Geólogos descubren una rara clase de terremotos en las profundidades del manto terrestre y que no debería existir
Un nuevo estudio revela que un terremoto de 1979 en Estados Unidos ha llevado a replantear teorías sobre el interior de la Tierra, tras identificar una rara categoría de sismos.
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Un pequeño terremoto registrado hace casi medio siglo en Utah llevó a la comunidad científica a replantear algunas ideas sobre el comportamiento del interior de la Tierra. Tras revisar registros sísmicos históricos, un equipo de investigadores confirmó que aquel evento ocurrió a unos 90 kilómetros de profundidad, dentro del manto superior, una región donde los terremotos se consideran extremadamente inusuales.
El hallazgo permitió identificar una rara categoría de fenómenos sísmicos conocidos como terremotos del manto continental. Estos eventos ocurren mucho más abajo de donde se originan la mayoría de los sismos y surgen en condiciones de temperatura y presión que, según los modelos geológicos tradicionales, dificultan la ruptura repentina de las rocas.
Datos revelan un patrón
La historia comenzó el 24 de febrero de 1979 cerca de Randolph, una localidad situada en el norte de Utah, próxima a las fronteras con Idaho y Wyoming. Aunque el terremoto alcanzó una magnitud de 3.8, ninguna persona reportó haberlo sentido. Sin embargo, sus registros sísmicos llamaron la atención de los especialistas.

Mapa de la región del cratón del suroeste de Wyoming. Foto: The Seismic Record
En aquella época, el investigador George Zandt, entonces asociado a la Universidad de Utah, examinó las señales registradas por los instrumentos y calculó que el origen del movimiento se encontraba a unos 90 kilómetros bajo la superficie. La profundidad resultó tan inesperada que muchos expertos recibieron el hallazgo con escepticismo.
Décadas después, un grupo liderado por el geólogo Keith Koper volvió a estudiar los datos originales junto con otros ocho terremotos profundos detectados en el norte de Utah y el suroeste de Wyoming. El análisis confirmó que los nueve eventos se produjeron debajo de la corteza terrestre, lo que aportó una sólida evidencia de que no se trataba de un caso aislado.
La investigación ganó aún más relevancia tras un nuevo terremoto ocurrido el 10 de septiembre de 2025 cerca de Maeser, en la cuenca de Uinta. Ese evento alcanzó una magnitud de 4.1 y se originó a unos 68 kilómetros de profundidad.
Terremoto en un entorno inusual
Los terremotos convencionales suelen producirse en zonas relativamente frías y rígidas de la corteza terrestre. En cambio, estos eventos ocurren en regiones donde las temperaturas pueden superar los 700 grados Celsius y las presiones son extremadamente elevadas.
A esas profundidades, los materiales rocosos normalmente cambian de forma de manera lenta, similar al comportamiento de una sustancia viscosa durante millones de años. Por esa razón, los científicos consideran sorprendente que se acumulen tensiones capaces de generar una ruptura sísmica.
"Este es un ejemplo de un terremoto que se origina en condiciones muy inusuales. La temperatura es alta, la presión también, y casi todo el material a esa profundidad fluye lentamente. Sin embargo, aun así pueden producirse fracturas", explicó Keith Koper, director de las Estaciones Sismográficas de la Universidad de Utah.
Un tipo diferente de terremoto
Los investigadores identificaron varias características que distinguen a estos terremotos profundos de los sismos habituales. Una de las más llamativas es que suelen ocurrir de forma aislada, sin las secuencias de réplicas o temblores previos que acompañan a muchos eventos superficiales.
Otra particularidad aparece en su ubicación. Los terremotos se concentran cerca del borde occidental del Cratón de Wyoming, una antigua estructura geológica que se extiende bajo parte del oeste de Estados Unidos. Los científicos comparan este bloque rocoso con la quilla de un barco que se adentra en el manto terrestre.
Según la hipótesis planteada por el equipo, el flujo lento del manto choca contra esta enorme estructura y se desvía a su alrededor. Ese proceso genera deformaciones y tensiones adicionales que podrían favorecer la aparición de estos extraños terremotos a profundidades donde pocos especialistas esperaban encontrarlos.


































