Un animal marino desconcierta a científicos por su increíble capacidad: se decapita y vuelve a crecer desde la cabeza
Investigaciones sugieren que la autotomía controlada podría ayudar a combatir parásitos y maximizar el éxito reproductivo. Elysia marginata plantea interrogantes sobre la biología evolutiva.
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En los océanos tropicales, un molusco extraordinario llamado Elysia marginata capturó la atención de biólogos por su capacidad de realizar autotomía extrema y regenerarse por completo. Esta babosa marina puede separar voluntariamente su cabeza del resto del cuerpo, dejando atrás órganos vitales como el corazón, y aun así reconstruir un cuerpo nuevo, según estudios realizados en Japón.
La supervivencia de la cabeza se sustenta en un fenómeno conocido como kleptoplastia. La babosa incorpora cloroplastos de las algas que consume, principalmente del género Bryopsis, en sus células, lo que le permite generar energía a partir de la luz solar. Aunque no realiza fotosíntesis de manera autónoma, este mecanismo le da tiempo para moverse, alimentarse y regenerar el cuerpo perdido.
Experimentos revelan la asombrosa regeneración
Investigaciones de laboratorio mostraron que, tras la autotomía, la cabeza de individuos jóvenes de E. marginata cerraba la herida en un día y comenzaba a alimentarse en pocas horas. Sorprendentemente, el corazón se regeneraba en siete días y todo el cuerpo se reconstruía en unas tres semanas. Los cuerpos desprendidos, por su parte, no regeneraban la cabeza y finalmente se descomponían.
En un estudio paralelo con Elysia atroviridis, algunos individuos también se autotomizaron y regeneraron partes del cuerpo, especialmente para eliminar parásitos internos. Los científicos sugieren que esta “autotomía parasitaria” aumenta el éxito reproductivo del animal, además de representar una estrategia defensiva controlada.
Un mecanismo único de supervivencia
La kleptoplastia permite que la cabeza sobreviva sin órganos vitales, aprovechando los cloroplastos de las algas ingeridas. La glándula digestiva de la babosa se extiende por la mayor parte del cuerpo, incluida la cabeza, y mantiene activos los cloroplastos, aportando energía para regeneración y movimiento mientras se reconstruye el cuerpo.
Aunque la función exacta de la autotomía extrema aún no está del todo clara, los científicos consideran que combina protección frente a parásitos, control intrínseco de la pérdida de partes corporales y resiliencia biológica. Este comportamiento convierte a E. marginata en un modelo único para la biología evolutiva y regenerativa, planteando interrogantes sobre los límites de la autonomía corporal y la cooperación entre órganos vegetales y animales en ecosistemas marinos.
Un ejemplo de adaptación extrema
Elysia marginata habita aguas someras del Indo-Pacífico, donde su color verde con bandas y manchas se debe a los cloroplastos incorporados. Su dieta de algas le permite mantener la autotrofia parcial necesaria durante la regeneración, un rasgo excepcional que refleja la adaptación y resiliencia biológica del reino animal.
Los investigadores resaltan que esta especie y sus congéneres representan un nuevo tipo de autotomía extrema, distinta de la que se observa en otros animales como lagartos, planarias o asteroideos, ya que permite sobrevivir incluso tras perder órganos esenciales. Esta característica abre la puerta a estudios sobre regeneración completa, evolución de la autotomía y aplicaciones biomédicas futuras.


































