¿Por qué la empatía y la resiliencia escolar se cimentan antes de los 5 años y lejos de las pantallas ?
Especialistas advierten que la sobreestimulación digital y las crisis del entorno demandan replantear el aula inicial. Un reciente circuito formativo en cuatro regiones del país convocó a más de mil educadores para debatir la aplicación de neurociencia y aprendizaje cooperativo en nidos.

El debate sobre el futuro del sistema educativo peruano suele concentrarse en el rendimiento de secundaria o en el acceso universitario; sin embargo, la evidencia científica y la experiencia docente señalan que el verdadero punto de quiebre ocurre mucho antes: en el aula de Educación Inicial.
En un contexto marcado por la reciente regulación del uso de pantallas en colegios por parte del Ministerio de Educación y la necesidad de recomponer la convivencia escolar tras años de interrupciones sanitarias y climáticas, más de mil directivos y maestros de Lima, Arequipa, Trujillo y Cusco participaron en un ciclo nacional de actualización pedagógica orientado a replantear cómo aprenden los niños de 3 a 5 años.
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La conclusión central de este despliegue apunta a un cambio de paradigma: el aprendizaje puramente memorístico o individualizado resulta insuficiente si no va acompañado de contención socioemocional, interacción física y estimulación basada en la neuroeducación.
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El cerebro infantil: movimiento frente a la sobreestimulación digital
La neurociencia aplicada a la educación demuestra que las conexiones neuronales vinculadas a la atención sostenida, la memoria a largo plazo y la creatividad no se consolidan mediante estímulos pasivos o pantallas, sino a través del asombro, el movimiento corporal y la curiosidad activa en entornos tangibles.
El pedagogo español Francisco Zariquiey, especialista internacional en Aprendizaje Cooperativo y uno de los principales expositores de la gira, subraya que las competencias sociales más determinantes para la vida ciudadana se construyen precisamente en el nido:
“Cooperar no significa sentarse juntos a compartir lápices de colores; es una habilidad para la vida. Enseña a los niños de 3 a 5 años a escuchar, a respetar turnos, a regular la frustración y a comprender que el éxito propio está vinculado al bienestar común. Cuando el aula inicial incorpora estructuras cooperativas, no solo se previene el acoso escolar en etapas posteriores, sino que se forma a un individuo empático y resiliente”, explica Zariquiey.
Resiliencia regional y descentralización de recursos
El recorrido por ciudades del norte y sur del país evidenció también las distintas realidades y contingencias que afrontan las regiones, desde factores climáticos hasta brechas de infraestructura, lo que exige herramientas pedagógicas flexibles y capaces de mantener la continuidad del aprendizaje.
Para Fernando Esteves, director general de Santillana en el Perú, entidad que lideró esta iniciativa de formación e introdujo en el país la solución pedagógica ¡Momentos WOW! para la primera infancia, la respuesta del sector debe enfocarse en brindar estabilidad integral a la comunidad escolar:
“La labor educativa no puede centralizarse en Lima ni limitarse a la entrega de libros de texto tradicionales. Las aulas de Inicial de Arequipa, Trujillo o Cusco necesitan metodologías que articulen el desarrollo cognitivo con el soporte emocional, permitiendo a los maestros actuar como guías frente a situaciones de incertidumbre o emergencia. La meta es transformar pequeños momentos de descubrimiento cotidiano en bases sólidas para el futuro del estudiante”, señala Esteves.
Los cuatro pilares para el aula del futuro
El modelo discutido a lo largo del país propone que la enseñanza para menores de 3 a 5 años se articule bajo cuatro enfoques complementarios:
- Neuroeducación: Activar el aprendizaje a través del juego, la emoción y la exploración sensorial sin dependencia de dispositivos electrónicos.
- Desarrollo socioemocional: Enseñar a identificar y gestionar emociones básicas desde la primera infancia para fortalecer la autoestima y los vínculos seguros.
- Aprendizaje cooperativo: Sustituir la dinámica de trabajo individual por actividades colaborativas que refuercen la empatía y la resolución compartida de problemas.
- Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA): Ofrecer diversas vías de participación que respeten los diferentes ritmos y estilos de desarrollo de cada niño.
El desafío para las instituciones educativas de cara al próximo año lectivo no radica únicamente en cumplir con los programas curriculares, sino en asegurar que la primera infancia cuente con espacios donde la curiosidad y la interacción humana vuelvan a ser el motor del aprendizaje.













































