Dos años antes del terremoto de 7,9 en Pisco, científicos ya habían advertido sobre la zona donde ocurrió: ¿cómo lo detectaron?
Existen 3 lagunas sísmicas en el litoral peruano que concentran la mayor cantidad de energía y exigen máxima atención, según estudio.
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Hoy se conmemoran 19 años del terremoto de magnitud 7,9 que sacudió el sur peruano el 15 de agosto de 2007, consolidado como uno de los más fuertes y devastadores de la historia reciente del país. Con epicentro frente a Pisco, el proceso de ruptura telúrica duró cerca de 210 segundos y causó destrozos en Ica, Chincha, Lima y Huancavelica. Según el informe de Defensa Civil, el balance final registró que 596 personas murieron, más de 1.000 resultaron heridas y 431.313 quedaron damnificadas.
El desastre sísmico guardaba un antecedente científico relevante previo a su ocurrencia. Los especialistas del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera e Isabel Bernal, publicaron en 2005 el análisis 'Distribución espacial de áreas de ruptura y lagunas sísmicas en el borde oeste del Perú', donde identificaron un segmento susceptible de 150 kilómetros frente a la costa iqueña. Aunque la investigación no determinó fecha ni hora exacta del evento, reconoció de forma anticipada la vulnerabilidad de esa zona ante un movimiento de gran magnitud.

Pisco ha crecido en su periferia, pero las heridas están presentes en la caleta de San Andrés, Pisco Playa o el propio centro de la ciudad. Foto: AFP
¿Qué zona sísmica identificó la ciencia dos años antes del terremoto en Pisco?
Dos años antes del desastre de 2007, un estudio del Boletín de la Sociedad Geológica del Perú reconstruyó el historial tectónico del país a partir de su catálogo histórico. En dicha investigación, los especialistas Hernando Tavera e Isabel Bernal advirtieron sobre franjas inactivas situadas entre antiguos epicentros, a las cuales definieron como “posibles áreas propensas a ser afectadas por un sismo”. Los expertos detectaron un peligroso vacío de 150 kilómetros atrapado justamente entre las fracturas provocadas por los movimientos de 1974 y 1942/1996.
El estudio preliminar no nombró la zona de peligro de forma directa como Pisco, sino que delimitó su extensión física en el sur limeño y el norte iqueño. La técnica empleada por el IGP priorizó la localización de vacíos tectónicos en lugar de calcular una fecha exacta para un eventual choque de placas. Meses previos al desastre, en octubre de 2006, un movimiento telúrico de magnitud 6,4 ocurrió a 90 kilómetros al oeste de Pisco, lo que reconfirmó la fragilidad del bloque ubicado entre los episodios destructivos del pasado.

La zona de Pisco no liberó toda su energía acumulada y sigue formando parte de la gran brecha sísmica de la costa central.
Tras la catástrofe de hace 19 años, las evaluaciones del IGP revelaron que el epicentro y las réplicas ocuparon con exactitud el tramo desprovisto de actividad telúrica previa. Reportes oficiales posteriores reconocieron que el análisis de Tavera y Bernal expuso “un área de 150 km ubicada frente a la ciudad de Pisco que debería experimentar ruptura en el futuro”. La evidencia confirma que la geofísica delimitó tres lagunas sísmicas de mayor riesgo, aunque la capacidad técnica de la época impedía predecir el momento exacto del movimiento telúrico.
¿Qué otras lagunas sísmicas activas amenazan el sur peruano, según estudio?
El estudio de Tavera y Bernal identificó un segundo sector de 90 kilómetros ubicado entre las rupturas de 1942/1996 y 2001, al sur de Ica. Los científicos determinaron que este espacio intermedio requiere vigilancia permanente ante el riesgo inminente de originar movimientos telúricos de gran magnitud en el margen de subducción.

Hernando Tavera, presidente del Instituto Geofísico del Perú (IGP), ha advertido que la región de Ica se encuentra dentro de la gran laguna sísmica de la costa central del Perú. Ilustración LR/AFP/ChatGPT
El tercer tramo abarca 150 kilómetros frente a Moquegua y Tacna, el cual se conecta con un segmento de 500 kilómetros en el norte de Chile. Esa zona geográfica, situada al sur de la falla de 2001, guarda relación histórica con el devastador terremoto chileno de 1877, según precisa la investigación del 2005.
El Instituto Geofísico del Perú (IGP) actualizó esos datos en 2020 mediante tecnología GPS, sismicidad y deformación cortical. Tavera advierte dos escenarios potenciales de peligro: Ica-Arequipa con un evento proyectado de magnitud 7,9 y Moquegua-Tacna con uno de 8,2. "Se trata de escenarios científicos de peligro y no de predicciones con fecha determinada", precisó.
¿Qué lecciones dejó el terremoto de Pisco y qué peligro amenaza a Lima?
La catástrofe de 2007 evidenció que la magnitud del desastre guarda relación directa con la fragilidad de las edificaciones y la prevención ciudadana. Hernando Tavera cuestionó el aprendizaje real tras la tragedia. "La población ha persistido en construir sus viviendas en los mismos lugares y en iguales condiciones", advirtió en un análisis del Instituto Geofísico del Perú (IGP) hace seis años.

Un sismo de 7.9 destruyó la mayor parte de la infraestructura de la ciudad de Pisco y dejó un saldo de 596 fallecidos en 3 regiones. Foto: AFP
La capital peruana y el primer puerto constituyen una zona de alta preocupación científica. Investigaciones del IGP identificaron en 2020 un sector de acoplamiento de placas de 460 por 150 kilómetros frente a sus costas, donde la fricción entre Nazca y Sudamérica acumula energía. Ese modelo sugiere que una fractura completa desencadenaría un evento de magnitud 8,8, similar al histórico megasismo que devastó la región central en 1746.
Catalogar un movimiento de gran escala como inminente exige prudencia. La geofísica determina con precisión los puntos de tensión acumulada y proyecta intensidades posibles, pero carece de capacidad para señalar la fecha exacta de un colapso. Esa realidad quedó demostrada dos años antes del desastre iqueño, cuando los expertos mapearon la laguna sísmica sin poder anticipar el momento de la ruptura, un antecedente que demanda reducir riesgos con urgencia.























