Noel Schajris compara a Eva Ayllón con Mercedes Sosa: “Es una institución de la música”
Noel Schajris se muestra feliz por la aceptación que ha tenido en “La voz Perú” y es crítico con los intérpretes que van al programa de canto sin prepararse.
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El último martes 19 de julio, Noel Schajris celebró sus 48 años en nuestro país, al que vino para seguir grabando el programa “La voz Perú” y para ofrecer un show acústico (soldout) en el Teatro Canout este jueves 21 de julio. El argentino nacionalizado mexicano se mostró agradecido por los buenos comentarios que ha recibido en las redes sociales por su papel de entrenador.
―Ya has coqueteado con “La voz” en Chile y Argentina, pero recién eres entrenador. ¿Lo deseabas mucho?
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Me ha tocado ser coach de muchos amigos que me invitaron en diferentes momentos, pero es la primera vez que me invitan como entrenador y se lo agradezco muchísimo a “La voz Perú”, a Latina y a todo el equipo por confiar en mí. Yo la estoy pasando muy bien. Y, bueno, por lo que estoy viendo en los comentarios, el público valora mucho lo que estoy haciendo. Eso me pone muy feliz.
―Muchos sienten que has profesionalizado el programa
Es que soy maestro de canto desde hace muchos años. En mi plataforma (https://noelschajris.fan/) tengo mi curso de canto. Y, entonces, me sale el maestro, me sale el profesor que soy desde hace tantos años. En México he dado muchas clases a personas que se dedican a esto, a muchos famosos (Diego Boneta es uno de ellos). Obviamente, tuve una gran escuela de profesores y maestras increíbles de piano y de canto.
―¿Te apasiona una voz ya pulida o una voz que puedes transformar?
Hay de todo, cada quien en su proceso. Hay concursantes en “La voz Perú” que son colegas. Trabajan y viven de esto. Está Briela de Son Tentación y Veruska (Verdú). Jamás pensé que me iba a elegir a mí. Es tremenda cantante, sé que trabaja en esto y que es su pasión. Estamos hablando de colegas. Ya manejan un nivel increíble. Es una emoción disfrutarlos, darles algún tip. Siempre se puede aprender, yo lo sigo haciendo.

Noel Schajris, entrenador de la nueva temporada de "La voz Perú". Foto: Facebook La voz Perú
―También hay un lado triste, que es cuando ninguna silla voltea. ¿Qué sientes?
Yo siempre soy honesto. Casi siempre pregunto si han recibido clases de canto. Mucha gente simplemente va y desafina. Si vas ahí y te dan la posibilidad de que te vean, prepárate. Es como si quisiera bailar en una audición y no estudio nada. Hay que estudiar. Bueno, son artes y hay que prepararse. No es simplemente buscar la fama o el reconocimiento. Es una profesión, es una pasión de vida, es un camino que todos estos colegas han elegido. Hay de todo. Hay procesos que están muy verde todavía.
―Los países que han marcado tu vida son Argentina, México, Costa Rica y Panamá. ¿Perú podría ser el quinto?
Perú es especial, artísticamente y a nivel personal porque ya tengo tantos amigos aquí. Ahorita mis compañeros entrenadores son increíbles, es un honor compartir con cada uno de ellos. Me dan tanto cariño. Christian (Yaipén) es un tipazo. Daniela (Darcourt) es una una loca linda, una fuerza preciosa de un talento increíble. Y doña Eva (Ayllón) que es como la Mercedes Sosa peruana, es una institución de la música. Canta y es como escucharas el universo entero.
―¿Qué es lo nuevo que has probado en Perú?
Por primera vez comí un pollo a la brasa. Johnny Lau me lo trajo al hotel junto a su novia Gaby (Zambrano). Es un gran amigo y un gran talento de Perú. Es el primer artista que firmo en mi disquera Dynamo Productions. Hay muchos más que estoy firmando, obviamente, muchos talentos que estoy apoyando, pero él fue el primero y la verdad es que es un tipazo.
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Su lado humano
―¿Te da vergüenza que te vean llorar?
En “La voz” me verán llorar varias veces. Acabo de llorar hace un rato, seguramente, lloraré en la tarde. Ayer lloré. Todos los días hay un momento en que se me mojan los ojos con algo, es normal.
―¿Qué sientes cuando alguien te dice que ha llorado con tu música?
