
El Complejo Deportivo Manuel Bonilla no volvió a abrirse tras su cierre. En lugar de ello, se fue vaciando de gente, de uso y de mantenimiento. Cuando La República visitó el lugar en noviembre pasado, documentó un escenario de abandono: el coliseo clausurado por deterioro estructural, la cancha de fútbol convertida en una explanada de tierra y el predio utilizado como estacionamiento, depósito y punto de descarga municipal.
En ese informe previo, la gestión del alcalde Carlos Canales, allegado a Rafael López Aliaga y miembro de Renovación Popular, negó que el recinto fuera usado como botadero de desmonte, pese a los registros gráficos obtenidos por este medio. Solo después de la difusión de las imágenes, un vocero municipal reconoció el uso del espacio como "punto de acopio temporal de tierra".
Hoy, ese mismo abandono es el telón de fondo de una nueva decisión municipal: la eventual concesión del Bonilla a una iniciativa privada para el desarrollo de un centro de convenciones o una sala de usos múltiples. La propuesta ha reactivado un conflicto con los vecinos, que esperaban la recuperación del espacio deportivo.
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“El 23 de diciembre, en la última sesión de concejo del año, nos dimos con la sorpresa de que había un proyecto privado en marcha”, relata el regidor Renato Otiniano. Según explicó, se trata de una expresión de interés presentada en 2024, pero recién un año después puesto en conocimiento del pleno. “La Municipalidad demoró todo un año en hacer el análisis y lo presenta con premura y sin información suficiente”, cuestiona.
El proyecto plantea entregar el complejo —inaugurado hace más de tres décadas por el entonces alcalde Alberto Andrade— a un operador privado mediante una concesión de largo plazo. Para Otiniano, el problema no es solo la modalidad, sino el destino del espacio. “Es un lugar emblemático, deportivo por naturaleza. El vecino esperaba su recuperación, no enterarse de que se va a entregar al privado”, sostiene.
Todos recuerdan a Rafo León por su paso por la televisión, recorriendo el país en un programa de viaje que lo llevaron a conocer cada región del Perú. Hoy tiene 75 años, un andar más lento y sus días repartidos entre el arte y la observación crítica de la ciudad que ama. Desde Miraflores, distrito en el que ha vivido casi toda su vida, observa con pesar la gestión municipal actual y el rumbo que ha tomado el Bonilla.
“Cuando el Bonilla funcionaba como centro deportivo, congregaba jóvenes de todo Lima. Si alguien pierde acá, no pierden solo los miraflorinos, pierde toda la ciudad”, dice. Para León, el complejo cumplía una función integradora que ayudaba a desmontar la idea de un Miraflores pituco, cerrado o clasista.
Aunque desde la municipalidad se ha señalado que el proyecto permitiría eventualmente usos deportivos, León cuestiona que una concesión privada preserve el carácter público del lugar. “Privado significa que tienes que pagar o hacerte socio. Y eso no se ha aclarado. Primero se habló de un centro de convenciones; cuando hubo rechazo, se cambió el discurso. No se sabe hacia dónde va”, afirma.
Otiniano coincide en que el acceso es el punto crítico. “Al privado se le pide invertir cerca de 50 millones de dólares. La pregunta es si el vecino que antes usaba libremente el espacio va a poder pagar un ticket para jugar. Un equipo barrial no puede pagar 500 u 800 dólares”, advierte.
Renzo Medina, vecino y deportista, recuerda al Bonilla como uno de los pocos espacios municipales disponibles para el deporte. “Era un lugar donde jóvenes y adultos venían a compartir, a hacer actividad sana. Eso es lo que la municipalidad está obligada a promover”, dice.
El rechazo vecinal no se explica solo por la concesión, sino por el camino previo. El abandono prolongado del complejo fue documentado por La República un mes antes de que la iniciativa privada fuera puesta en conocimiento del concejo. Para los vecinos, esa secuencia resulta determinante.
“Algo se tenía que hacer, claro”, reconoce Medina. “Pero no la solución más fácil: dárselo a un privado para que lucre. La municipalidad no debió dejar que esto llegue a ser una ruina”.
De acuerdo con el expediente presentado a la Municipalidad de Miraflores, la iniciativa privada del Grupo Fast de origen brasilero, propone desarrollar un “Centro de Convenciones Miraflores” bajo la figura de Proyecto en Activos, con un plazo de hasta 20 años. El documento plantea una inversión superior a S/ 148 millones, la incorporación de estacionamientos, áreas comerciales y espacios multiusos, y una retribución económica anual para el municipio.
El expediente establece que el proyecto se ejecutaría sobre predios de propiedad municipal —los sublotes 8A y 8B del complejo Bonilla— y que la recuperación de la inversión quedaría a cargo del privado. No precisa, sin embargo, cómo se garantizaría el acceso libre o a bajo costo a los espacios deportivos que históricamente funcionaron en el lugar.
Para León, este enfoque resume la actual gestión municipal. “Se deja caer el espacio y luego se presenta la privatización como salvación”, señala, crítico del gobierno local encabezado por Canales. A su juicio, el Bonilla podría reconvertirse en un espacio inclusivo, con danzas costumbristas, deporte y actividades culturales accesibles, al servicio de toda la ciudad.
Otiniano añade que la situación se agrava por la falta de alternativas deportivas en el distrito. El complejo Chino Vázquez también permanece cerrado y, aunque la municipalidad ha mencionado un futuro complejo deportivo en la playa Los Delfines, este aún no existe. “¿Dónde hace deporte el vecino?”, cuestiona.
Mientras tanto, vecinos de la zona han comenzado a organizarse bajo la consigna Salvemos al Bonilla. No rechazan toda inversión privada, insisten, pero sí una que limite el acceso ciudadano a un espacio concebido como público. “Queremos claridad y ser escuchados”, resume Otiniano. “Que el proyecto beneficie al vecino, no solo al privado”.
Medina es más directo: “La gestión pasa, los vecinos nos quedamos. El poder siempre lo va a tener el ciudadano”. En el Bonilla, hoy cercado y deteriorado, la discusión ya no es solo sobre un centro de convenciones, sino sobre el rumbo de la gestión municipal y el futuro de uno de los principales espacios deportivos públicos de Miraflores

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