La escuela de los niños superdotados
La otra cara de la educación especial. Trescientos chicos talentosos y sobresalientes asisten a un programa que potencia sus habilidades. En el país hay dos centros públicos de este tipo, uno queda en Lima.
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En un aula donde nadie puede quedarse en silencio, un adolescente balancea sus dedos sobre el piano. Apenas los dobla mientras avanzan sobre las teclas. Es la única parte de su cuerpo que agita con fuerza. El resto se deja llevar por la música de su artista favorito: Wolfgang Amadeus Mozart.
Jonathan Laredo (14), autor de 24 composiciones musicales, fanático de artistas clásicos, enemigo de las letras de reguetón, hace cuatro años ni siquiera sabía prender el piano. Ahora, por las tardes, después del colegio, acude a él para desarrollar su oído, ese que le permitirá identificar las notas sin verlas, como lo hacían Frank Sinatra, Freddy Mercury o Mozart.
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Lo acompañan cuarenta escolares que también han convertido la música en un instrumento de vida. Hay niñas de seis años con un metalófono, o adolescentes con un violín, flautas o zampoñas que se reúnen en un aula de amplificadores, micrófonos y dibujos de Beethoven para alistar el primer disco del Programa de Atención Educativa para Niños con Facultades Talentosas Sobresalientes (Paenfts), el único estatal en Lima Metropolitana.
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Allí deben recibir atención gratuita los niños con altas capacidades, aquellos con talentos especiales en artes o ciencias; o con un coeficiente intelectual (QI) superior al del promedio: los sobresalientes y superdotados (más de 130). “Es la otra cara de la Educación Básica Especial (EBE). Por un lado están los escolares con discapacidad y por el otro los de alta capacidad. Ambos necesitan atención urgente”, dice Carmen Zamora Hurtado, directora del Paenfts, en San Luis, donde 300 escolares de colegios públicos y privados llegan cada tarde desde Huachipa, Los Olivos, San Juan de Lurigancho y otras zonas.
En el país, solo funciona este y otro en Huancayo (Panets), que recibe a 19 niños. Ellos llegan ahí para potenciar su talento y habilidades luego de que los equipos de detección del Ministerio de Educación (Minedu), los únicos que identifican a talentosos y superdotados, comprueban sus necesidades educativas en los colegios regulares. No son raros, son diferentes: pueden tener buena memoria, rápido aprendizaje, facilidad en los idiomas, habilidad en el cálculo matemático, la solución de problemas, el arte o la ciencia. Pero tienen un enemigo: las expectativas del resto.
Dorcas deja a un lado su juego de cartón, canicas y agujeros; permanece en silencio un par de segundos y recuerda: “Cuando aún no iba al colegio, cogía una mochila celeste con forma de elefante, metía una libreta, un plumón y salía a la puerta. A mi mamá le decía: ‘Voy a ir a la escuela’”. Entonces –dice su memoria– salía de casa, se sentaba en el umbral y comenzaba a dibujar caballos de colores. Ahora, en tercero de primaria, esta niña que se ruboriza de su nombre bíblico relata los detalles de una experiencia de hace más de seis años, cuando solo tenía 3 y ni había pisado un aula. Lo hace como si hubiera ocurrido ayer.
La pequeña tiene como área base Cognitivo 1, donde recibe clases con otros 15 niños calificados como superdotados (el 2% de la población mundial tiene esa condición). También están las aulas de Música, Matemática, Lingüística o Ciencias Naturales, y otras complementarias como Cómputo, Inglés, Cinestésico Corporal o Desarrollo Pensamiento Creativo. A todas estas asisten hasta 3 veces a la semana y 4 horas al día luego del colegio.
Los profesores Isabel Munayco y Johnny Yupanqui dicen que sus alumnos analizan más rápido, siempre tienen una respuesta (también muchas preguntas), son curiosos y, la mayoría de veces, perfeccionistas.
Eso ha reconocido Melissa Titto Calderón, de 11 años, alcaldesa escolar del colegio Lincoln de La Victoria, de buena memoria, quien no tolera fallas y en unos años quiere dedicarse a la ciencia y la tecnología. También lo admiten las escolares, entre 9 y 11 años, de Cinestésica (Teatro), con una nariz roja, quienes no toleran estar sentadas todas las mañanas en sus colegios regulares. Dicen que ahora pueden ser ellas. Pueden ser libres.



















