Cusco: El día que los muertos regresan a la vida

Mitos. Existe la creencia de que cada 2 de noviembre las almas de los fallecidos vuelven a este mundo para disfrutar de la ofrenda que sus seres queridos les preparan. Por eso, en tumbas y nichos, se colocan ofrendas y exquisitos banquetes dentro de las casas.

Mitos. Existe la creencia de que cada 2 de noviembre las almas de los fallecidos vuelven a este mundo para disfrutar de la ofrenda que sus seres queridos les preparan. Por eso, en tumbas y nichos, se colocan ofrendas y exquisitos banquetes dentro de las casas.

Cusco. En el corazón de Alfredo Granados Mamani, sigue ardiendo, como llaga viva, la tristeza que a su paso deja la muerte. El 8 de mayo de 2016 se llevó a su madre María Mamani de Granados. Una enfermedad y el peso de los años la internaron en ese mundo insondable para quienes aún pisamos tierra.

Pasaron dos años y seis meses, pero Alfredo siente que su partida fue ayer. La recuerda y contiene el llanto. Está sentado a un costado de la tumba en cuya cabecera está la planta de chachacomo. Plantó el árbol el día del entierro y, ahora que creció, da sombra a la sepultura. "Mi madre lo ha hecho crecer", dice. 

Su duelo duele. Según Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, el duelo es “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces”. 

Muchas veces el duelo se vuelve eterno. En el cementerio San José de Huancaro de Santiago, en Cusco, cada tumba es un ser querido. Cada muerto, un recuerdo. Cada evocación, una lágrima silenciosa y constante.

Flavio Santos Carbajal a veces llora cuando recuerda a sus padres. El 21 de noviembre de 2011, murió su padre Alejandro Santos Tejeira y, seis años después, el 5 de junio de 2007, su mamá Magdalena Carbajal. 

MITOS Y RITUALES

En medio de la tristeza, casi siempre hay algo de consuelo. El hombre andino vive de mitos y rituales y, a través de ellos, concibe el mundo del más allá, se acerca a los difuntos y se consuela.

“No está viva, pero su alma está presente. Anoche, cuando dormía, me hizo despertar para decirme: Gracias por venir a verme”, dice Alfredo. Creer en la existencia del alma y en la vida después de la muerte funciona como consuelo frente al dolor.

Cuentan los abuelos que, cuando uno deja de respirar, empieza una nueva vida en otro mundo donde, además, uno puede encontrar a sus seres queridos, aquellos que partieron antes.

El antropólogo e historiador Rossano Calvo refiere que estamos ante mitos y rituales híbridos o sincréticos, entre lo inca y lo español. “Es clásica la creencia de que cuando uno muere cruza un río ayudado por un perro de color negro y se paga una moneda. Otra creencia es que los condenados vagan por las montañas, son conocidos como cucuchis”, explica.

La literatura también se ha nutrido de esos mitos. La novela Rosa Cuchillo, de Óscar Colchado, es un ejemplo. Rosa Wanka, protagonista de la historia, muere y pasa a la vida después de la muerte. Un perro con manchas blancas alrededor de su vista, como anteojos, de pelo crespo y lanoso la esperaba para cruzar el río torrentoso de aguas negras, el Wañuy Mayu, que separa a los vivos de los muertos.

Regreso de las almas

En comunidades de Cusco, se oyen cientos de historias iguales. Pero hay otra historia que la complementa. Cada 2 de noviembre, Día de los Muertos o Día de los Santos Difuntos, las almas desandan el camino en el mundo de los muertos y vuelven a este mundo. Es una suerte de visita anual a sus seres queridos.

En casas y cementerios, se arman estupendos banquetes para el visitante. Algunas familias inclusive arman altares con comida, ofrendas y bebidas. “Hay la creencia de que solo ese día los muertos cruzan el umbral del más allá para consumir las ofrendas”, señala Rossano Calvo.

También dicen que, cuando el alma está satisfecha, vuelve al mundo de los muertos y las ofrendas pierden su sabor. Es habitual ver colocados en cada tumba panes de trigo, pan wawa o pan caballo, frutas, el plato favorito del difunto y una botella de cerveza o vaso de chicha. Alfredo llegó de Lima a visitar la tumba de su mamá. Ayer puso las ofrendas sobre su sepultura. Hoy, en los cementerios San José de Huancaro, La Almudena y otros camposantos, miles de cusqueños celebrarán el “retorno de los muertos”

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