Llegamos a la Luna y no volvimos: estas son las 5 razones por las que no hemos regresado en más de 50 años

La NASA tendrá su primera oportunidad del lanzamiento de la misión Artemis II el 1 de abril, lo que se convertirá en un nuevo viaje tripulado hacia el espacio.

El astronauta Harrison H. Schmitt,  junto al módulo lunar del Apolo 17. Foto: NASA
El astronauta Harrison H. Schmitt, junto al módulo lunar del Apolo 17. Foto: NASA

El 14 de diciembre de 1972, los astronautas del Apolo 17, Eugene Cernan, Ronald Evans y Harrison Schmitt, subieron al módulo lunar tras completar el último paseo sobre la Luna. Aquella misión marcó el cierre del programa Apolo y el fin de las expediciones tripuladas a nuestro satélite. Ahora, 53 años después de ese hecho histórico, persiste la pregunta de por qué la humanidad no ha vuelto a pisar su superficie.

El fin del proyecto con ese vuelo no fue ninguna sorpresa. El mismo ya se había reducido incluso antes del famoso primer paso de Neil Armstrong. Estados Unidos y la NASA habían ganado la carrera, y el entusiasmo del Congreso por financiar el costoso programa espacial se desvaneció tras el primer alunizaje. La guerra de Vietnam y los problemas internos del país pasaron a exigir dinero y atención.

El final de la Guerra Fría

Apolo no solo estuvo impulsado por el entusiasmo científico, sino que también formó parte de la lucha de poder propia de la Guerra Fría. La competencia con la Unión Soviética llevó a EE. UU. a invertir enormes recursos en tecnología. Una vez alcanzado el objetivo de llegar primero, la presión disminuyó y, con ella, también se desvaneció la motivación política para continuar con las misiones tripuladas.

Eugene Cernan en el LM, Apolo 17 en 1972. Foto: NASA

Eugene Cernan en el LM, Apolo 17 en 1972. Foto: NASA

Los costos para ir a la Luna

Regresar al satélite nunca ha sido técnicamente imposible, pero sí muy costoso. A comienzos de la década de 1970, la NASA llegó a requerir cerca del 4% del presupuesto federal del país. Sin embargo, a partir del año 2000, se había reducido alrededor del 0,4%.

Huella de uno de los primeros pasos en la Luna, dejada por Buzz Aldrin durante la misión Apolo 11. Foto: NASA

Huella de uno de los primeros pasos en la Luna, dejada por Buzz Aldrin durante la misión Apolo 11. Foto: NASA

Los presupuestos limitados obligan a priorizar. Tras la finalización del programa Apolo, los recursos se redirigieron al desarrollo del transbordador espacial, cuyo primer vuelo tuvo lugar en 1981. El fin era crear una nave reutilizable capaz de transportar tripulaciones y cargas útiles a la órbita terrestre a un costo menor que los cohetes desechables.

Después del transbordador, otros grandes proyectos absorbieron una parte significativa del presupuesto de la agencia, entre ellos la Estación Espacial Internacional (EEI) y el Telescopio Hubble. A partir de 2010, centró sus esfuerzos en el desarrollo del cohete SLS y la nave Orión, concebidos para futuras misiones de exploración profunda.

Cambios de objetivos

Los programas espaciales son a largo plazo, pero el clima político en Estados Unidos cambia muy rápido. Cada administración ha traído consigo nuevas prioridades, lo que ha llevado a la cancelación o reorientación. Por ejemplo, la visión de George W. Bush de una base lunar fue reemplazada por un proyecto de asteroides durante la presidencia de Barack Obama, que a su vez fue abandonado por Donald Trump tras el lanzamiento del programa Artemis.

Los cambios constantes de prioridades ralentizan el desarrollo y resultan costosos. Business Insider estimó en 2017 que la NASA había desperdiciado unos US$20.000 millones en tan solo unos años.

La Luna ya no interesa

La conquista nunca fue la meta soñada en el país. Cuando EE. UU. fue declarado ganador de la carrera en 1969, solo el 53% de los estadounidenses consideró que el proyecto valía la pena. La opinión pública casi no ha cambiado desde entonces. En una encuesta de 2023 del Pew Research Center, solo el 12% creía que enviar astronautas al espacio era la máxima prioridad. El apoyo a las misiones a Marte era del 11%.

El 45% de los encuestados pensaba como importantes los vuelos tripulados a la Luna y Marte, pero casi la misma cantidad no los veía como esenciales.

En cambio, las personas consideraron más importantes los temas que les afectaban, como el monitoreo de asteroides que amenazan la Tierra (el 60% lo consideró una prioridad absoluta) y la investigación del sistema climático (el 50%). A continuación, se encontraba la investigación básica sobre el espacio y la difusión de tecnología de vanguardia para un uso más generalizado.

Un estudio publicado a principios de este otoño reveló diferencias culturales en la búsqueda de cuerpos celestes. En los países en desarrollo con capacidad espacial, alcanzarla era más importante que en Estados Unidos, que ya la ha conquistado.

La pérdida de infraestructura

Tras la finalización del programa Apolo, gran parte de su infraestructura fue desmantelada y los expertos se dedicaron a otras tareas o se jubilaron. La documentación solía estar incompleta y no se mantuvo la continuidad tecnológica.

Sin embargo, lo más importante era la necesidad de tener una nave. El cohete Saturno V se retiró y el transbordador no tenía cómo llegar a la Luna.

La obsolescencia técnica también es evidente en los trajes espaciales. Los utilizados en la EEI se basan en tecnología de la década de 1980. Estos no son aptos para otro regreso, y el desarrollo de la próxima generación ha resultado costoso y difícil.

La nueva competencia

El programa Artemis de la NASA se ha convertido en el último proyecto que busca el regreso tripulado a la Luna para asentar bases permanentes. La agencia espacial anunció que enviará a un grupo de astronautas en un viaje de diez días alrededor del satélite a partir del 1 de abril de 2026.

China y Rusia no se quedan atrás y podrían considerarse un competidor de EE. UU. Ambos países anunciaron la construcción de la Estación Internacional de Investigación Lunar, cuyos fines son similares a los de Artemis.

China ha anunciado su objetivo de enviar astronautas antes de 2030. Rusia, por su parte, continúa su propia contribución a la exploración a través de su programa Luna. Los próximos módulos de aterrizaje Luna 27 y Luna 28 tienen como meta cartografiar y tomar muestras de las regiones polares del sur. Además, China y Rusia planean instalar una central nuclear el satélite en los próximos 20 años.

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