Max Hernández: “Este país solo se podrá gobernar si hay algún tipo de conversación entre las dos candidaturas”
A un día de la segunda vuelta, el secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional hace un balance de lo que ha sido la campaña electoral 2026, los desafíos del gobierno entrante y el riesgo de que haya voces recalcitrantes que no acepten los resultados finales.
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Máx Hernández espera reponerse de una dolencia que le impide caminar para ir a votar este domingo. "El local de votación me queda a 500 metros de la puerta y a tres vuelos de escalones", precisa. Así que aguarda lo que su cuerpo decida. Dice que una de sus máximas en la vida ha sido no tratar de influir en el voto de nadie. "No lo hago con mis hijos, ni con mis nietos, ni con mis amigos. Para mí, la libertad me es fácil, es un vicio prácticamente", afirma. Su trabajo como secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional le ha permitido acercarse a los protagonistas de la campaña electoral. En este diálogo, resume cuál es su visión de este espinoso proceso.
¿Cómo ha visto la campaña en términos generales?
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Mire, yo creo que esta vez ha habido algunos debates interesantes, pero faltaron algunos temas. En términos generales, las elecciones han sido más tranquilas de lo que uno hubiera podido esperar. No obstante, el clima de desconfianza, de polarización y de antagonismo sigue atravesando a muchísima gente. Hay mucha hostilidad, mucha descalificación del otro. Si tomamos un ejemplo, hay personas que han pensado que votar en blanco o viciar el voto era expresión de un sentimiento profundo y se nos ha acusado de tibios, de enemigos del uno o del otro. Es decir, aquello que representa la intimidad absoluta del voto, aquello que le da a la justa electoral una condición de privilegio, parece transformarse en un sacrilegio.
Efectivamente, estamos en medio de una polarización muy fuerte y hay un temor de que, más allá de quien gane, se quiera desconocer el resultado final de la elección.
Mire, a mí esa preocupación me viene persiguiendo, está muy íntimamente presente en mí. Yo, por el Acuerdo Nacional, tengo que conversar con gentes de todos los grupos y, por supuesto, en vísperas de la justa electoral, con personas cercanas a los dos candidatos. Y le digo que me he llevado una impresión, de repente, un tanto ilusa, de que en ambos lados hay la sensación de que se podrían aceptar los resultados adversos.
Vaya. Ese es un buen comienzo.
Sí, me parece un muy buen comienzo. Algunas personas que tienen un vínculo importante con las dos agrupaciones tienen ese sentimiento de que esto se debe respetar. Ahora, punto y aparte, si la elección va a ser tan ajustada como parece, yo me temo que las voces más sensatas puedan ser acalladas por las más estridentes; las más dialogantes, por las más cancelatorias. Cada vez que hemos hablado me han dicho: "No olvide que siempre tenemos alguna gente casi incontrolable", cosa que lamentablemente es cierta en cualquier elección, pero particularmente en esta. Ahora, me da pie para otra cosa. Yo, más que preocupado por el día 7, estoy preocupado por el lunes 8.
¿Por qué?
Porque la noche del 7 podría ser una noche convulsa, pero imaginemos que no, que prime la sensatez; al día siguiente lo que vamos a encontrar, en el mejor de los casos, es una parálisis. ¿Por qué digo parálisis? Porque son dos fuerzas equipotentes, electoralmente hablando, que se van a neutralizar la una con la otra. Entonces, pensemos qué podríamos hacer este 5 de junio para lograr que se cree, no le voy a decir una mentalidad, no le voy a decir un espíritu, pero cuando menos una sensibilidad de mayor tolerancia, de mayor diálogo, de mayor aproximación.
¿Y tiene una respuesta para eso?
Yo siento que muchísima gente siente la necesidad de una apertura, de un respeto, de lo que podríamos llamar una hospitalidad para el vecino. Ahora, cómo buscamos una situación solidaria y cercana, cómo podemos lograr eso de alguna manera que pueda tener fuerza. Yo creo, Emilio, que ustedes, los periodistas, tienen un trabajo importantísimo en este momento. Tienen el trabajo de decir que en política lo que hay son adversarios y no enemigos, que la lógica bélica de la campaña ya terminó. Si nos ponemos peruanos y reflexivos, recordemos el famoso abrazo de Maquinhuayo, donde se juntaron los partidarios de Echenique y los partidarios de Salaverry, deponiendo las armas (y poniéndole fin a la primera guerra civil de nuestra historia republicana). Cómo conseguir esto, por favor, y darnos cuenta de que el Perú ha sobrevivido a mil y una fracturas, mil y un choques, y que tenemos una resiliencia que no podemos olvidar. ¿Cómo movilizar la idea? Porque, mire, vamos a ponernos en la tesitura de que soy un profundo keikista y siento desde las profundidades de mi keikismo más radical que el señor Roberto Sánchez es un comunista ultra, extremo, que quiere nacionalizar y que quiere esto y lo otro, pero ese señor no quiere destruir la patria. ¿No es cierto? Y si me pongo en el lado de la gente que está votando por JP, yo puedo decir que la señora Fujimori ha gobernado desde el Congreso estos años y ha capturado esto y lo otro, pero tampoco puedo decir que hay un intento de la señora Fujimori por destruir al país. Porque si creemos que estamos enfrentándonos entre dos bandos que quieren destruir, lo que va a pasar es que vamos a destruirnos todos, y eso no puede ser.
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Su exhortación es importante y es necesaria, y sin embargo queda la duda de si aceptarán. Parece un poco iluso creer que quieran llegar a algún acuerdo en este momento.
