La educación sentimental (del salvaje)

Desde los colegios se debe combatir el abuso a la mujer.

Desde los colegios se debe combatir el abuso a la mujer.

La educación puede ser, con la perspectiva de mediano plazo que deben tener todas las políticas públicas, un antídoto estupendo para combatir problemas como el abuso a la mujer.
La violación y el feminicidio no paran de crecer en un país que esta semana se horrorizó por la muchacha quemada en un bus en Miraflores, solo un caso más de la terrible cadena de abusos contra la mujer.

Tuve la oportunidad de conversar del problema esta semana en encuentros que tuve con directores de colegios en Trujillo, Chiclayo y San Juan de Lurigancho, gracias a una invitación de la Universidad César Vallejo.

Ellos están de acuerdo con que la educación puede ayudar a erradicar el abuso a la mujer si, desde las etapas iniciales, y en contra de lo que seguramente observan cotidianamente en sus casas, se les explica a los niños que no es normal pegarle a la mujer, y a las niñas, que no es normal aceptar el maltrato.

Patricia Carrillo, de Manuela Ramos, lo dijo ayer bastante mejor en El Comercio: “La educación ayuda o daña en tanto contribuye o ayuda a mantener relaciones tradicionales de género o ayuda a transformarla. Una educación con un enfoque de género permitirá que las niñas entiendan que son dueñas de sus cuerpos y los niños entenderán que, si no queremos estar con ellos, deben aceptarlo y no vengarse por eso, entender que no somos su propiedad”. 

Parece elemental, pero no lo es para sectores conservadores como los del movimiento #ConMisHijosNoTeMetas y que gracias al respaldo político de Fuerza Popular han parado cualquier iniciativa para que los programas escolares fortalezcan la igualdad de género, una palabra que hace convulsionar a los integrantes de su bancada parlamentaria, usando con abuso la paparruchada esa de la ‘ideología de género’.

Una bancada que, por eso, como recordaron ayer el editorial de La República y Carlín, derogaron hace poco un decreto contra el feminicidio, la violencia familiar y de género.

Es el mismo sector al que pertenecen ‘machotes’ como ese autodeclarado héroe Luis Giampietri con su amenaza a la congresista Marisa Glave (“Que no siga porque, de lo contrario, tendré que contestarle como hombre”), o el cardenal Juan Luis Cipriani, quien cree que “hay abortos de niñas, pero no es porque hayan abusado de las niñas, sino porque, muchas veces, la mujer se pone, como en un escaparate, provocando”.

Si gente así hubiera tenido una mejor educación, no dirían los salvajismos que defienden.

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