Bueno, es un honor ser parte de la vida de tantas personas a través de los años y seguir siéndolo. Saben que siempre voy a intentar cantar del corazón y que pueden contar conmigo para tener una canción que haga sentir, que haga pensar. No solamente entretener un rato. Siempre hago la diferencia de entretenedor o artista. Un entretenedor es para pasar el rato, no te deja huella. Los artistas que me han impactado y que me han dejado cosas tan importantes en mi vida, me han hecho pensar. Me han hecho sentir. Me han hecho llorar. Me han hecho reír, pero me dejan algo, me dicen algo que nunca se me hubiera ocurrido decir.
―¿Y qué es lo que te causa impotencia?
Son tantas cosas en el mundo, cuando veo la locura del poder y de las guerras; cuando veo incendios que arrasan miles de hectáreas en California, donde vivo, y es algo de todos los años. Ahorita están batallando, estoy rezando porque se está poniendo en peligro árboles de más de 1.200 años, 2.000 años. Son árboles milenarios. Me causa impotencia la injusticia cotidiana, pero hay mucha gente despertando. Creo que hay una necesidad de un replanteo.
―¿La pandemia tuvo algo que ver?
La pandemia fue un antes y un después de muchas cosas. Nos invitó a un viaje interior muy grande a todos, creo que por eso millones de personas están con otra consciencia. ¿Qué es comer mejor? ¿Qué me estoy poniendo en mi cuerpo tres veces al día? ¿Qué es la salud y qué realmente es ser saludable? ¿Qué es esto del sistema inmunológico? ¿Es importante tomar sol? Cada quien tendrá la respuesta de qué meterle al cuerpo. En ese sentido, hay mucha gente diciendo: “No hay nada que perder, me la voy a jugar con mis sueños”.
―¿Qué cambió en ti la pandemia?
Tal vez una consciencia más grande, que la prioridad número uno en la vida es ser papá para mis hijos y después todo lo demás viene en el segundo lugar. La claridad absoluta de que la salud es lo más importante que tenemos, una consciencia más grande de la edad que tengo. Por eso, estoy en un proceso de hacer ejercicio metódicamente.
―¿Un artista tiene que tener consciencia social?
Bueno, hay una empatía. Mis padres siempre me han criado con una cuestión que se llama empatía humana y social. Vivo una vida de privilegios, sin duda, ustedes me la regalan, thank you (gracias). Pero a mis hijos trato de hacerles entender que yo tenía una zapatilla al año. (...) Cuiden estos dos a pesar que le puedo comprar 30. Se trata de cuidar lo que tienes, entender el valor de las cosas es muy importante. Hubo momentos en casa que, de repente, teníamos dos huevos en la heladera y me decían: ‘Prepara un omelette o unos huevos revueltos, es lo único que hay’. Trabajaba en la estación de servicio, sé lo que es limpiar baños. Nada que millones de personas no han hecho, no me considero ‘wow, pobre de mí’. De hecho, valoro cada momento que he vivido porque llegué a México con 600 dólares, una maleta y muchos sueños. Eso era todo lo que yo tenía y aquí estamos. Todo eso te hace ser una persona empática y aparte por las características de mis padres, siempre me criaron con esa sensibilidad.
La peor pérdida
―¿Repetirías todo el camino para ser quien eres?
Sí, no cambiaría nada. Lo único que cambiaría es que esté mi vieja (Liliana Rodríguez, su madre) acá porque es tan difícil de aceptarlo. Se fue tan pronto.
―¿No pudo saborear el éxito de tu carrera?
No. Ella se fue un mes antes del primer disco de oro de Sin Bandera. No alcanzó a ver ni la salida del disco. Fue un momento súper loco para mí. Mi vida cambió a nivel profesional, pero se había ido lo más importante. Fueron años difíciles. Fue en la semana del septiembre 11 del 2001, en la semana de las Torres Gemelas de Nueva York. Cuatro días antes, yo tenía las cenizas de mi madre. Yo decía qué está pasando en el mundo. Se fue mi mamá y se acabó todo para mí. Mi vida se derrumbó y las torres también. Fue algo simbólico.
―¿Se puede superar una muerte después de 21 años?
Lo acomodas, pero no se puede superar al cien por ciento, nunca. Ahorita que la mencionas, casi se me caen unas (lágrimas). Siempre la voy a extrañar.
―¿Aún tienes contacto con ella?
Sí, muchas veces me ha visitado en sueños, sobre todo en los primeros años. Sabe que estoy bien, entonces ya no aparece tanto. Pero una vez, en un sueño lúcido (despierto), me veo al espejo y me dice: ‘Hijo, no me extrañes, porque me ves cuando te miras en el espejo. Tú eres parte de mi cuerpo’.
















