
Este domingo 15 de agosto, los talibanes, un grupo armado islámico radical, llegó a las puertas de Kabul (capital de Afganistán). Luego de que el presidente Ashraf Ghani abandonara el país con rumbo desconocido, los insurgentes tomaron el poder político y militar.
Los talibanes iniciaron en mayo una ofensiva en todo el país. Esto tras conocerse la retirada de las tropas de Estados Unidos y la OTAN. En los últimos diez días, el grupo paramilitar se apoderó de todas las grandes ciudades, casi sin encontrar resistencia.
Confirmado el control talibán en Kabul, miles de afganos colmaron el aeropuerto de la ciudad con la intención de abandonar el país. Videos difundidos en redes sociales mostraban a cientos de personas empujándose y disputando un lugar en las aeronaves.
A primera hora de la mañana del lunes 16 de agosto, hora local, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que había “completado” el proceso para transportar al aeropuerto a los aproximadamente 4.000 empleados de su embajada en Kabul.
Duramente criticado tras la caída de Kabul, el presidente estadounidense, Joe Biden, defendió “firmemente” su decisión de retirar las tropas de Afganistán. Biden insistió en que la misión nunca fue construir una nación, sino impedir nuevos ataques en territorio norteamericano, como los del 11 de septiembre de 2001.
“Las imágenes de desesperación en el aeropuerto de Kabul son una vergüenza para occidente”, afirmó el presidente alemán Frank Walter Steinmeier. “Somos corresponsables”, añadió.
La última vez que el régimen talibán dominó Afganistán, entre 1996 y 2001, obligó a que las mujeres usaran burka en público, una prenda tradicional de los países islámicos que cubre totalmente sus cuerpos. Ellas no podían salir de sus casas sin permiso por escrito de un hombre.
Los islamistas radicales en el poder también restringieron la educación para las niñas mayores de 10 años e impusieron severos castigos, incluso ejecuciones públicas. “Los talibanes no cambiaron. Ellos nos consideran como un botín de guerra”, dijo a la BBC la cineasta afgana Sahraa Karimi. “Esta es la mayor guerra en contra de las mujeres en estos tiempos”, sentenció la realizadora.
El grupo fundado por Mullah Omar ha negado ser autor de ejecuciones públicas en la actualidad. Suhail Shaheen, un portavoz talibán, aseguró este martes 17 de agosto que el uso de burka no será obligatorio. “El burka no es el único hiyab (velo) que puede llevarse. Existen diferentes tipos de hiyab que no se limitan al burka”.
Las mujeres “podrán recibir una educación desde la primaria a la universidad. Hemos anunciado esta política durante conferencias internacionales, en la conferencia de Moscú y aquí en la conferencia de Doha (sobre Afganistán)”, anunció Shaheen desde Qatar.
Los talibanes se autodenominan como Emirato Islámico de Afganistán. Se trata de un grupo político-paramilitar fundado en 1994 por Mohammad Omar, emir de ese país de 1996 al 2001, y Abdul Ghani, uno de los líderes actuales.
Sus creadores son conocidos como muyahidines, exsoldados que lucharon contra las fuerzas invasoras soviéticas en la década de 1980. Su objetivo era imponer su interpretación de la ley islámica en la nación y eliminar las injerencias extranjeras.
En las últimas décadas del siglo XX, Afganistán era una región que empezaba a renacer en medio de la invasión rusa y conflictos internos entre los llamados señores de la guerra y los grupos étnicos de la zona.
De esa manera, los exmilitares son el germen de lo que luego se llamarían talibanes, cuya traducción sería “estudiantes religiosos”; es decir, que siguen una doctrina islamista, según Oxford Languages.
Tomar el poder del país es su principal objetivo, así lo manifestó el portavoz talibán Suhail Shaheen en una entrevista reciente a la BBC. “El poder debería ser entregado al Emirato Islámico de Afganistán y luego tendremos un Gobierno islámico inclusivo, donde todos los afganos tendrán participación”, dijo el emisario.
También sostuvo que los militantes quieren una “transferencia pacífica del poder” en los próximos días y que no buscarán venganza. “Le aseguramos a la gente en Afganistán, particularmente en la ciudad de Kabul, que sus propiedades y sus vidas están a salvo, no habrá venganza contra nadie”, agregó.
Con información de AFP.

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