasta llanuras abisales y fosas oceánicas profundas con presiones extremas. Misiones científicas capturaron imágenes de ejemplares mientras nadaban a casi 200 metros bajo la densa plataforma de hielo de Ross en la Antártida, donde resisten el aislamiento y la oscuridad absoluta.
Conocidos popularmente como "pulgas de mar", estos organismos cumplen un rol ecológico crucial al limpiar el ecosistema marino de restos orgánicos y peces muertos. Un caso notorio ocurrió en las playas de Melbourne, Australia, cuando densos enjambres de estos diminutos carroñeros carnívoros atacaron las piernas de un bañista al percibir su olor. Su presencia abarca casi cualquier rincón acuático del globo, consolidándose como limpiadores fundamentales de la biodiversidad marina.























