
La periodista estadounidense Shelly Kittleson fue secuestrada en Bagdad, Irak, horas después de recibir advertencias de seguridad. El subsecretario de Estado de Estados Unidos, Dylan Johnson, confirmó que se había cumplido con el deber de informar a la cronista, quien ha trabajado como reportera en el Medio Oriente y Afganistán, sobre las amenazas en su contra en varias oportunidades. “Seguiremos coordinando con el FBI para asegurar su liberación lo antes posible”, añadió.
Aunque no se ha confirmado la identidad de los secuestradores, el Gobierno de EE.UU. responsabiliza del hecho a Kataeb Hezbolá, una milicia históricamente acusada de atacar a intereses de Washington en la región y vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI).
El secuestro ocurrió cuando Kittleson caminaba por la calle Saadoun. Según reportes oficiales, dos hombres enmascarados se acercaron a la comunicadora y la forzaron a subirse a un vehículo plateado. Tras un breve forcejeo, el automóvil escapó rápidamente. Las fuerzas de seguridad lanzaron una persecución que culminó con el choque de uno de los vehículos de los secuestradores. Aunque se logró detener a uno de los implicados, otros lograron escapar con la joven en un segundo coche.
Kataeb Hezbolá, una milicia chiita respaldada por el régimen de Irán, aparece como el posible autor de la captura de Kittleson en territorio iraquí. El Departamento de Estado de EE.UU. clasifica a esta facción como terrorista debido a su historial de violencia y tácticas de inteligencia contra intereses occidentales.
Tras la invasión de 2003, el grupo consolidó su poder regional mediante ataques directos hacia personal extranjero, consolidándose como un brazo ejecutor de Teherán que utiliza la agresión armada para imponer su agenda política.
Según una fuente familiarizada con la advertencia, las autoridades estadounidenses le avisaron recientemente a Kittleson sobre planes de asesinato o rapto antes del incidente definitivo en territorio iraquí. Johnson recordó también que la embajada en Bagdad había emitido una alerta de nivel 4 a sus ciudadanos, incluidos los miembros de la prensa, aconsejando salir del país debido a los crecientes riesgos.
El Ministerio del Interior de Irak confirmó el rapto de Kittleson y destacó el operativo inmediato que resultó en la captura de un sospechoso y el decomiso de un vehículo vinculado al hecho. Por su parte, Hussein Alawi, asesor del primer ministro Mohammed Shia al-Sudani, ratificó la cooperación con Estados Unidos para resolver este caso crítico.
Mientras tanto, un funcionario de inteligencia iraquí reveló que las autoridades de Bagdad también habían sido informadas sobre el riesgo de secuestro por parte de milicias vinculadas a Irán. A pesar de los esfuerzos para protegerla, las amenazas se concretaron. Además, subrayó que la seguridad de los periodistas en su país es una preocupación constante, especialmente debido a la creciente influencia de grupos proiraníes en la región, lo que hace que situaciones como esta sean cada vez más comunes.
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Sara Qudah, directora del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), afirmó que el secuestro de la joven estadounidense constituye una grave violación de la seguridad de los comunicadores en Irak y advirtió que situaciones como esta podrían crear un clima de miedo que limite a los medios en la región. "Las autoridades iraquíes deben actuar rápidamente para garantizar su liberación", agregó.
El Club Nacional de Prensa se sumó para expresar su preocupación, calificando el hecho como "alarmante e inaceptable". En su comunicado, el grupo insistió en que los reporteros no deben ser considerados objetivos, subrayando que tratarlos como tales representa un ataque a la libertad de opinión en todo el mundo.
Al-Monitor, medio en el que Kittleson colabora, también condenó el caso y pidió que sea salvada cuanto antes. La organización destacó la importancia del trabajo de la cronista en Medio Oriente y solicitó su regreso seguro para continuar con su labor informativa.



