
Los Emiratos Árabes Unidos confirmaron su salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a partir del 1 de mayo, en una decisión que golpea al bloque energético en medio de la guerra entre Irán y Estados Unidos.
La decisión emiratí llega en un momento de alta tensión en el mercado petrolero global. Mientras Abu Dabi busca ampliar su producción sin restricciones, Irán acumula millones de barriles sin una vía clara. Este doble movimiento altera la oferta de hidrocarburos, afecta la seguridad energética y eleva la presión sobre los precios en un contexto marcado por el cierre del estrecho de Ormuz.
La retirada de Emiratos Árabes supone un revés para la OPEP y, en particular, para Arabia Saudita. El grupo controla cerca del 36% de la producción mundial y casi el 80% de las reservas probadas. La partida del segundo mayor productor del bloque rompe parte de esa capacidad de coordinación.
El ministro de Energía, Suhail Al Mazrouei, explicó que la medida responde a una estrategia de largo plazo. "Esta no es una decisión política. Es puramente estratégica", afirmó. Además, subrayó que su país necesita actuar "sin restricciones" con el fin de ajustar su directriz energética.
Durante años, Abu Dabi presionó con el fin de elevar sus cuotas dentro del cartel. Las restricciones fijadas en torno a 3,2 millones de barriles diarios frenaban sus planes de expansión. Sin esas limitaciones, expertos señalan que la producción aumentaría de forma significativa en el mediano plazo, lo que reforzaría su papel como competidor en el mercado energético.
El conflicto con Estados Unidos ha golpeado directamente la capacidad exportadora de Irán. La obstrucción naval redujo las cargas de crudo desde más de 2 millones de barriles diarios a menos de 600.000 en cuestión de semanas, según datos citados en el estudio.
Ante la falta de acceso, Teherán optó por almacenar petróleo en condiciones precarias. Informes indican el uso de depósitos abandonados y contenedores en zonas como Ahvaz y Asaluyeh. Esta situación surge ante la necesidad de evitar el cierre de pozos, lo que afectaría la producción futura.
El cuello de botella se concentra en la isla de Kharg, responsable de más del 90% de las exportaciones. Analistas advierten que el espacio disponible se agotaría en pocos días si se mantiene la paralización.
El impacto de estos movimientos no se limita a Oriente Medio. Aunque Estados Unidos produce más petróleo del que consume, aún depende de importaciones para ciertos tipos de combustible.
La posible caída de los precios, derivada de una mayor oferta global si Emiratos Árabes aumenta su producción, podría reducir los ingresos de las compañías estadounidenses. Al mismo tiempo, la volatilidad del mercado complica la planificación de inversiones y operaciones.
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro de la crisis. Por esta vía transita cerca del 20% del petróleo mundial transportado por mar. Su bloqueo parcial eleva los costos de transporte, aumenta las primas de riesgo y genera incertidumbre en el suministro energético global.
Irán ha condicionado su reapertura a negociaciones más amplias con Washington, lo que mantiene en vilo a los mercados. El cierre no solo afecta la exportación iraní, también impacta la capacidad logística de toda la región.
En paralelo, expertos advierten que la salida de EAU podría incentivar a otros productores a abandonar la OPEP. "Si hay un momento para irse, es ahora", señaló a CNN Robin Mills, de Qamar Energy.





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