Murió editor Carlos Milla Batres

Salvadoreño dejó de existir víctima de un derrame cerebral. Publicó a Ribeyro, Delgado y Cisneros, entre otros.

TRABAJO DE HISTORIA. Milla Batres con uno de sus más consultados diccionarios.

Perfil

NOMBRE. Carlos Milla Batres
NACIMIENTO. En Bahía, El Salvador, en 1935.
TRAYECTORIA. Dejó su tarea de diplomático y su vocación literaria para editar libros.
ALGUNOS TRABAJOS. Publicó libros de infaltable consulta como el Diccionario biográfico del Perú contemporáneo y el Diccionario histórico y biográfico del Perú.
OBRAS LITERARIAS. Publicó, entre otras, la novela Soñando junto al río.


LIBRERO MAYOR • Salvadoreño dejó de existir víctima de un derrame cerebral • Publicó a Ribeyro, Delgado y Cisneros, entre otros.

Pedro Escribano.

Estamos de malas. Días atrás lamentamos la desaparición física del crítico literario Jorge Cornejo Polar. Ahora acabamos de perder al reconocido y trajinado editor Carlos Milla Batres. Un derrame cerebral acabó con su vida ayer en la mañana.

Milla Batres entregó todo una vida al duro oficio de traer libros al mundo, más duro si hablamos de ediciones en nuestro país. Pocos editores –quizás el más recordado es el librero Juan Mejía Baca– han hecho el trabajo de parteros en publicar a escritores jóvenes como consagrados.

Desde Centroamérica

Carlos Milla Batres, que trabajó para la cultura peruana, no nació en nuestro país, sino en Bahía, El Salvador, en 1935. Llegó al Perú como diplomático. Como era muy joven, hizo estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Facultad de Letras, donde tuvo como compañeros al politólogo Francisco Guerra, al poeta Reynaldo Naranjo, al sociólogo Carlos Franco, al lingüista Mario Razzeto, al periodista Edmundo Cruz, entre otros.

El joven diplomático salvadoreño se enamoró de la cultura peruana, sobre todo porque tuvo en las aulas universitarias a ilustres peruanos. El mismo lo recordaba: "Lo curioso –dijo en entrevista a La República– es que vine de Centroamérica a Lima para estudiar literatura en San Marcos, durante esa época de oro de los grandes maestros universitarios, de finales de la década del 50: Raúl Porras, Basadre, Ella Dumbar Temple, José Jiménez Borja, Luis Valcárcel, Augusto Salazar Bondy, Estuardo Núñez, Alberto Tauro del Pino, Emilio Romero, Luis Alberto Sánchez, Uriel García, José Tola Pasquel, el gran maestro, y otros". Lo curioso es que llegó a publicar a casi todos ellos.

Si bien Milla Batres tuvo como vocación la literatura, la "traicionó" gracias al historiador Rubén Vargas Ugarte. "Me estimuló sobremanera para que me consagrara a la edición de libros", expresó.

Recordaba que se convenció de esta tarea al percatarse de la "superlativa escasez de editores" en nuestro medio.

Pero no solo se dedicó a la edición, se abocó también a la investigación histórica y literaria que dieron frutos a sus diccionarios y enciclopedias.

El recordado editor, en cuarenta años de trabajo, llegó a publicar un poco más de trescientos títulos.

Cerca a los escritores

Milla Batres será recordado también porque anduvo cerca de poetas y escritores jóvenes y consagrados. Entre sus títulos, figuran La palabra del mudo de Julio Ramón Ribeyro, El Viejo saurio se retira de Miguel Gutiérrez y Tierra de caléndula de Gregorio Martínez. Asimismo, Cuaderno de quejas y contentamientos del poeta Marco Martos y Agua que no has de beber, poemario de Antonio Cisneros.

No hace mucho en el programa televisivo Boca ancha, decía que se sentía en su trabajo, en el campo editorial, como un Quijote al publicar en un país donde a pocos les interesa invertir en libros y menos leer. Pero con todo, sabía que ese había sido su aporte a nuestro país. De todo esto el Perú debe estar agradecido.


Corcuera: le debo Noé delirante

El poeta Arturo Corcuera tiene recuerdos nítidos de Carlos Milla Batres, no solo porque alguna vez estuvieron juntos en el Perú y en el extranjero, sino también porque el editor publicó una bella edición de su poemario Noé delirante.

"Lo conocí en Madrid, España, gracias a Juan Gonzalo Rosé. Era el año 1964. Coincidimos en un visita a Juan Gonzalo. El poeta, al ver que aún no teníamos una pensión, nos recomendó el edificio donde se hospedaba él. Así compartimos pensión con Carlos".

Esa amistad se prolongó en Lima, cuando eran casi vecinos.

"Vivíamos a la altura de la cuadra 15 de la Av. Arequipa y es allí donde conoció la primera edición de Noé delirante. Me convenció de que él haría una más bonita. Así fue, convenció a Tilsa para que haga las ilustraciones. Gracias a su gestión, Noé delirante apareció muy bello", recuerda el poeta.

"Carlos Milla realizó un trabajo que le costó grandes esfuerzos. Como editor intervenía en las publicaciones. A él se le tiene que agradecer que la obra de Ribeyro lleve el título hermoso de La palabra del mudo", concluye Corcuera.

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