
Camisa arremangada y jean, fotos cerca de los penales y, más recientemente, un corte militar. José Jerí conoce qué elementos resaltar con el objetivo de transmitir un mensaje a la ciudadanía. Mientras los resultados no estén de su lado, la creación de una narrativa favorable puede ayudar a mitigar los riesgos. Con casi tres meses en el Gobierno, Jerí ha procurado utilizar todos los canales a su favor, con la esperanza de que la imagen que construye pueda augurarle buenos resultados en las encuestas de aprobación de cada fin de mes.
A su favor juega un contraste notable: mientras Jerí busca sobrecomunicar con gestos, acciones y tuits, Boluarte, su antecesora, rara vez comunicaba algo más allá de lo superficial. Sus discursos y declaraciones desatinadas, así como su nulo trato con la prensa local, contribuyeron a que Boluarte proyectara una de las imágenes más indeseables para cualquier líder: la de una mandataria frívola y distante. Jerí, con sus bemoles, ha logrado conectar con una porción que hoy valida su mandato “a toda máquina”.
A los pocos días de asumir su mandato, Jerí atiende a las cámaras. La camisa blanca con jean y el caminar con los puños cerrados son enfocados por distintos medios de comunicación. La fotografía lo muestra junto a Óscar Arriola, jefe de la Policía Nacional del Perú (PNP), y a solo metros de los reos, que ahora posan también arrodillados frente a él. Esta imagen no es azarosa: Jerí sabe que la prioridad nacional es la lucha contra la delincuencia. Posa junto a la Policía, ejerciendo autoridad frente a los reos.
Esta estrategia no es novedosa en nuestra región. Ante el desborde criminal en Latinoamérica, la idea de que una autoridad debe proyectar fortaleza frente a los “enemigos de la patria” es un clásico del asesoramiento comunicacional político.
No fueron pocos los que señalaron que esta estética buscaba parecerse a la del presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Para el politólogo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), Alonso Cárdenas, este es un intento de Jerí por proyectar una imagen autoritaria y así transmitir la idea de que se está atacando a la delincuencia: “El afán de parecerse a Bukele nace de la demanda del Perú por seguridad. Bukele encarna esa seguridad. Bajo su mandato, El Salvador pasó de liderar los índices de homicidios a ser uno de los países más seguros de la región. Jerí busca parecerse, aun cuando esto no se condice con la realidad”, señala.
Y es que, en efecto, los datos contrarrestan los discursos y las acciones emprendidas por el presidente. Solo en su Gobierno, el promedio diario de homicidios ha sido de 5,55. Con tal cifra, Jerí incluso supera el ya cuestionable registro que llevaba Dina Boluarte, quien salió de Palacio de Gobierno con 5,25 asesinatos por día. Estos resultados han llevado a que uno de cada cuatro peruanos considere que la inseguridad ciudadana empeoró durante su gestión, según la más reciente encuesta del IEP para La República.
La realidad exige que el discurso se matice. Durante las últimas semanas, Jerí pasó de afirmar que vencería a la delincuencia a reconocer que, “por tema de tiempo”, no lograría “ganar” la lucha contra la inseguridad. La reacción fue inmediata: distintos sectores criticaron las declaraciones de Jerí, acusándolas de pasivas. Aquello pareció ser suficiente para que el presidente volviera a asegurar que sí “ganaría” al crimen: “Somos optimistas de que vamos a poder acabar con la delincuencia si seguimos el plan que vamos a presentar”, dijo, solo para cambiar nuevamente su postura días después.
Sobre estas aparentes contradicciones, Cárdenas considera que demuestran que el discurso de Jerí es vacío y que forman parte de una contradicción más básica y arraigada en el núcleo de los poderes del Estado: “No es posible vencer a la delincuencia cuando la delincuencia es parte del mismo Gobierno. La delincuencia ha aprobado leyes procrimen que han beneficiado a sicarios, terroristas y violadores de derechos humanos”.
Desde el inicio de su Gobierno, la relación entre Jerí y las redes sociales no pasó desapercibida. X (antes Twitter) parece ser su red social favorita. Su huella digital revelaba una serie de publicaciones con comentarios, cuanto menos, llamativos, en los que cosificaba a mujeres en distintas ocasiones. Esto no tardó en llamar la atención de la opinión pública. Posteriormente, el presidente optó por utilizar de manera constante X para comunicarse con los ciudadanos y responder a casi todas las publicaciones en las que se le alude.
Ciertamente, ningún otro mandatario había tenido una presencia de esta naturaleza en redes. “Busca cercanía con la población. Jerí quiere romper ese alejamiento que tenía Dina Boluarte, que vivía como María Antonieta, alejada de la ciudadanía. Pero esto no será consistente con la realidad a mediano plazo. (…) No hay política pública y el ciudadano no percibe que la situación mejore mínimamente”, señala Cárdenas.
Las respuestas a los ciudadanos suelen ser moderadas. Algunas, incluso, pecan de una naturalidad que puede percibirse como forzada y algo torpe. Recientemente, cuando se le pidió apoyo en una gestión ante EsSalud, el presidente respondió con un escueto “no responden”. La respuesta fue criticada por otros usuarios, incluidos algunos periodistas.
Es precisamente con la prensa con quien Jerí muestra su versión más enérgica. Rosa María Palacios, César Hildebrandt, Pedro Salinas, entre otros, son algunos de los periodistas que han recibido respuestas “poco amistosas” por parte del mandatario, en algunas de las cuales Jerí asegura que una opinión negativa es “un buen indicio del camino tomado”.
“Ese trato hostil se explica porque son figuras de la prensa que lo fiscalizan. Muestran datos, evidencias y cifras que desarman los mensajes para la tribuna y dislocan su discurso populista, demostrando que es, simplemente, un discurso vacío. Cuando este discurso es confrontado, Jerí tiende a atacar”, sostiene Cárdenas.
Para Cárdenas, la estrategia ha sido positiva para el Gobierno, aunque con un matiz importante: la vara estaba sumamente baja. “El balance es positivo si se observa la aprobación. Pero hay un detalle no menor: después del desastroso Gobierno de Dina Boluarte, cuya aprobación rozaba el margen de error, cualquier cambio iba a ser recibido favorablemente por la población. (…) El tiempo que le queda a Jerí es corto. Pero, en ese brevísimo lapso, podemos concluir que su estrategia ha sido positiva para él”.
El politólogo considera que esta forma de comunicar puede darle popularidad a Jerí, pero no por mucho tiempo si no se condice con acciones reales que modifiquen el panorama: “Es muy difícil sostener estas narrativas comunicativas efectistas cuando no hay sustancia detrás. Puede haber fuegos artificiales, pero la situación real de la población sigue deteriorándose. Lo ideal es que la estrategia comunicacional vaya acompañada de sustancia, de políticas públicas y decisiones importantes; pero eso parece no importarle al Gobierno de Jerí”, concluye.

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