China lleva 50 años plantando árboles en el desierto de Taklamakán: ahora los satélites muestran que el paisaje absorbe más carbono del que libera
Los científicos comenzaron a ver los resultados inclusive desde el espacio en uno de los lugares más secos de la Tierra.
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Uno de los desiertos más grandes y áridos del planeta está experimentando una importante transformación ambiental. Tras casi cinco décadas de trabajos de restauración vegetal, algunas zonas del desierto de Taklamakán, en el noroeste de China, parecen estar absorbiendo más dióxido de carbono del que liberan.
La iniciativa comenzó en 1978 como parte del ambicioso programa conocido como la Gran Muralla Verde de China. En un principio, el objetivo no era combatir el cambio climático, sino frenar la desertificación, estabilizar las dunas y proteger las zonas habitadas y agrícolas frente a las tormentas de arena.
La Gran Muralla Verde transformó los márgenes del desierto
Después de 46 años de trabajos, en 2024 se completó un cinturón verde de unos 3.000 kilómetros alrededor del Taklamakán. Para conseguir que árboles, arbustos y otras especies vegetales sobrevivieran en un entorno extremadamente árido, los proyectos de restauración dependieron en buena medida de la disponibilidad de agua procedente de las regiones montañosas cercanas.
El resultado de estas décadas de intervención ya puede observarse incluso desde el espacio. Investigadores de Estados Unidos y China analizaron observaciones satelitales y datos obtenidos en tierra para estudiar las concentraciones de dióxido de carbono, la cobertura vegetal y las condiciones climáticas de la región.
Los resultados muestran un aumento a largo plazo tanto de la superficie cubierta por vegetación como de la actividad fotosintética, especialmente en los márgenes del desierto, donde se concentró buena parte de los trabajos de restauración.
La vegetación está modificando el balance de carbono
Durante la estación más húmeda, entre julio y septiembre, el incremento de la vegetación estuvo relacionado con una reducción de aproximadamente tres partes por millón (ppm) de CO₂ atmosférico respecto a la estación seca. Para los investigadores, esta variación coincide en el tiempo y el espacio con la expansión de la vegetación y las intervenciones realizadas durante las últimas décadas.
Los datos apuntan así a que determinadas zonas restauradas del Taklamakán han pasado a comportarse como sumideros de carbono, es decir, áreas que absorben más dióxido de carbono del que liberan.
Sin embargo, esto no significa que todo el desierto se haya convertido en un enorme sumidero de carbono. Los efectos más destacados se concentran en las zonas donde aumentó la cobertura vegetal, especialmente alrededor de los márgenes del desierto.
Los científicos también advierten que el caso del Taklamakán no constituye una solución que pueda trasladarse automáticamente a cualquier región desértica. La disponibilidad de agua es un factor determinante para mantener la vegetación y, por tanto, para conservar su capacidad de absorber carbono. Además, calcular con precisión cuánto CO₂ queda almacenado a largo plazo sigue siendo un desafío científico.
El experimento chino muestra, no obstante, que décadas de restauración vegetal pueden modificar de forma significativa el funcionamiento ambiental de una de las regiones más áridas del planeta.



















