Científicos vertieron 30 camiones de pulpa de café en un terreno seco de Costa Rica: 2 años después, el paisaje era irreconocible
Este método abordó la gestión de residuos agroindustriales y la recuperación de terrenos, aunque los científicos sugieren más estudios antes de su implementación a gran escala.
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En 2018, Costa Rica sirvió de escenario para un experimento de restauración ecológica mediante residuos agrícolas. Investigadores de la Universidad de Hawái en Mānoa, encabezados por Rebecca J. Cole y Rakan A. Zahawi, depositaron decenas de camiones con pulpa de café sobre un suelo degradado del sur costarricense con el fin de acelerar la regeneración del bosque tropical. Los hallazgos de ese proyecto pionero aparecieron publicados en la revista Ecological Solutions and Evidence.
La estrategia abordó un obstáculo frecuente en terrenos abandonados tras su explotación ganadera o de cultivo, donde pastizales invasores bloquean la germinación nativa durante años. En la zona de Coto Brus, donde trabajos previos señalaron a la densidad de hierbas como un factor crítico para el desarrollo forestal, los científicos validaron esa solución económica y directa que aprovecha un abundante subproducto cafetalero.
¿Qué sucedió 2 años después de arrojar toneladas de desechos de café en un suelo degradado de Costa Rica?
En marzo de 2018, un equipo científico depositó 30 camiones (unos 360 metros cúbicos) de pulpa de café fresca en la Reserva Biológica Sabalito, Costa Rica. Los expertos distribuyeron esta masa vegetal sobre una antigua finca de 35 por 40 metros para crear un manto orgánico de medio metro de espesor. Asimismo, mantuvieron una parcela contigua intacta como referencia para evaluar los cambios microbiológicos y el impacto real del experimento.
La estrategia buscaba asfixiar los pastos invasores y nutrir el sustrato mediante la descomposición del residuo agrícola. Tras 24 meses de monitoreo, la tierra tratada multiplicó sus niveles de carbono, nitrógeno y fósforo. Además, el bloqueo de hierbas dañinas permitió la germinación espontánea de árboles pioneros, arbustos y diversas especies herbáceas nativas que revitalizaron el ecosistema.
Los datos finales expusieron un contraste contundente frente al área de control. La zona con el abono presentó una densidad de tallos leñosos 20 veces mayor, un área basal 30 veces superior y un dosel de vegetación cuatro veces más alto. "Los resultados fueron espectaculares", señaló Cole al presentar los hallazgos; no obstante, la comunidad investigadora sugiere replicar la prueba en otros territorios antes de extrapolar sus conclusiones a escala masiva.
¿Cómo ayuda el reciclaje de residuos agrícolas y mineros a restaurar suelos degradados?
El método resuelve simultáneamente dos desafíos ecológicos: la gestión masiva de desechos agroindustriales y la recuperación de terrenos con regeneración lenta. Al respecto, la biomasa cafetalera contiene carbohidratos, proteínas y lignina que, sin tratamiento adecuado, contaminan el entorno; por ello, los investigadores proponen vincular este subproducto con proyectos ambientales para ofrecer una alternativa económica frente a intervenciones intensivas. No obstante, recalcan que todavía se necesitan estudios para determinar las cantidades óptimas, posibles impactos y lugares donde esta técnica resulta apropiada.
Esa estrategia tiene un precedente directo en el Área de Conservación Guanacaste, Costa Rica, donde en 1998 se depositaron 12.000 toneladas métricas de restos de naranja sobre tres hectáreas de pastizales deteriorados. Tiempo después, los científicos constataron que el tratamiento aceleró la recuperación del bosque seco tropical, desarrollando mayor vegetación que el área sin intervenir.
El aprovechamiento de materia orgánica abarca también la minería mundial. En Nueva Gales del Sur, Australia, un ensayo en terrenos de carbón comprobó que el compost municipal favorece las especies nativas; asimismo, en Misuri, Estados Unidos, el uso de biosólidos y cal mejoró la fertilidad y retención de agua en suelos alterados. Sin embargo, esas aplicaciones confirman que no hay una solución universal, ya que el material, la dosis, la contaminación presente y las características de cada ecosistema deben evaluarse científicamente antes de aplicar estas estrategias a gran escala.






















