Una isla formada por una erupción en 1963 se prohibió a los humanos con fines científicos, pero en 1969 encontraron allí una planta de tomate
El lugar es considerado un laboratorio natural, donde se observan diversas especies de plantas y colonias de aves que transforman el paisaje.

El 14 de noviembre de 1963, pescadores detectaron una columna de humo a 18 kilómetros del archipiélago Vestmann, al sur de Islandia. La actividad volcánica, iniciada bajo el mar, dio origen a la isla Surtsey. Para enero de 1964, alcanzaba 174 metros de altura y la erupción continuó hasta junio de 1967.
El lugar quedó protegido desde 1965 para evitar cualquier alteración humana y permitir que los científicos observaran cómo la vida colonizaba un territorio recién formado. Sin embargo, apareció una evidencia que no debía existir allí: un tomate de 15 centímetros, nacido a partir de excrementos humanos. El caso permaneció oculto durante décadas.

Surtsey emergió del mar durante las erupciones volcánicas ocurridas entre 1963 y 1967. Foto: Iceland Review
Un laboratorio natural exclusivo para los científicos
La protección continuó en 1974 y 2006. En 2008, la Unesco incorporó la isla al Patrimonio Mundial. Solo investigadores autorizados acceden para estudiar plantas, fauna, suelo y erosión sin alterar el ecosistema.
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La isla de Surgey se conserva prácticamente libre de intrusión humana. Foto: Volcanian
La primera planta vascular llegó en 1965: la roqueta de mar, transportada por las corrientes marinas. Una investigación de Magnússon y sus colegas, publicada en 2014 en Biogeosciences, registró 69 especies de plantas vasculares en Surtsey en 2013. De ellas, 59 seguían en la isla y 39 tenían poblaciones viables.
Las aves también cambiaron el paisaje. Las colonias de gaviotas comenzaron a establecerse hacia 1985 y llevaron nutrientes desde el mar hasta el terreno volcánico. Su área pasó de 0,03 hectáreas en 1988 a 6,6 en 1998 y 12,1 en 2012. En esos sectores, la vegetación sustituyó a la roca desnuda.
Un descubrimiento en 1969 que se mantuvo en secreto
En el verano de 1969, Ágúst H. Bjarnason, empleado de la Sociedad de Investigación de Surtsey, supervisaba el avance de las plantas cuando halló una especie que no debía estar allí. Bajo un saliente de lava encontró un ejemplar de tomate de 15 centímetros. Al retirar algunas piedras, descubrió un depósito de restos.
Bjarnason comprendió que una persona había defecado en ese lugar y que la planta había brotado a partir de los excrementos. Colocó todo en una bolsa de plástico y retiró los restos para evitar alterar el proceso natural. Según su propio relato, publicado en 2012, el caso se ocultó porque podía perjudicar la reputación del proyecto científico.
"De repente me di cuenta de lo que era. Alguien había hecho sus necesidades allí… y esta hermosa tomatera (Solanum lycopersicum), de 15 cm de altura, había crecido entre las heces. … Lo metí todo en una bolsa de plástico y la cerré bien. Me aseguré de no dejar nada para no alterar el asentamiento natural de las plantas", reveló.
Una isla que se hunde bajo los pies de la ciencia
La erosión también modifica Surtsey. Según las mediciones publicadas en 2020, la superficie había quedado en 1,2 km² en 2019. En algunos puntos, la costa retrocedió hasta 720 metros. Más de la mitad del territorio desapareció bajo el Atlántico.
Los campos de lava sufren una erosión mayor, mientras que el núcleo de toba volcánica presenta una resistencia superior. Una proyección formulada en 2000 estima que, dentro de unos cien años, podría quedar un núcleo de unos 0,39 km², capaz de resistir durante varios siglos.





































