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Madre de 25 años es alérgica al agua y sufre por el dolor: beber le provoca ardor y no puede bañarse seguido

Diagnosticada a los 15 años, Kendall no puede ducharse más de dos veces por semana ni bañar a su hijo, lo que ha afectado su maternidad y su bienestar emocional.

La mujer busca ayuda de especialistas en enfermedades raras mientras su lucha por una vida normal continúa. Foto: composición LR/Freepik/SWNS
La mujer busca ayuda de especialistas en enfermedades raras mientras su lucha por una vida normal continúa. Foto: composición LR/Freepik/SWNS

Kendall Bryce, una joven madre de 25 años, enfrenta una batalla diaria contra una extraña enfermedad que le impide tener una vida normal. Fue diagnosticada con urticaria acuagénica, una condición extremadamente rara que desencadena una reacción alérgica dolorosa al entrar en contacto con el agua, sin importar su temperatura o pureza.

La historia de Kendall se ha hecho viral por lo desgarradora y poco común que resulta. No puede ducharse más de dos veces por semana, evita salir los días de lluvia y hasta beber agua le causa ardor en la garganta. Su día a día está condicionado por una enfermedad que la ha privado de disfrutar de su maternidad como quisiera.

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Una vida marcada por la alergia al agua

Los primeros síntomas comenzaron cuando tenía 15 años. Tras cada baño, su piel presentaba brotes dolorosos que parecían quemaduras. Sin saber qué le ocurría, pasó años sin diagnóstico claro, hasta que en 2021 los médicos identificaron su padecimiento: urticaria acuagénica.

Desde entonces, su vida cambió radicalmente. Cada acción cotidiana relacionada con el agua representa un riesgo para su salud. Llorar, sudar, lavar las manos o recibir una gota de lluvia pueden provocarle reacciones intensas como picor, enrojecimiento, dolor y hasta riesgo de entrar en estado de shock. “Lloro durante todo ese tiempo. Es tan intenso que mi cuerpo puede entrar en estado de shock”, relató en entrevista con el medio británico Express.

Kendall no puede moverse libremente ni cumplir con responsabilidades básicas. “Solo puedo ducharme dos veces por semana debido al dolor insoportable, así que me preocupa constantemente oler mal”, explicó. Cada salida requiere revisar el pronóstico del clima, y su rutina gira en torno a evitar cualquier contacto con el agua.

La maternidad, un desafío diario

Además del sufrimiento físico, la alergia de Kendall ha tenido un fuerte impacto emocional, especialmente en su rol como madre. Tiene un hijo de un año y está esperando su segundo bebé, pero no ha podido bañar nunca a su primogénito. “Mi madre tiene que hacerlo por mí. Nunca he podido bañar a mi hijo”, confesó con tristeza.

Su embarazo también ha limitado los tratamientos que podría recibir. Durante años, los médicos han probado distintas opciones farmacológicas, pero ninguno de los medicamentos ha conseguido mejorar su condición. “Todavía no he encontrado nada que me ayude”, lamentó.

Estas dificultades se agravan por la alta humedad del entorno, que también desencadena reacciones dolorosas. Incluso actividades vitales como beber agua son un calvario para ella: “Siento que me arde la garganta cuando bebo agua”, contó. Kendall depende de otros para muchas tareas cotidianas y enfrenta constantes barreras para llevar una vida digna.

Sin tratamiento eficaz, espera la ayuda de especialistas

La urticaria acuagénica afecta a menos de 100 personas en el mundo, lo que hace que los estudios sobre esta condición sean escasos. La comunidad médica aún no ha encontrado un tratamiento eficaz para controlar los síntomas. Kendall ha probado distintos antihistamínicos y terapias, pero todas han resultado ineficaces.

Algunos de los síntomas más comunes que presentan quienes padecen esta condición son:

  • Brotes cutáneos tras el contacto con agua.
  • Sensación de ardor al beber líquidos.
  • Dolor intenso al ducharse o exponerse a la lluvia.
  • Picor, inflamación y enrojecimiento.

Kendall ha expresado su deseo de que especialistas en alergias o enfermedades raras se pongan en contacto con ella para ofrecerle una alternativa. “Solo quiero una vida normal donde pueda salir bajo la lluvia, ducharme y bañar a mi hijo”, afirmó con esperanza.

Mientras tanto, su lucha continúa. Evita el contacto con líquidos, adapta su rutina diaria y espera que tras dar a luz a su segundo hijo, los médicos puedan retomar la búsqueda de soluciones más agresivas que, por ahora, han debido posponerse.

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