
Un breve destello de rayos gamma, que duró apenas unos 10 segundos, permitió a los astrónomos observar una de las explosiones estelares más antiguas jamás registradas. La señal fue emitida cuando el universo tenía solo 730 millones de años, poco después del Big Bang, y podría corresponder a la supernova más lejana del cosmos.
El estallido denominado GRB 250314A, fue detectado en marzo por el satélite SVOM, un observatorio espacial desarrollado por China y Francia. En cuestión de días, los científicos estimaron que el estallido provenía de una época en la que las primeras estrellas y galaxias apenas comenzaban a formarse.
Los estallidos de rayos gamma son las explosiones más energéticas del universo. Estas ocurren cuando fenómenos extremos —como el colapso de estrellas masivas— liberan enormes cantidades de energía en cuestión de segundos. En este caso, la señal inicial duró alrededor de 10 segundos, lo que la ubica dentro de la categoría de estallidos largos, típicamente asociados a la muerte violenta de estrellas gigantes.
Una erupción de energía en el universo primitivo podría ser la supernova más distante descubierta hasta la fecha. Foto: NASA/ESA/CSA/STScI/ A. Levan
A diferencia de los estallidos cortos, que suelen originarse en la fusión de estrellas de neutrones, los estallidos largos suelen marcar el nacimiento de una supernova, el momento en que una estrella colapsa y explota al final de su vida.
Para investigar el origen de GRB 250314A, los astrónomos recurrieron al telescopio espacial James Webb. Gracias a su capacidad para observar luz infrarroja —ideal para estudiar objetos extremadamente lejanos—, Webb permitió analizar la región de donde provenía la señal meses después del estallido inicial.
Ilustración de la supernova GRB 250314A mientras explotaba (izquierda) y luego tres meses después, cuando Webb la estudió (derecha). Foto: NASA/ESA/CSA
Cuando los científicos examinaron los datos, encontraron indicios claros de que el destello estaba asociado a la explosión de una estrella individual en una galaxia muy débil, situada en el universo primitivo. Los resultados fueron publicados el 9 de diciembre en la revista científica Astronomy & Astrophysics.
“Nos sorprendió comprobar que nuestras predicciones funcionaron tan bien y que Webb fuera capaz de detectar estrellas individuales explotando a distancias tan extremas”, explicó a Live Science A.J. Levan, astrónomo de la Universidad Radboud, en los Países Bajos.
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Uno de los hallazgos más llamativos es que esta supernova primitiva se parece mucho a las que se observan en el universo actual. Los astrónomos esperaban que las primeras estrellas, formadas con composiciones químicas distintas, produjeran explosiones muy diferentes. Sin embargo, la señal observada sugiere que los procesos físicos detrás de estas explosiones ya estaban bien establecidos muy temprano en la historia cósmica.
“Podría tratarse de una coincidencia, ya que es solo un objeto”, señaló Levan. “Pero también podría indicar que las estrellas que explotaban en el universo temprano no eran tan distintas de las actuales como pensábamos”.
Detectar una supernova tan antigua es extremadamente difícil. En los primeros mil millones de años del universo, estos eventos eran raros y su luz llega hoy muy debilitada tras viajar durante más de 13 mil millones de años y ser estirada por la expansión del cosmos.
Por eso, GRB 250314A representa una oportunidad única para estudiar cómo eran las primeras generaciones de estrellas y cómo influyeron en la evolución temprana de las galaxias. Los investigadores planean realizar nuevas observaciones cuando la supernova se haya apagado por completo, lo que permitirá separar con mayor precisión la luz de la galaxia anfitriona, el resplandor residual del estallido y la explosión estelar en sí.
Si se confirma definitivamente, este hallazgo marcaría el registro más antiguo de una supernova observada hasta ahora, ofreciendo una nueva ventana al amanecer del universo.