Yo estoy seguro de que hoy estarán menos enfrentados que mañana y mañana menos que pasado mañana, pero cuando comiencen a verse los resultados tendremos la oportunidad de decir: "Señores, este país solo se podrá gobernar si hay algún tipo de conversación entre las dos candidaturas". Y, por supuesto, no hay que olvidar que hay un grupo muy importante que no ha llegado a la segunda vuelta, pero que tiene muchísimo que decir y muchísimo que hacer.
Ahí habría que recordarle a quien salga elegido que ha llegado a la segunda vuelta con un porcentaje muy bajo de votos y que en realidad un grueso de la población no quería a ninguno de los dos como presidentes. Podría ser un buen dato para llamarlos a conciliar y decirles: Cuidado, no son tan fuertes como creen.
Yo creo que ese es un hecho, pero esto depende también de que tomen clara conciencia de que la forma en que se han producido estas elecciones, la proliferación de candidaturas, los límites tan estrechos entre uno y otro, todo eso hace que la representatividad de ambos candidatos sea bastante endeble. Esto no va en contra de sus derechos ni de lo que signifique ganar esta segunda vuelta, pero sí sirve para tomar conciencia de que es un sector no mayoritario el que los puso en esta condición, que les ha permitido dividir en dos el electorado. Y uso la palabra dividir con todo el dolor, porque una elección no debiera ser un asunto para dividir, sino para elegir. Y cuando uno elige, elige algo porque cree que es mejor, aunque estemos acostumbrados nosotros a elegir lo que creemos que es el mal menor.
Es la frase que resume nuestra historia reciente.
Mire, yo tengo ya la edad suficiente como para decir que he visto que el Perú sobrevive a esta y muchas otras crisis, pero también la suficiente edad para decir que hay gente recalcitrante, que no tiene la menor capacidad de dudar. Y sabemos que la razón implica siempre una dosis de duda, una dosis de escepticismo, una dosis de cuestionamiento.
Porque el que no tiene dudas es un radical.
Exacto. Y radical, mire, en el sentido simplemente de cerrado en sí mismo, ¿no? Porque no olvidemos también que la palabra radical tiene otra acepción importante, que es ir a la raíz. Y creo que ambos candidatos debieran ir a la raíz de las cosas. Somos un país que mantiene todavía distancias muy grandes. Mire, yo mismo estoy corrigiendo mi vocabulario. Yo trato de proscribir expresiones como abismo y prefiero decir asimetrías. Trato de evitar la palabra brecha para decir fracturas. Trato de evitar la palabra enfrentamientos para decir desacuerdos. Porque creo que las palabras mismas nos llevan a radicalizar los términos.
Siento que está tratando de ser optimista en un panorama sombrío. Probablemente sea de los pocos que está tratando de hacer eso.
No crea que somos pocos. Somos bastantes, pero, ¿sabe qué? Nos da un poquito de pudor porque el tsunami de polarización, de radicalismo, es tal que uno queda un poco como un tontito, como un iluso. Bueno, fuera que quedara como John Lennon cuando decía: "usted dirá que soy un soñador". No, no, uno queda como un pobre tonto. Pero le digo, de verdad creo que hay momentos en que mantener viva una ilusión de esperanza es absolutamente necesario.
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"Es negativo activar la idea del fraude en este momento"
Hubo temas durante la campaña que no estuvieron en el debate público, como la llegada del fenómeno de El Niño o el precio de los hidrocarburos, a propósito de la guerra en Medio Oriente. Hemos estado muy concentrados en una disputa menuda, por votos.
Exacto, es un localismo de campanario. Eso es lo que decían antes: yo estoy con la campana de mi iglesia, y esa es la que da la hora, y no la iglesia del vecino. Entonces no nos damos cuenta de la inmensidad de los riesgos que estamos ya por enfrentar. ¿Qué pasa con la inseguridad alimentaria que puede estar a la vuelta de la esquina? Mire, yo he estado en una reunión con gente de Conveagro, y es sumamente interesante. La gente de Conveagro son, por lo común, pequeños agricultores y pequeños ganaderos, y esta gente no es que tenga un enfrentamiento feroz con la agroexportación, no. Se dan cuenta de que son parte del mismo paquete. Pero cómo lograr una amalgama entre esa producción que alimenta a todas las zonas rurales y nos alimenta también, y la gran producción agropecuaria que nos produce divisas, cómo lograr una gran conversación nacional, cómo replantear alguna fórmula que nos haga sentir lo que somos. Hemos dicho hasta la saciedad: "Somos un país mestizo". Sí, pero la noción de mestizaje debe implicar articulación, articulación conflictiva, es cierto, pero articulación. Y, sin embargo, hemos pasado por una suerte de frenesí pigmentocrático. Es decir, ahora decimos yo soy más blanquito que tú, o yo soy más morenito que tú, y por lo tanto me afilio a una escala cromática, y no me afilio al país.
¿Qué piensa usted de los cuestionamientos que se le han hecho a los organismos electorales? Hay quienes piensan que en primera vuelta hubo fraude.
Yo le voy a decir varias cosas en ese sentido. Yo debo decir que he conocido al señor Corvetto y siempre he tenido una opinión de él, en tanto que es una persona honesta. Ahora, sí se le han escapado cosas que no debieron habérsele escapado, como por ejemplo lo que ocurrió con las mesas en Lima o el contrato con la compañía esta. Me parece que ha sido un error lamentable, del cual creo que él se siente profundamente arrepentido. De ahí a que haya un fraude, mire, yo no tengo la evidencia para decir: ha habido tal cosa. Pero el punto de esto es este: si hoy día volvemos a hablar de fraude, estamos preparando las condiciones para que cualquiera que gane por un margen pequeño se sienta amenazado. Creo que activar en este momento la idea del fraude es negativa para el Perú.



































