Psicólogos explican por qué maltratar a mozos podría ser un signo de narcisismo o falta de empatía
Ir a comer se ha convertido en una de las actividades preferidas por las y los peruanos, especialmente los fines de semana. Esta práctica se ha visto favorecida por la gran oferta gastronómica y el reconocimiento internacional de la cocina peruana, hasta el punto de ser considerada una forma de expresión cultural que abarca todas las edades y clases sociales.
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Los peruanos, desde la comida en carretillas hasta los restaurantes de alta cocina, suelen encontrar en la gastronomía una manera de compartir con la familia, amistades o durante la celebración de eventos sociales.
Sin embargo, acudir a un restaurante puede ofrecer más que simples placeres culinarios. Una clienta o un cliente no necesariamente está allí solo para satisfacer sus costumbres, pues la forma en la que trata al personal que le atiende, en particular a las y los meseros, revela aspectos relevantes de su personalidad.
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Ser cortés con quienes brindan atención expresa cualidades positivas como el respeto, la humildad y una buena gestión emocional. En cambio, una actitud desdeñosa no solo constituye una mala conducta, sino que también delata rasgos negativos del carácter.
El trato inadecuado hacia el personal de los restaurantes puede evidenciar diversos aspectos. Comportamientos ofensivos, humillantes o groseros reflejan una notoria falta de empatía, ya que quien actúa así no reconoce ni el valor del trabajo ajeno ni el derecho de las personas a ser tratadas con dignidad.
En muchos casos, se observa también una tendencia al narcisismo. Quienes poseen este rasgo suelen sentirse superiores y esperar un trato privilegiado. Cuando sus expectativas no se cumplen, responden con desprecio o agresividad verbal, convencidas de que merecen una atención especial por encima de las demás personas.
Este tipo de comportamiento también puede ser indicativo de actitudes autoritarias o de una inclinación a ejercer poder sobre otros. Humillar a quien se considera “inferior” puede ser una forma de reafirmar la autoestima o de satisfacer la necesidad de control, incluso en situaciones tan cotidianas como ordenar un plato de comida.
Frecuentemente, estas conductas están vinculadas a una escasa inteligencia emocional, lo que dificulta tolerar la frustración, expresarse adecuadamente o controlar los impulsos. En lugar de comunicar una queja con respeto, optan por la hostilidad. Además, detrás de estos actos puede ocultarse una profunda inseguridad personal, ya que algunas personas recurren al maltrato como una forma de encubrir carencias emocionales.
¿Cómo ayudar al mozo?
- Respaldar al trabajador o trabajadora agredido con gestos simples como una sonrisa, una palabra amable o preguntarle si se encuentra bien. Esto puede contribuir a aliviar la tensión del momento.
- Si existe confianza con quien agrede, intervenir con cortesía y señalar que esa conducta es innecesaria puede propiciar una reflexión.
- En casos de abuso reiterado o grave, se recomienda informar a la persona encargada del local para que tome las medidas correspondientes.



















