La obligación de investigar
“Un buen investigador suele ser caro, publica poco y sus averiguaciones acarrean controversias y presiones”.
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The Washington Post ha anunciado que expandirá su Unidad de Investigación con la contratación de nuevos periodistas. Planea expandir el campo de acción de su equipo de investigadores —que en enero de 2017 ya había doblado su tamaño— más allá de la política y los negocios.
Desde que lo compró en 2005, Jeff Bezos (fundador de Amazon y hombre más rico del mundo) emprendió un agresivo relanzamiento del diario. A diferencia de los demás medios impresos del mundo, que han enfrentado la irrupción de las nuevas tecnologías con el recorte de presupuestos y el despido de trabajadores, el Post lanzó una audaz estrategia contracíclica, triplicando la plantilla de su plataforma digital y apostando decididamente por el periodismo de investigación.
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Los resultados le han dado la razón. Saliendo de una situación crítica, ha registrado ganancias desde 2016. Esto ocurre gracias a las más de 800 millones de visitas que registra su web cada mes, en su mayoría atraídas por las constantes primicias de la Unidad de Investigación, que marcan la discusión nacional.
Mientras leía el suelto donde el Post hacía este anuncio no podía dejar de pensar en «El Comercio y la política peruana del siglo XXI», la muy seria investigación de José Alejandro Godoy sobre las dinámicas que definen cada una de las portadas del decano de la prensa nacional. Entre otros muchos datos esclarecedores, Godoy detalla la relación de las últimas direcciones del diario y su Unidad de Investigación.
Desde que Alejandro Miró Quesada la fundó, esta ha oscilado entre el entusiasmo, la indiferencia y la incomprensión. La incertidumbre parece haber quedado atrás en los años recientes, en los que la Unidad de Investigación ha conseguido su estabilidad, en buena medida gracias a las revelaciones del caso Lava Jato.
Un buen investigador suele ser caro, publica poco y sus averiguaciones acarrean controversias y presiones. Pero en los tiempos que corren, con la vertiginosa democratización de la información, son los más capacitados para hacer una diferencia y forjar la reputación del medio donde trabajan. Una apuesta con efectos económicos pero también sociales, puesto que, como ha quedado demostrado en el Perú, un periodismo de investigación robusto es garantía de contrapeso de poder y mejor democracia.




















