Unos científicos abrieron un huevo fósil esperando encontrar un embrión de dinosaurio, pero descubrieron un tesoro brillante de 70 millones de años
Se cree que el huevo encontrado en un yacimiento en China pertenecía a una especie bípeda con pico de pato.
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Tras analizar uno de los fósiles de huevo del Cretácico tardío en China, los paleontólogos no encontraron restos embrionarios ni sedimentos, sino un interior revestido de minerales cristalizados. Según un estudio publicado en Journal of Palaeogeography, el huevo de dinosaurio se transformó en una geoda natural: una cavidad rocosa cerrada cuyas paredes están tapizadas de cristales.
El ejemplar procede de la Formación Chishan, en la cuenca de Qianshan, y permitió identificar una nueva especie de huevo: Shixingoolithus qianshanensis. Un estudio de la Universidad de Anhui determinó que tiene alrededor de 70 millones de años y confirmó su origen gracias al análisis de la microestructura de la cáscara.
¿Cómo se formaron los cristales dentro del huevo?
Para que se formen cristales dentro de un huevo fósil, se requiere un proceso gradual. Primero, el embrión se descompone y deja la cáscara vacía. Luego, el agua subterránea entra lentamente por microporos y fisuras y, con el tiempo, los minerales disueltos se precipitan para formar cristales de calcita que recubren el interior.

Huevo de dinosaurio cristalizado en su interior. Foto: IFL Science
Ese proceso conserva información valiosa. La microestructura de la cáscara distingue los huevos de dinosaurio de los de reptiles o aves actuales. Además, la química de los cristales registra datos sobre los fluidos que atravesaron el sedimento y sobre el ambiente del nido. Por esa razón, los investigadores consideran estos huevos archivos geológicos capaces de aportar pistas sobre humedad, enterramiento y condiciones del suelo.

Un huevo de dinosaurio cristalizado en su interior. Foto: Science Direct
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La utilidad de estos cristales va más allá de la conservación. En 2024, un equipo publicó en Frontiers in Earth Science un método para fechar huevos mediante uranio-plomo, gracias a trazas de uranio presentes en el carbonato de calcio. El análisis de un conjunto de 28 huevos del yacimiento de Qinglongshan arrojó una edad de 86 millones de años.
Esa datación directa permitió relacionar la porosidad de las cáscaras con el enfriamiento global del Cretácico tardío. Un mayor número de poros indica ajustes a cambios de temperatura, humedad o profundidad del nido. Hasta ahora, la edad de los huevos se estimaba por rocas cercanas o cenizas volcánicas, métodos menos precisos. La nueva técnica ofrece un marco más sólido para estudiar la reproducción de los dinosaurios y su respuesta a un planeta en transformación, incluso cerca del límite cretácico-paleógeno.
El yacimiento de Qinglongshan es la primera reserva nacional de fósiles de huevos de dinosaurio de China. Allí se han encontrado más de 3.000 huevos dispersos por todo el paisaje. Corresponden principalmente a una sola especie, Placoolithus tumiaolingensis, gran parte de la cual ha sido estudiada por paleontólogos. Cada año, recolectan alrededor de 100 nuevas muestras de cáscaras de huevo de dinosaurio para su análisis, y se rumorea que podría haber noticias importantes en el futuro.





















