China plantó 78.000 millones de árboles y, sin querer, afectó el agua del país
El aumento de las plantaciones, aunque estabiliza dunas, también provoca un desplazamiento de la humedad hacia la meseta tibetana, lo que puede intensificar el desequilibrio hídrico.
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China completó hace casi dos años el proceso de plantación en el borde sur del desierto de Taklamakán y selló un cinturón verde de 3.046 kilómetros cuya creación tomó 46 años. La obra marcó uno de los hitos más visibles del Programa de Protección de los Tres Cinturones del Norte, iniciado en 1978 para combatir la desertificación.
El proyecto se extenderá hasta 2050, pero la finalización del cinturón verde representó un importante punto de inflexión en la estrategia ambiental china. Nuevas investigaciones sugieren que la magnitud de la infraestructura ya modifica los patrones climáticos en el interior del país.
Un estudio, publicado en ScienceDirect, analizó estos cambios masivos en la vegetación entre 2001 y 2020. Científicos de la Universidad de Tianjin, la Universidad Agrícola de China y la Universidad de Utrecht midieron su impacto directo en la distribución del agua.
¿Cómo la vegetación desplaza el agua?
Desde comienzos de la década de 1980, China ha plantado alrededor de 78.000 millones de árboles en sus regiones septentrionales más vulnerables. Este esfuerzo masivo permitió aumentar la cobertura forestal nacional, que pasó de cerca del 10% en 1949 al 25% en 2024. La expansión de las áreas verdes ayudó a estabilizar dunas móviles, reducir las intensas tormentas de arena y ampliar la capacidad regional de almacenamiento de carbono.
Sin embargo, los árboles también extraen enormes cantidades de humedad del suelo. A través de pequeños poros en sus hojas, liberan esa agua nuevamente a la atmósfera mediante un proceso conocido como evapotranspiración. A la escala en la que el país asiático realizó estas plantaciones, este fenómeno colectivo es lo suficientemente grande como para alterar el recorrido de las precipitaciones regionales.
El estudio analizó tanto la zona influenciada por el monzón oriental como el árido noroeste del país. En conjunto, estas dos macroregiones abarcan cerca del 74% de la superficie terrestre de China. En ambas áreas, el aumento de la cobertura arbórea redujo de forma significativa la disponibilidad local de agua. La humedad no desapareció del sistema climático, sino que las corrientes atmosféricas dominantes desplazaron el vapor hacia la meseta tibetana, que terminó recibiendo una mayor cantidad de agua.
El costo hídrico de la reforestación
La investigación reveló que los distintos cambios en el uso del suelo producen efectos hidrológicos muy diferentes. Esta dinámica quedó especialmente en evidencia al analizar iniciativas estatales como el proyecto 'Grain for Green'.
La conversión de pastizales áridos nativos en bosques artificiales incrementó tanto la evapotranspiración como las precipitaciones locales. Sin embargo, la disponibilidad total de agua en la región siguió disminuyendo. Esto se debe a que muchas de las especies no nativas utilizadas en las plantaciones consumen más agua del suelo de la que compensan las lluvias adicionales.
El norte de China concentra aproximadamente el 46% de la población del país y más de la mitad de sus tierras cultivables. Aun así, dispone de solo el 20% de los recursos hídricos naturales nacionales. Según los investigadores, continuar con proyectos masivos de reforestación en estas zonas sin monitorear el desplazamiento de la humedad podría agravar un desequilibrio hídrico que ya es considerado crítico.


































