Bizancio en Lima

“Quienes temen ser alcanzados por sus delitos, harán lo que sea para no perder el poder. Estamos avisados”

Jorge Bruce
2 09 2019 | 00:59h

Cuenta la leyenda que, en 1453, cuando el imperio bizantino estaba en decadencia y el asedio de las tropas del imperio otomano estaba en las puertas de la ciudad, los políticos e intelectuales de Bizancio seguían discutiendo acerca del sexo de los ángeles. Esta actitud suicida de discutir sobre asuntos irrelevantes en vez de enfocarse en la defensa de lo fundamental, se conoce desde entonces como una discusión bizantina.

Esta evocación surge a propósito de lo que está sucediendo estos días en los cenáculos limeños. Constitucionalistas y politólogos proponen sesudos análisis e interpretaciones, acerca de lo que es constitucional o no, buscando salidas políticas al entrampamiento.

El problema se torna bizantino si se omite un dato esencial: una de las partes en conflicto está integrada por grupos mafiosos. No todos los representantes del fujimorismo o el Apra lo son, claro está. Pero es inobjetable que una parte sustantiva de su dirigencia funciona con una lógica delincuencial. No en balde el fundador del fujimorismo y su heredera están en prisión. Asimismo, el máximo líder moderno del aprismo se suicidó cuando la policía acudió a detenerlo a su casa.

César Hildebrandt lo ha dicho sin ambages: “No hablamos de políticos sino de delincuentes avezados”. En esas condiciones, es ridículo pretender que mediante el diálogo y la negociación se puede encontrar una salida política. PPK debería servirnos como lección de lo que sucede cuando se ignora esa variable. Se termina de rodillas, grabado -ya lo fue Vizcarra aunque esta vez los felones fueron otros- y extorsionado, hasta que entierre el pico. Ya sean cuellos blancos o wachiturros, los mafiosos solo entienden el lenguaje de la fuerza. Chávarry retrocedió en año nuevo cuando sintió en la cara la indignación de la calle. De lo contrario, la fiscalía ya estaría descabezada y en manos de los émulos de Blanca Nélida Colán.

Mientras tanto, quemarán documentos en sus parrillas, como sucedió en casa de Ana Herz o se les “extraviarán” en accidentes de tránsito, como declaró el entonces secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez. No es cuestión de una separación maniquea entre buenos y malos. Como ha señalado José Carlos Agüero, la línea divisoria la marcan los valores democráticos. Quienes temen ser alcanzados por sus delitos, harán lo que sea para no perder el poder. Como dice Hildebrandt: estamos avisados.